Nunca más una cena aburrida: la tortilla de guisantes que se prepara en 7 minutos

Con un salteado rápido de guisantes y un toque de parmesano, esta tortilla francesa se convierte en una cena rápida, ligera y sabrosa. Lista en 7 minutos, es la solución para esas noches en las que el tiempo apremia.

Abres la nevera a las nueve de la noche y solo ves huevos, un trozo de queso y una bolsa de guisantes congelados. La cena se presenta aburrida y sin ideas, ¿verdad? A mí me ha pasado más de una vez, hasta que un día improvisé esta tortilla de guisantes y se convirtió en uno de esos platos de emergencia que acabas repitiendo incluso cuando no hay prisa.

El secreto del éxito

  • Guisantes rehogados, no crudos: Saltearlos un par de minutos en aceite caliente hace que suelten su dulzor natural y pierdan el agua que estropearía la textura de la tortilla. Saltarse este paso es la razón por la que muchas tortillas con verdura quedan aguanosas.
  • Un chorrito de leche marca la diferencia: Solo 15 ml de leche entera batidos con los huevos aportan esponjosidad y jugosidad. Sin pasarse, porque demasiado líquido impediría que cuaje bien.
  • Mantequilla, no aceite, para formar la tortilla: Ayuda a que los bordes se doren de forma pareja y da un sabor más redondo que el aceite. Si eres de los que temen que se pegue, usa una sartén antiadherente y fuego medio: la mantequilla no se quemará y la tortilla bailará sola.

Ingredientes

  • 4 huevos medianos
  • 50 g de guisantes (frescos o congelados; si son congelados, no hace falta descongelarlos)
  • 15 ml de leche entera (una cucharada sopera colmada)
  • 20 g de queso parmesano rallado en el momento
  • 15 g de mantequilla
  • Sal y pimienta al gusto
  • Un hilo de aceite de oliva para los guisantes

Calienta una sartén antiadherente con un hilo de aceite de oliva y saltea los guisantes a fuego vivo durante unos 2 minutos, removiendo hasta que pasen de un verde apagado a un brillo intenso. Sazona con una pizca de sal y pimienta y reserva fuera del fuego. Mientras, bate los huevos con la leche y una pizca de sal en un cuenco amplio; la leche ayuda a que la tortilla quede más tierna pero sin perder estructura. En la misma sartén, derrite la mantequilla a fuego medio. Cuando empiece a burbujear y su aroma recuerde a frutos secos, vierte los huevos batidos y sacude la sartén con suavidad para que se repartan. Deja que cuaje durante aproximadamente un minuto. Cuando la superficie empiece a verse cremosa pero con los bordes ya dorados —retira la sartén del fuego—, reparte los guisantes salteados y el parmesano por toda la superficie. Con una espátula, dobla la tortilla por la mitad, como si fuera un libro, y deslízala a un plato. Cómela enseguida, cuando el queso está fundido y los guisantes conservan un toque crujiente.

Variaciones y maridaje

Si quieres convertir esta tortilla en una cena redonda, acompáñala con una ensalada de hojas verdes aliñada con limón; el contraste ácido refresca el paladar. Para beber, un vino blanco joven de uva Verdejo o un Albariño con acidez media realza el dulzor de los guisantes sin enmascarar el queso. La receta ya es sin gluten de por sí, así que no tienes que hacer adaptaciones. Si te apetece una versión más contundente, añade un puñado de jamón serrano picado cuando saltees los guisantes. Y aunque la tortilla está mejor recién hecha, si sobra un trozo puedes guardarlo en la nevera —bien tapado— hasta el día siguiente y recalentarlo en una sartén con tapa a fuego bajo; nunca en el microondas, que la pondría gomosa. Para una opción incluso más rápida, usa guisantes congelados de bolsa y ten la mantequilla y el queso siempre a mano: en menos de 10 minutos tienes una cena sin excusas.

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