Guillermo Martín, farmacéutico: «el Tramadol está clasificado como un opiáceo débil que se utiliza en el dolor leve o moderado»

El tramadol es un medicamento del que muchas personas han escuchado y que tal vez muchas personas han tomado, pero que lo han hecho sin conocerlo de todo. El farmacéutico Guillermo Martín nos explica que, aunque esté clasificado como un opiáceo débil, su uso exige información, prudencia y un seguimiento que evite algunos riesgos innecesarios, porque sí, su uso puede traer graves consecuencias.

El tramadol se ha convertido en uno de esos medicamentos que, aun siendo comunes en consultas y farmacias, generan tantas dudas como certezas. Su uso para tratar el dolor es habitual, pero su mecanismo de acción, sus límites y las precauciones que requiere no siempre están del todo claros para quienes lo toman. Al final, como ocurre con muchos analgésicos opioides, la clave está en conocer qué hace exactamente en el organismo y por qué los expertos insisten tanto en un uso responsable.

En España, el tramadol forma parte de ese grupo de fármacos que se recetan con frecuencia cuando otros analgésicos no funcionan. Y aun así, el debate que lo rodea no deja de crecer, sobre todo desde que profesionales como el farmacéutico Guillermo Martín han empezado a explicar en redes sociales cuál es su papel real en el tratamiento del dolor, pero también cuáles son los riesgos de utilizarlo sin la información necesaria.

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Los efectos secundarios y el riesgo que puede traer este medicamento

“Puede generar mareos”. Fuente: Freepik

En lo que respecta a los efectos secundarios, el tramadol suele provocar mareos en las primeras dosis, aunque lo habitual es que desaparezcan a medida que el cuerpo se adapta, y también puede causar sequedad de boca, sudoración o estreñimiento, molestias conocidas por los profesionales pero que conviene tener en cuenta para no alarmarse innecesariamente.

La sobredosis, aunque es algo poco común, no es imposible. Tal como explica Martín, los síntomas más característicos son la miosis, las convulsiones y una depresión respiratoria que, en casos extremos, podría desembocar en una parada cardiorrespiratoria. No se trata de generar miedo, sino de entender que el tramadol, como cualquier opioide, requiere responsabilidad tanto por parte de quien lo prescribe como de quien lo toma.

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