EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Israel ha desplegado una base secreta en el oeste de Irak, cerca de la frontera con Jordania, para apoyar ataques aéreos sobre Irán, según reveló el Wall Street Journal este fin de semana.
- ¿Quién está detrás? Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), que atacaron con drones a una patrulla iraquí que descubrió la instalación, causando la muerte de un soldado.
- ¿Qué impacto tiene? La crisis desestabiliza Irak, erosiona la posición de Estados Unidos en el país y amenaza con extender el conflicto a todo el Mediterráneo oriental, con consecuencias directas para la seguridad energética y militar de España.
La existencia de una base militar israelí encubierta en pleno desierto iraquí ha quedado al descubierto este fin de semana, según una investigación del Wall Street Journal que ha hecho saltar todas las alarmas en Oriente Próximo. Las Fuerzas de Defensa de Israel habrían utilizado la instalación, situada en la provincia de Al-Anbar al oeste del país, como plataforma de proyección aérea hacia Irán: desde reabastecimiento de cazas F-35 Adir hasta lanzamiento de drones armados. La filtración no solo compromete la doctrina de negación plausible que Tel Aviv practica desde hace décadas, sino que abre una crisis diplomática de primera magnitud entre Bagdad, Washington y Teherán.
El rotativo estadounidense detalla que tropas iraquíes detectaron el asentamiento a principios de año. Cuando intentaron investigarlo, drones israelíes atacaron a la patrulla, matando a un militar iraquí. El incidente se mantuvo en secreto hasta ahora, pero la publicación del WSJ fuerza a todas las partes a salir de la sombra.
Una base en Al-Anbar para esquivar las defensas antiaéreas iraníes
La elección del desierto occidental iraquí tiene una lógica militar inmediata. Operar desde Al-Anbar reduce la distancia a los objetivos sensibles en el interior de Irán —como las instalaciones nucleares de Natanz y Fordo o las plantas de misiles de Isfahán— frente a los vuelos que parten desde la base de Nevatim, en el sur de Israel. La nueva posición permite a los F-35 Adir israelíes alargar su alcance sin necesidad de reabastecedores en vuelo que serían fácilmente detectables por los radares rusos que protegen el espacio aéreo iraní. Además, la base facilita la operación continuada de drones de inteligencia y ataque —modelos Eitan o Heron TP—, capaces de merodear sobre el golfo Pérsico durante más de treinta horas. Todo ello, bajo el manto de una región escasamente poblada y con una débil presencia del Estado iraquí.
Fuentes de inteligencia occidentales consultadas por Moncloa.com subrayan el patrón israelí: actuar en la zona gris hasta que la realidad operativa se impone. Ya ocurrió en Siria durante años, con ataques a convoyes de Hezbolá que nadie confirmaba oficialmente, hasta que la intensidad de la campaña obligó a reconocer la operación ‘Entre Guerras’. Ahora Irak se convierte en el nuevo patio trasero de una guerra aérea sin declaración previa contra Irán.
Bagdad denuncia violación de soberanía y Teherán advierte

La reacción del gobierno iraquí no se ha hecho esperar. El primer ministro Mohamed Shia al-Sudani ha calificado la base clandestina como una “violación flagrante de la integridad territorial iraquí” y ha exigido explicaciones tanto a Tel Aviv como a Washington, cuyo paraguas de seguridad sigue cobijando a las Fuerzas de Movilización Popular, milicias chiíes proiraníes que el Pentágono considera una amenaza directa. La nota verbal transmitida al embajador estadounidense en Bagdad incluye la amenaza velada de revisar el Acuerdo Marco Estratégico que sostiene la presencia militar norteamericana en el país desde 2008.
