Encontrar un supermercado con aparcamiento cómodo y secciones de producto fresco de calidad en Barcelona era, hasta hace muy poco, un pequeño drama cotidiano. El nuevo hipermercado Esclat de la calle Riera Blanca ha llegado para poner fin a ese sufrimiento silencioso. Yo, que he dado más vueltas de las que quisiera buscando dónde dejar el coche para hacer una compra decente, sé de lo que hablo. Por fin alguien ha pensado en el comprador que no quiere resignarse a la lata ni a la prisa. Porque este Esclat no solo trae pasillos anchos y buena luz: resuelve el problema más sangrante de la compra en la gran ciudad, un aparcamiento propio y, además, con enchufe para el coche eléctrico.
Detrás está el grupo Bonpreu i Esclat, que hasta ahora solo operaba en la capital catalana con supermercados Bonpreu, de menor tamaño. El salto al formato hipermercado se produce en un momento en que muchos apuestan por la tienda de proximidad. Pero ellos han preferido ir a lo grande… y a lo práctico.
El secreto del éxito
- Aparcamiento con recarga: un parking propio con puntos de recarga para vehículos eléctricos. Sin milagros ni atajos: entras, enchufas y compras mientras el coche se carga.
- 2.000 m² de sala de ventas que no agobian: espacio suficiente para encontrar todo lo necesario sin perder una mañana entera.
- Productos frescos con horno de cocción: la pescadería incluye un horno donde te preparan el pescado al momento. La panadería trabaja con masas de larga fermentación, no con panes congelados.
Un paseo por las secciones del nuevo Esclat
El local, situado en el número 123 de la calle Riera Blanca, en el distrito de Sants-Montjuïc, muy cerca del límite con L’Hospitalet, ocupa un edificio de casi 8.000 metros cuadrados repartidos en dos plantas. Abajo, el aparcamiento; arriba, la experiencia de compra. Nada más cruzar la puerta, un olor a pan recién horneado y a bollería te recibe y te guía hacia la panadería, donde largas barras de payés y chapata comparten espacio con una selección de pastas tradicionales. La pescadería, por su parte, presume de horno de cocción: eliges el pescado, te lo cocinan al momento y te lo llevas listo para la mesa. A su lado, la charcutería exhibe quesos catalanes de pequeño productor y embutidos de proximidad, y la pollería ofrece piezas enteras y despieces con la etiqueta de origen bien visible. Pero Esclat no solo quiere que llenes la nevera: también hay una zona amplia de droguería, perfumería, bazar y hasta una pequeña parafarmacia. Y para los que van con niños, una zona de juegos que salva la visita y convierte la compra en un plan familiar soportable.
Movilidad eléctrica y una expansión de 165 millones
Los puntos de recarga no son un guiño cosmético. Bonpreu, con su red de gasolineras EsclatOil, entiende que la movilidad eléctrica avanza y que los minutos de estacionamiento son minutos de carga útil. En una ciudad donde aparcar cuesta un riñón, poder dejar el coche en un parking propio mientras el depósito eléctrico se llena es casi un lujo. Esta apertura es una pieza más de un ambicioso plan de inversión de 165 millones de euros en 2026, que incluye 13 nuevos establecimientos en Catalunya. Una parte importante del presupuesto se destina a robustecer la logística: una nueva plataforma en Montblanc y la automatización del almacén de Parets del Vallès —la antigua fábrica de Danone—, de la mano de la tecnológica británica Ocado. Con una facturación prevista de 2.600 millones de euros en 2025 y un crecimiento del 8,3%, el grupo catalán demuestra que el formato hipermercado, si se adapta a la ciudad, no está muerto: simplemente estaba esperando a que alguien le pusiera un enchufe. Mientras los operadores de centro comercial reducen metros, Bonpreu apuesta por la experiencia presencial con argumentos sólidos: parking, producto fresco y tecnología.
Variaciones y maridaje
¿Le encaja este formato a todo el mundo? A los urbanitas con coche eléctrico, desde luego. A las familias que quieren resolver la compra semanal en un solo sitio sin renunciar a la calidad, también. Incluso a los gastrónomos de barrio que buscan un pescado recién hecho sin encender el horno en casa: la pescadería te lo entrega cocinado y listo. Y hablando de horno, el maridaje comienza en el pasillo. Con un buen pan de la panadería y una bandeja de quesos de la charcutería, solo te queda abrir un cava bien frío. Nosotros apostaríamos por un brut nature del Penedès, porque con el pescado al horno que te llevas a casa forma un tándem imbatible. Al fin y al cabo, una compra de 2.000 metros cuadrados merece un brindis. En un barrio como Sants, acostumbrado a la tienda de proximidad, la irrupción del Esclat es toda una declaración de intenciones.
