Feijóo, el sucesor de Fraga que cosió el partido en Galicia y que asume el reto de una nueva «refundación» del PP

Dejó pasar el tren en 2018, pero una crisis interna sin precedentes en el PP, con el AVE con la Meseta recién estrenado, llevará a Génova 13 a Alberto Núñez Feijóo (Os Peares –Ourense–, 1961). Él, que tantas veces proclamó «Galicia, Galicia, Galicia» y se definió como «militante» de su tierra, optará ahora a tomar los mandos de un partido que ha estallado tras el enfrentamiento entre la dirección de Pablo Casado y la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.

El ‘barón’ más fuerte, que emuló el éxito de Manuel Fraga con cuatro mayorías absolutas consecutivas en Galicia, ha dado por fin la razón a corrillos y ‘quinielas’ y ha confirmado que da un paso adelante, «aclamado» por las principales voces del partido. Le espera un escenario de fragmentación política y con la derecha más ‘ideologizada’ en la órbita de Vox, formación a la que las encuestas ven en alza, sobre todo tras la detonación popular.

Hay que remontarse a 1979 para recordar el descalabro electoral que llevó a Fraga a la Presidencia de Alianza Popular. En 1989, AP dio paso al PP y amplió su espectro ideológico, para que poco después, en 1990, Fraga dejase el partido en manos de Aznar, acompañando la llave de Génova de la famosa proclama «ni tutelas ni tutías». Una nueva refundación, para muchos la tercera del partido, espera ahora al gallego.

De ahí que su entorno haya ido adelantando el argumento de que el PP es un partido clave en la alternancia en España y que, si el «jefe» –como le llama su equipo más próximo– vuelve a hacer su «magia» y logra frenar la sangría de Vox e, incluso, reunificar el centro derecha y tener opciones de recuperar La Moncloa, en los escenarios más optimistas, «valdrá la pena jugársela» en Galicia.

Y es que en el PPdeG existe confianza ciega en las opciones de Feijóo, cuyo olfato político no defrauda a los suyos desde que en 2006, con 44 años, sucedió a Fraga. Y en el PP también es ahora el deseado. El que ha logrado mantener su imagen de gestor, más afianzada si cabe durante la pandemia y que ni episodios como el de su relación con el contrabandista Marcial Dorado, plasmada en unas fotos publicadas por el diario ‘El País’ en 2013, han logrado empañar.

Pero desde Galicia también se es consciente de que la política madrileña también tiene unas características propias y algunos populares se preguntan si Feijóo será capaz de hacerse con el partido y coserlo como en su día logró en la autonomía, donde sus logros son incuestionables, aunque nunca podrá ya, previsiblemente, ‘ser’ Fraga, quien dirigió la Xunta durante casi 16 años. Pero sí pasará a la historia como el primer presidente que deja la Xunta voluntariamente.

EL PARTIDO COSIDO EN GALICIA

Si toma sus riendas en el congreso que se celebrará en Sevilla los días 1 y 2 de abril, Feijóo será, tras Fraga y Rajoy, el tercer líder del PP procedente de Galicia. Para quienes no ponen en duda sus posibilidades, además de la broma de que «no hay más que ver lo que pasa en el PP cuando no lo dirige un gallego», hay que echar la vista atrás y fijarse en sus ‘orígenes’ para «comprender lo que puede hacer».

De la mano de Fraga regresó en su día a Galicia después de la caída de Xosé Cuíña, eterno ‘delfín’ del de Vilalba, cuando en su carrera política se cruzó el ‘Prestige’. Superó aquella primera carrera sucesoria gallega en la que partía con tres rivales y, aunque fue un congreso al uso del PP, a él le gusta decir que venció «en unas primarias». Está por ver si ahora hay más candidaturas.

Formalmente, este licenciado en Derecho que se ha esforzado en cultivar una imagen de tecnócrata afianzada por su paso por el Insalud y Correos, llevaba pocos años afiliado al PP cuando tomó las riendas del partido en Galicia. Pero su carrera en la Administración había empezado mucho antes bajo mandatos populares, a principios de los 90, cuando de funcionario raso pasó a ocupar cargos intermedios en la Xunta.

