EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Brent ha superado los 126 dólares por barril, máximo desde marzo de 2022, ante el riesgo de bloqueo del estrecho de Ormuz por Irán.
- ¿Quién está detrás? La escalada militar entre Estados Unidos e Irán en el Golfo Pérsico, con la guerra de Oriente Próximo de fondo y la advertencia formal del Banco Mundial.
- ¿Qué impacto tiene? Shock energético global con presión inflacionaria sobre la zona euro y revisión a la baja del crecimiento europeo en 2026.
El precio del petróleo Brent ha cerrado este miércoles en 126,40 dólares por barril, su nivel más alto desde marzo de 2022, en plena escalada entre Estados Unidos e Irán. La barrera psicológica de los 125 dólares ha caído en menos de 48 horas, con el mercado descontando un cierre parcial del estrecho de Ormuz. La price action es contundente.
El Banco Mundial ha activado la alerta. En su informe Commodity Markets Outlook, la institución advierte de un potencial shock energético equivalente al de 1979, con escenarios que llevarían el barril por encima de los 150 dólares si el conflicto se enquista. La advertencia llega cuando el mercado ya descuenta lo peor.
Ormuz, el cuello de botella que mueve el tablero
Por el estrecho de Ormuz transitan cada día entre 17 y 21 millones de barriles, según los registros de la Agencia Internacional de la Energía. Eso supone aproximadamente el 20% del suministro mundial de crudo y el 25% del comercio global de gas natural licuado. No hay rutas alternativas reales: los oleoductos saudíes y emiratíes que esquivan el estrecho apenas absorben 6,5 millones de barriles diarios.
La amenaza iraní no es nueva, pero esta vez incluye despliegue real. El IRGC (Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica) ha movilizado lanchas rápidas, minas navales y baterías de misiles antibuque Noor en las islas Abu Musa y Tunb. La V Flota estadounidense, con base en Baréin, ha respondido reforzando la presencia con dos grupos de portaaviones, el USS Gerald R. Ford y el USS Dwight D. Eisenhower. El frente está montado.
Cabe recordar que en la Tanker War de 1987-1988, durante la guerra Irán-Irak, el cierre intermitente de rutas en el Golfo disparó el Brent un 38% en seis semanas. La diferencia es que entonces la economía mundial dependía menos del crudo del Golfo. Hoy, China importa por Ormuz cerca del 47% de su petróleo. Una interrupción de tres semanas reduciría el PIB chino entre 1,5 y 2 puntos, según las estimaciones que maneja el FMI.
El Banco Mundial dibuja el peor escenario
La institución contempla tres escenarios. En el central, el Brent se estabiliza entre 110 y 120 dólares durante el segundo semestre de 2026. En el adverso, supera los 150 si Irán cierra Ormuz al menos diez días. En el extremo, alcanza los 170 con cierre prolongado y daños en infraestructura saudí. El shock superaría en términos relativos al de 1973 y al de 2008, según la nota técnica difundida esta semana.

El impacto inflacionario es directo. Cada 10 dólares adicionales en el barril añaden entre 0,3 y 0,5 puntos al IPC de la zona euro a seis meses, de acuerdo con los modelos del Banco Central Europeo. España, con dependencia energética del 73% según datos de Eurostat para 2025, está especialmente expuesta. La factura energética nacional podría crecer en 14.000 millones de euros anuales si el Brent se estabiliza en 130.
Y hay un segundo frente. El gas natural licuado catarí, que representa el 22% de las importaciones españolas de GNL, también pasa por Ormuz. Una interrupción obligaría a Enagás a recurrir al GNL estadounidense y argelino, con sobrecoste estimado del 35-40% sobre los precios actuales del mercado spot.
Equilibrio de Poder
Lo que observamos en este episodio es un cambio de doctrina silencioso. La administración Trump, que prometió desentenderse de Oriente Próximo para concentrar recursos en el Indo-Pacífico, se encuentra otra vez anclada al Golfo. La paradoja es estratégica: Washington necesita contener a Irán para no perder credibilidad ante Israel y Arabia Saudí, pero cada barco extra en el Golfo es un barco menos frente a China en el mar de la China Meridional. Trump no quería esta guerra, pero la guerra no le pregunta.
Moscú juega su partida. El Kremlin se beneficia doblemente: de los precios altos del crudo (los Urales cotizan ya por encima del techo de 60 dólares fijado por el G7) y de la distracción occidental respecto al frente ucraniano. Según los datos de SIPRI, los ingresos energéticos rusos podrían crecer un 28% en 2026 si el Brent se mantiene sobre los 115 dólares. Es un balón de oxígeno fiscal para una economía rusa que entra en su quinto año de guerra.
Bruselas ya está moviendo ficha. La Comisión Europea ha activado consultas con la AIE para una eventual liberación coordinada de reservas estratégicas, y se baraja un Consejo Europeo extraordinario en mayo. Para España, las consecuencias son tangibles: presión sobre Moncloa para acelerar el almacenamiento subterráneo de gas, revisión del bono social eléctrico y, sobre todo, complicación del cuadro macro que el Gobierno presentó al Eurogrupo. La economía española estaba creciendo por encima de la media. Ese diferencial se evapora si el barril se queda en 125 hasta otoño.
Cada dólar que sube el Brent por Ormuz es un dólar que paga el contribuyente europeo, un euro que ingresa el Kremlin y un punto de PIB que China deja de crecer.
El frente sur español también entra en la ecuación. Argelia, principal proveedor de gas a través del Medgaz, observa la crisis con doble interés: subida de ingresos por contratos indexados al Brent y oportunidad geopolítica para reposicionarse frente a Marruecos. La concentración energética en el Magreb es ya un riesgo de seguridad nacional reconocido por el Ministerio de Defensa en su última Directiva. La cumbre OTAN prevista para junio en Vilna tendrá la seguridad energética como punto destacado, y España llegará con la frontera sur expuesta y la factura disparada.
El próximo hito es el informe mensual de la AIE de mediados de mayo. Si los inventarios estratégicos de la OCDE caen por debajo de los 90 días de consumo, el escenario adverso del Banco Mundial dejará de ser hipótesis. Hasta entonces, el mercado vivirá pendiente de cada movimiento en el Golfo. Y de cada tweet desde Washington.

