Salvador Illa afronta la fase decisiva de los presupuestos catalanes de 2026 con ERC y los Comuns apretando desde sus respectivas líneas rojas. El president necesita amarrar dos síes antes del verano para evitar que las cuentas, su primer gran test legislativo, acaben en un bloqueo que abocaría a un adelanto electoral. El calendario apremia y la coreografía entre el Palau de la Generalitat y sus socios de investidura se ha vuelto tensa.
Según informa El País, el equipo de Illa trabaja contrarreloj para cerrar en junio tanto el acuerdo de financiación singular que exige ERC como las medidas en vivienda que reclaman los Comuns. La hoja de ruta es ambiciosa: pasar el primer filtro del Consell Executiu antes del parón estival y llegar al pleno del Parlament en septiembre con los apoyos garantizados. Sin eso, la legislatura queda en el aire.
ERC mantiene que el pacto de investidura no se cumple si no hay un avance tangible en la recaptación del IRPF y otros tributos por parte de la Agencia Tributaria catalana. La cúpula de Oriol Junqueras, reforzada tras el congreso interno, quiere un documento concreto: fechas, cifras y garantías. Aunque desde la conselleria de Economia se apuntan acercamientos, fuentes parlamentarias consultadas por Moncloa.com reconocen que ninguna de las partes quiere ser la primera en mover ficha públicamente.
La presión no llega solo desde Esquerra. Los Comuns, que ya forzaron el frenazo a la ampliación del Aeroport Josep Tarradellas, vinculan su voto a la prórroga y ampliación de la moratoria de desahucios y a un endurecimiento del índice de referencia de alquileres en zonas tensionadas. El líder del grupo, Jéssica Albiach, ha reiterado que no aprobarán unas cuentas que no sitúen la emergencia habitacional en el centro. La negociación entró en en una fase decisiva tras la última reunión del Consell Executiu, donde Illa admitió que el plazo se agota.
El doble sí que Illa no puede aplazar
Lo que está en juego es mucho más que un presupuesto. El PSC gobierna en minoría con 42 diputados. Sin los 20 de ERC y los 8 de los Comuns, la aritmética se derrumba. Un fracaso presupuestario convertiría a Illa en un president débil y abriría la puerta a que Junts per Catalunya, que ya ha anunciado su voto en contra, capitalizara el desgaste de cara a las próximas autonómicas.
En el Palau insisten en que las conversaciones son fructíferas y que el acuerdo está al alcance de la mano. Sin embargo, la realidad es que ERC necesita mostrar resultados en financiación para justificar su apoyo, y los Comuns necesitan medidas sociales tangibles para no quedar eclipsados. Es una triangulación compleja que no admite más retrasos.
El presupuesto no es solo un equilibrio de cifras: es la prueba de que el tripartito informal que sostiene al Govern puede convertirse en una alianza estable.
El precedente de Aragonès y la lección para Illa
No hace falta mirar muy atrás para encontrar un anticipo de lo que podría ocurrir. Pere Aragonès perdió los presupuestos en 2024 al no lograr los apoyos del PSC y los Comuns, lo que precipitó el adelanto electoral que llevó a Illa a la presidencia. Aquel desenlace es hoy un recordatorio afilado en los pasillos del Parlament: sin cuentas, el reloj del fin de legislatura empieza a correr.
Fuentes de la conselleria de Economia evitan hablar de plazos muertos, pero asumen que si el Govern no logra cerrar el acuerdo antes del 15 de julio, la tramitación se complicaría hasta hacerla inviable. El calendario de la Generalitat está tan apretado que cualquier contratiempo sería letal.
Comparado con otras comunidades, Cataluña juega una partida única. Ni Madrid ni Andalucía necesitan tantos apoyos cruzados para aprobar sus cuentas. Illa depende de dos partidos que compiten entre sí por el mismo espacio ideológico y que no se fían el uno del otro. De ahí que la negociación sea, en palabras de un alto cargo del Govern, “un juego de malabares con tres pelotas que no pueden caer al suelo”.
La incógnita es saber qué cesiones está dispuesto a hacer Illa. Si cede demasiado en financiación, el PSC se expone a un coste electoral en el resto de España. Si no cede lo suficiente, ERC puede romper la baraja. Y si los Comuns se quedan sin su decreto estrella de vivienda, el bloque de izquierdas se resquebraja. No es solo una cuestión de supervivencia del Govern., sino de definir qué tipo de legislatura quiere Illa: una con perfil propio o una atrapada en el mercadeo parlamentario.
Se espera que antes de fin de mes haya una nueva ronda de contactos en el Palau. Mientras tanto, en las filas de Junts ya han encargado a sus gabinetes que preparen escenarios alternativos. La pelota está en el tejado de Illa.
Lo que observamos: una ventana que se cierra
En esta redacción, creemos que Illa necesita cerrar los presupuestos no solo para gobernar, sino para demostrar que su modelo de estabilidad funciona. Cada semana sin acuerdo erosiona su autoridad y da argumentos a los que niegan su capacidad de gestión. Si fracasa, el calendario político catalán volverá a acelerarse, y no hay garantías de que el PSC repitiese resultado en unas nuevas elecciones.
