Un informe oficial de la Guardia Civil sobre la investigación y análisis de un accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba) en enero de 2026, recoge las primeras imágenes grabadas en vídeo del interior de los trenes. En su informe para el juzgado de Montoro la Guardia Civil ha concluido que no existieron anomalías previas en el interior de los trenes antes del accidente que se cobró 46 víctimas mortales y cientos de heridos y atribuyen el suceso a la rotura de un carril.

Los agentes explicaron a la juez instructora de Montoro que no podían acceder a ciertos datos guardados en un USB de ambos trenes siniestrados por falta de software y conocimientos técnicos. Sin embargo, la empresa Hasler Rail, sí pudo acceder a ellos en presencia del Letrado de la Administración de Justicia (LAJ) del Tribunal de Primera Instancia 24 de Madrid.

Las fuentes recopiladas por los agentes fueron los registros JRU, audio de cabina, vídeos CCTV, eventos de enclavamiento, mediciones LIDAR, planos, manuales, y otros y se consideraron ejes de referencia específicos para los trenes Iryo y Alvia.
Los agentes explican a la juez que «se identifican desfases de 4 segundos entre eventos del enclavamiento y registros JRU del tren Iryo, y de 2 segundos en el tren Alvia» y además «se determinan las posiciones de los trenes en momentos clave, con precisión en kilómetros y tiempos».

Los guardias civiles analizaron vídeos y registros de cámaras CCTV, con detalles sobre la ubicación y funcionamiento de las cámaras e incluyeron capturas de esos vídeos en su informe., donde se describen eventos relevantes en la secuencia del accidente, incluyendo ocupación de circuitos, movimientos, impactos, fallos y alarmas en los trenes.

Los agentes pudieron verificar, gracias a las cajas negras de ambos trenes que el Alvia de Renfe llegó a alcanzar 217 km/h y 215 km/h en el Iryo antes del impacto. Los registros también demuestran el descarrilamiento, el impacto y los movimientos laterales y verticales de los coches.
«En las imágenes del coche 8, a la altura de las filas de asientos 3 y 4 del lado D (entrevía) se aprecian lo que parece esquirlas incandescentes a través de las ventanas, presumiblemente procedentes del roce entre las ruedas descarriladas y las partes metálicas de la infraestructura. Posteriormente se aprecian las mismas esquirlas en lado A (exterior de la vía) a la altura de la ventana de la fila 2 de asientos», recoge el citado informe.

Los agentes concluyen diciendo que no hay anomalías previas al momento del impacto, atribuyendo el accidente a una rotura de carril en el PK 318.681 y que el tren Iryo circulaba a una velocidad de 207 km/h cuando descarriló.