Su impulsor, primero en Galicia (como conselleiro de Agricultura y Sanidade) y después en Madrid (como ministro de Sanidad), fue José Manuel Romay Beccaría, uno de los referentes en su día del PP del ‘birrete’, y quien le reconoció como «hijo político», en julio de 2017, al recoger la Medalla de Oro de Galicia, la máxima distinción que concede el Gobierno autonómico y con la que Feijóo le había galardonado.

¿UNA GESTA REEDITABLE?

Pero, al margen de mentores, con un equipo reducido y de máxima confianza, en el que el vicepresidente primero de la Xunta, Alfonso Rueda, ahora visto como su ‘delfín’, era entonces número dos, y en el que la secretaria de Medios de la Xunta, Mar Sánchez, emerge como figura clave, Feijóo demostró su habilidad política desde el minuto uno: se hizo con el partido, lo cosió y recuperó en 2009 la Xunta que, cuatro años antes, PSdeG y BNG habían arrebatado a un Fraga en sus horas más bajas.

Lo logró al primer intento contra todo pronóstico, poco más de tres años después de haber tomado las riendas del partido. Con él al frente, atrás quedaron ‘baronías’ provinciales y luchas de ‘boinas’ contra ‘birretes’. Dieciséis años de hiperliderazgo después, en cualquier corrillo con dirigentes populares se admiten incertidumbres ante su marcha.

Pero él ha dicho que su sucesión será «más fácil» que la de Fraga y en el PP gallego confían en que la proximidad de las municipales obligará a cerrar filas, incluso en territorio ourensano, dado que hay quien considera que el presidente provincial, Manuel Baltar, se precipitó en 2018 y enseñó demasiado pronto sus cartas al dar por hecha la partida de Feijóo. Ahora, no son pocos los que subrayan que, con la Diputación de Ourense colgando de un hilo, lo que más le conviene es esperar.

Pero lo cierto es que el contrapunto del ‘baltarismo’ procede de la única derrota interna del líder del PP gallego, quien de forma implícita apoyó en su día al candidato alternativo a Manuel Baltar, hijo del histórico ‘barón’ ourensano. Pasó página y convive ahora con el heredero del partido y de la Diputación, que ganó aquella batalla, y que admitió públicamente que hace cuatro años se planteó asumir «otras responsabilidades».

EL «CURRÍCULUM» DEL ‘BUEN GESTOR’

Desde que entró en la Xunta en 2009 y con más fuerza si cabe durante la gestión frente al coronavirus, en la que ha confrontado duramente contra el Gobierno de Sánchez, ha recurrido a la capacidad de gestión y a su experiencia como caballo de batalla. Así consiguió su cuarta mayoría absoluta en el verano de 2020, ya con una pandemia que ha marcado los últimos dos años.

Lejanas ya algunas fotos de su biografía, como la de la manguera apagando un incendio en 2006, años después de dejar atrás la gomina y de reivindicarse como ‘rapaz de aldea’, el vecino más famoso de Os Peares, cuya presencia en Madrid nunca ha cesado, buscará emprender el camino de vuelta sin ocultar sus galones.

A Feijóo le gusta presentarse como hombre de Estado en Galicia y abordar desde ese papel asuntos como el conflicto catalán; y ha actuado como un dirigente moderado que huye de radicalismos –aunque sus rivales recuerdan que llegó a la Xunta tras una dura oposición y secundando una campaña en la que se acusaba al entonces Gobierno de «imponer» el gallego en la enseñanza–.

Pero ha sabido adaptar su relato y marcar distancias con el ala más dura y conservadora de Génova. Está por ver cuál es su estrategia ahora para contener a Vox y sobrevuela la coyuntura de Castilla y León como primer examen. El dato que esgrimen los suyos es que ni Vox ni Cs se sientan en la Cámara autonómica.

Su entorno ha negado siempre que tuviese la ambición de dar el salto a la política estatal. Lo siguen negando, pero ahora «no queda más remedio». Reivindicó su lealtad a Rajoy y dijo que no sería «un Judas». Lo mismo hizo con Casado, a quien apoyó de forma interpuesta. Fue su aliento en la batalla sucesoria de Rajoy, propició su caída apoyando a Ayuso y ahora será su heredero.