Illa y ERC pactan los presupuestos con más inversión en Educación para frenar la huelga de profesores

El Govern y ERC ultiman las cuentas para 2026 con un refuerzo de las partidas educativas que busca desactivar la presión sindical. El anuncio se espera tras las elecciones andaluzas, con el objetivo de sacar adelante la ley antes del verano y garantizar la paz social en las aulas

El Govern de Salvador Illa y ERC han sellado los mimbres del primer presupuesto de la legislatura, una operación que sitúa la Educación en el centro para desactivar la amenaza de huelga de los docentes. Según ha avanzado Crónica Global y ha podido confirmar Moncloa.com de fuentes parlamentarias, el acuerdo está prácticamente cerrado a falta de algunos flecos y prevé un refuerzo notable de las partidas educativas. El objetivo es claro: desactivar la protesta de USTEC, el sindicato mayoritario en la enseñanza pública, que mantiene viva la convocatoria de paros para las próximas semanas.

La educación como moneda de cambio para la paz social

La negociación presupuestaria ha sido, en realidad, una partida a dos bandas. Por un lado, Illa necesitaba un socio estable para sacar adelante las cuentas; por otro, ERC condicionaba su apoyo a un gesto contundente en un ámbito que consideran estratégico. Las partidas para personal docente y mejora de infraestructuras escolares, según las mismas fuentes, subirán entre un 8% y un 12% respecto al presupuesto prorrogado de 2025, una cifra que podría superar los 500 millones de euros adicionales.

Ese desembolso se traduce en recursos para cumplir la promesa de reducir ratios, reforzar la plantilla de orientadores y acelerar la renovación de centros con problemas estructurales. En paralelo, el Govern se comprometería a abrir una mesa de diálogo con los sindicatos para redefinir el calendario escolar, una vieja reivindicación de USTEC. En palabras de un negociador, ‘el presupuesto es el ancla; sin él, la huelga era inevitable’.

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El calendario: después del 25M, antes del verano

El anuncio oficial no será inmediato. Las partes esperan presentar el proyecto de ley tras las elecciones andaluzas, que se celebran este mismo mes. La estrategia es doble: evitar que el ruido de la campaña contamine el pacto y, sobre todo, encajar la aprobación definitiva en el actual período de sesiones del Parlament. Si no se retrasa, la tramitación podría completarse antes del paréntesis estival, lo que daría al Govern un respiro político de varios meses.

Eso sí, el calendario es ajustado. Fuentes del Departament d’Economia consultadas por este medio admiten que el documento debe registrarse en la cámara a principios de junio para cumplir los plazos. Cualquier dilación obligaría a un pleno extraordinario en julio, con el riesgo de que las tensiones de última hora descarrilen el acuerdo. De hecho, las conversaciones se intensificaron en los últimos días para cerrar los números antes del fin de semana.

El acuerdo presupuestario no solo compra paz social en las aulas; blinda la legislatura de Illa hasta, al menos, el otoño.

El movimiento tiene también una lectura parlamentaria. Con el apoyo de ERC y una abstención pactada con los Comuns, los números del Govern mejoran sin necesidad de abrir nuevas negociaciones con Junts, que sigue en una ambigua oposición. La mayoría de la investidura se reconstruye, puntualmente, alrededor de 68 votos, suficientes para aprobar las cuentas sin sobresaltos.

El precedente de 2024 y la sombra de la financiación singular

No es la primera vez que un Govern socialista utiliza la educación como llave presupuestaria. En 2024, el ejecutivo de Pere Aragonès ya intentó un pacto similar con los sindicatos, pero el choque con la consejera de entonces, Josep González-Cambray, hizo descarrilar el acuerdo. Aquel desencuentro dejó heridas que USTEC no ha olvidado y explica en parte la actual desconfianza. Ahora, Illa apuesta por una estrategia distinta: negociar directamente con ERC, renunciando a imponer un perfil técnico al frente de la conselleria.

Sin embargo, lo que se juega ahora va más allá de las aulas. El pacto presupuestario es la primera prueba de fuego para el modelo de financiación singular que ERC persigue y que Illa ha matizado en las últimas semanas. Si las cuentas se aprueban sin que el Govern central haya movido ficha en la reforma del sistema, los republicanos tendrán que explicar por qué han cedido sin contrapartida. En Moncloa, mientras tanto, observan con cautela: una legislatura catalana estable facilita la gobernabilidad en Madrid, pero un éxito de Illa con ERC podría fortalecer a los republicanos de cara a unas generales.

El próximo pleno del Parlament, previsto para la tercera semana de junio, será el termómetro definitivo. Si el proyecto llega con los votos atados, Illa habrá logrado su primer gran éxito como president. Si no, la huelga educativa y la inestabilidad volverán a la primera línea política catalana.

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