Mientras, Teherán ha lanzado su propia advertencia. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní declaró que “la agresión israelí en suelo iraquí no quedará sin respuesta” y recordó que las bases estadounidenses en la región —desde Al-Udeid en Catar hasta Al-Dhafra en Emiratos— están al alcance de los misiles balísticos del Cuerpo de Guardianes de la Revolución. La escalada retórica apunta, de nuevo, al eterno dilema: cualquier represalia iraní sobre intereses occidentales en Irak arrastrará a Estados Unidos a un conflicto que la Administración Trump quiere evitar.
Equilibrio de Poder
La exposición de la base israelí en Al-Anbar resquebraja el frágil equilibrio que mantenía Irak como espacio de contención entre las ambiciones de Teherán y la disuasión occidental. Si la Casa Blanca conocía la operación —y fuentes del Pentágono citadas por el WSJ apuntan a que al menos la inteligencia estadounidense monitorizó los vuelos sin interferir—, la posición de Washington en Bagdad se vuelve insostenible. El gobierno iraquí depende de los votos de las milicias proiraníes para sostener su mayoría parlamentaria, y la revelación de una connivencia tácita con Israel aceleraría la fractura del Ejecutivo y abriría la puerta a una nueva ofensiva armada contra las tropas norteamericanas.
Para la Unión Europea, y en particular para España, el hallazgo tiene lecturas múltiples. Las fuerzas españolas desplegadas en el contingente de la OTAN en Irak —dentro de la operación Inherent Resolve— se encuentran en Besmayah, a menos de 200 kilómetros de Bagdad. Cualquier represalia iraní o de sus proxies chiíes contra intereses occidentales en el país pondría en riesgo no solo al personal militar español, sino también a las instalaciones energéticas del sur iraquí, de las que depende parte del suministro de crudo que llega a las refinerías de Cartagena y Bilbao. Moncloa.com ha podido saber que el Centro Nacional de Inteligencia ha elevado una nota urgente al Ministerio de Defensa advirtiendo de una “ventana de riesgo elevada” durante las próximas 72 horas.
El precedente histórico más cercano es la Operación Ópera de 1981, cuando la aviación israelí destruyó el reactor nuclear iraquí de Osirak. Aquella acción, condenada unánimemente por el Consejo de Seguridad, convirtió a Israel en un actor capaz de golpear soberanías ajenas. Cuatro décadas después, la diferencia es que la base revelada no es un ataque puntual, sino una infraestructura permanente que evidencia una campaña sostenida contra Irán. La comparativa con la guerra aérea entre Rusia y Ucrania es inevitable: en ambos casos, el espacio aéreo de un tercer país se utiliza como trampolín sin que la comunidad internacional pueda articular una respuesta creíble.
Más allá de la condena diplomática, quedan preguntas que Moncloa.com seguirá de cerca. ¿Hasta qué punto llegó la colaboración de actores kurdos o suníes locales para habilitar la base? ¿Posee Israel otro asentamiento similar en el norte de Siria o en el Kurdistán iraquí? La próxima cumbre de la Liga Árabe, prevista para finales de mayo, será el primer termómetro del aislamiento árabe de Israel, justo cuando los Acuerdos de Abraham parecían consolidarse. Para España, la ecuación es cada vez más compleja: mantener la presencia en Irak y apoyar a sus aliados de la OTAN sin quedar atrapada en una escalada que ya no discurre bajo la mesa.
La filtración coloca a Occidente ante una disyuntiva incómoda: validar tácitamente la acción israelí o defender la soberanía iraquí a costa de enojar a Tel Aviv.
Observamos un patrón que se repite: cada vez que Israel actúa en la zona gris, la respuesta europea llega tarde, y la presión sobre Washington se duplica. El tablero de Oriente Próximo acaba de sumar una pieza más, y esta vez está plantada sobre la línea roja de un aliado formal de la OTAN. Las fuentes de defensa consultadas por esta redacción insisten en que, mientras no haya una condena explícita del Consejo de Seguridad —algo improbable dado el veto estadounidense—, la estrategia israelí encontrará pocos diques de contención. Mientras tanto, el reloj corre para las tropas españolas en Besmayah.
