Turquía reúne a 50 países en el ejercicio militar EFES-2026 con Libia unificada y Siria debutante

Por primera vez, 502 soldados de las facciones libias del este y el oeste maniobran juntos en el extranjero. Siria envía 50 efectivos en su debut exterior. Ankara refuerza su rol de potencia regional.

Turquía ha cerrado esta semana el ejercicio combinado EFES-2026 con más de 10.000 efectivos de medio centenar de países y dos hitos que consolidan su aspiración de potencia militar regional: la primera participación conjunta de las dos facciones libias —este y oeste— bajo una misma bandera, y el debut de las fuerzas armadas de la nueva Siria más allá de su territorio. La lectura estratégica para el Mediterráneo oriental y el Magreb es inmediata.

Un despliegue masivo en el Egeo que sirve a la proyección turca

El EFES-2026, celebrado bajo el mando del Ejército del Egeo y con fase real a lo largo de la costa de Esmirna hasta el 21 de mayo, combinó un puesto de mando asistido por ordenador en abril con maniobras de fuego real en mayo. Participaron 10.000 efectivos de 50 naciones —entre ellas varios miembros de la OTAN y socios regionales—, lo que convierte este ejercicio en uno de los más ambiciosos de la historia de Ankara.

Las actividades incluyeron operaciones anfibias, tácticas de fuerzas especiales, buceo de combate, concienciación sobre minas y artefactos explosivos improvisados, y búsqueda y rescate en combate. La dimensión naval contó con la presencia de la patrullera libia Shafak, de clase Combattante II G, integrada en la fase marítima del ejercicio.

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Libia, pieza central de la ecuación, y Siria como nuevo actor

La delegación libia fue la más simbólica. 502 soldados —331 de las fuerzas del este y 171 del oeste— entrenaron codo con codo bajo la enseña unificada de Libia. Es la primera vez que ambas facciones rivales se despliegan conjuntamente en el exterior. Los responsables de defensa turcos lo presentaron como un paso tangible hacia el viejo objetivo de Ankara de «Un Ejército, una Libia», en medio de un programa de asesoramiento y reestructuración militar que Turquía mantiene en el país magrebí.

Siria, por su parte, envió a unos 50 militares de su recién reconstituido ejército, marcando su primera salida operativa fuera de su territorio. La participación, menor en número pero de alto voltaje diplomático, evidencia los lazos cada vez más estrechos entre Ankara y Damasco. Fuentes turcas han enmarcado la asistencia en el programa de entrenamiento y cooperación que el Ministerio de Defensa turco desarrolla también en suelo sirio.

Equilibrio de Poder

El EFES-2026 es mucho más que un ejercicio militar: es una declaración geopolítica. Ankara demuestra que puede articular coaliciones amplias que incluyen a países donde las potencias occidentales tienen escaso margen de maniobra. La reconciliación libia bajo paraguas turco avanza, con la participación de las dos facciones rivales, y la normalización con Siria se consolida. Para Washington, que observa desde lejos el Mediterráneo oriental, la ecuación es compleja: un socio incómodo en la OTAN que, sin embargo, garantiza estabilidad donde Estados Unidos no quiere o no puede intervenir directamente.

El EFES-2026 no es un ejercicio más: simboliza la capacidad de Ankara para movilizar aliados que Occidente no logra sentar en una misma mesa.

Para la Unión Europea, la expansión de la influencia turca en Libia añade una arista más a la ya tensa relación con Bruselas. Turquía se convierte en un actor indispensable para la seguridad en el flanco sur, pero también en un competidor directo en materia energética y de control de flujos migratorios. En Libia, la presencia militar turca y los acuerdos bilaterales de cooperación naval podrían dificultar los intereses de Chipre, Grecia y, por extensión, de la propia Comisión Europea.

España observa estos movimientos con interés estratégico. Nuestro país mantiene una relación ambivalente con Ankara: aliado en la OTAN, rival en determinados foros mediterráneos y, sobre todo, vecino de un Marruecos que ve con recelo el ascendiente turco sobre Argelia y el Sahel. La estabilidad de Libia afecta directamente a la lucha contra el tráfico de personas y el yihadismo en el Magreb, dos prioridades para el Ministerio de Defensa. La reunión de las facciones libias bajo la tutela turca podría acelerar un proceso de unificación que Europa no ha conseguido en una década. A largo plazo, si Ankara se erige en el garante de la seguridad libia, el papel de la Unión por el Mediterráneo y de las misiones europeas quedaría en entredicho.

El Kremlin, por su parte, no ignora la jugada. Moscú ha sido socio de las milicias del este libio y mantiene presencia en Siria. Ver a Ankara organizar el debut exterior del nuevo ejército sirio y juntar a las dos Libias bajo su bandera en el mismo ejercicio supone un desafío a la influencia rusa que no pasará desapercibido. Turquía, con este tipo de gestos, consolida una posición de interlocutor imprescindible en una región que tanto Rusia como Occidente compiten por controlar. La pregunta, con una década de perspectiva, es si Ankara logrará transformar la dependencia militar de sus vecinos en una arquitectura de seguridad durable, o si se trata de un espejismo táctico en un Mediterráneo cada vez más fragmentado.

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