EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Rubio ha cuestionado la relevancia de la OTAN después de que aliados europeos negaran bases a EE.UU. para la guerra con Irán, mientras Washington anuncia el despliegue de 5.000 soldados adicionales en Polonia.
- ¿Quién está detrás? El secretario de Estado Marco Rubio, con el respaldo del presidente Trump, y la decisión de reducir la huella militar en Alemania.
- ¿Qué impacto tiene? La fractura en la Alianza se agrava, con la próxima cumbre de Ankara (julio) como punto de inflexión; la credibilidad del paraguas de seguridad estadounidense en Europa queda en entredicho y España se ve obligada a recalcular su defensa y gasto militar.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha lanzado un cuestionamiento directo sobre la utilidad de la OTAN para Washington durante la reunión ministerial de Estocolmo. Tras un encuentro con sus homólogos europeos, Rubio puso en duda el valor de las bases aliadas —y de la propia Alianza— después de que varios gobiernos se negaran a ceder instalaciones para la Operación Epic Fury (Furia Épica), la guerra con Irán lanzada el 28 de febrero por Trump y Netanyahu.
«Uno de los argumentos que siempre esgrimí era que estas bases en la región nos proporcionaban opciones logísticas que de otro modo no tendríamos», declaró el jefe de la diplomacia estadounidense. «Pero cuando algunas de esas bases son rechazadas —durante un conflicto en el que estamos involucrados— uno se pregunta si ese valor sigue existiendo». Las palabras de Rubio, recogidas por Defense News, reflejan una tensión que llevaba semanas cocinándose en el Consejo Atlántico.
La negativa de aliados como Alemania, Francia o los Países Bajos a facilitar el tránsito o el acuartelamiento de fuerzas para la guerra iraní ha roto un consenso básico. Trump ya había sembrado la desconfianza en abril al calificar a la OTAN de «tigre de papel», y ahora su secretario de Estado la reviste de argumentos operativos. El desaire no es simbólico: sin acceso a bases en territorio aliado, el mando estadounidense ve limitada su capacidad de proyección en Oriente Próximo.
La fractura abierta por la guerra de Irán
La guerra contra Irán, iniciada sin consultar a los socios europeos, ha sido el detonante. Varios gobiernos aliados consideran que la operación es una aventura unilateral de Washington y Tel Aviv, y que no están obligados a implicarse. Para Trump, esto equivale a una traición. «Nunca me convenció la OTAN. Siempre supe que eran un tigre de papel», afirmó el presidente en abril, una frase que ahora resuena con más fuerza tras el desplante logístico.
Rubio insistió en en que el ajuste no busca castigar a los europeos. «No es algo punitivo», recalcó, señalando que la presencia militar estadounidense en Europa «se va a ajustar» de todos modos. Pero vinculó explícitamente la decepción de Trump con la ayuda denegada y subrayó que el tema «tendrá que abordarse» en la cumbre de líderes de la OTAN prevista para julio en Ankara.
La utilidad de la OTAN para Washington se mide por el acceso a bases — y cuando ese acceso se niega, el valor estratégico de la Alianza entra en números rojos.
El doble movimiento: repliegue en Alemania, refuerzo en Polonia

En paralelo, el Pentágono ha materializado un gesto contradictorio. Mientras anunciaba la retirada de 5.000 soldados de Alemania, Trump ordenó el despliegue inmediato de otros 5.000 efectivos en Polonia. Varsovia celebró la decisión; el ministro de Exteriores polaco, Radosław Sikorski, la calificó como «una señal clara del compromiso de Estados Unidos con el flanco este». Sin embargo, la titular sueca, Maria Malmer Stenegard, confesó que la postura estadounidense «es confusa, desde luego, y no siempre fácil de manejar».
La maniobra revela la nueva doctrina de Washington: primar las relaciones bilaterales con aquellos socios que se alinean con sus intereses y reducen la huella en los que ponen objeciones. Polonia ha sido un firme partidario de la línea dura contra Irán y, además, invierte más del 3% de su PIB en defensa. Alemania, por el contrario, se ha resistido a comprometer su base de Ramstein y ha cuestionado la legalidad de la operación sin mandato de la ONU.
Rubio defendió la reasignación de tropas como parte de una «reevaluación constante de la postura de fuerzas» que obedece a compromisos globales en el Indo-Pacífico, Oriente Próximo y el hemisferio occidental. El mensaje es nítido: la OTAN ya no es el único teatro prioritario para el Pentágono.
Equilibrio de Poder
El enfrentamiento recuerda a la crisis de Irak de 2003, cuando la oposición de Francia y Alemania llevó a Washington a construir una «coalición de voluntades» al margen de la OTAN. Entonces, la Alianza sobrevivió. Ahora, sin embargo, el panorama estratégico es más complejo: la competencia con China exige recursos que Europa no puede ofrecer, y la guerra en Ucrania ha desgastado los arsenales aliados. La posibilidad de que Turquía albergue la próxima cumbre añade otro factor de incertidumbre, dado el difícil equilibrio de Ankara entre la OTAN y sus relaciones con Moscú.
Para España, el cambio de actitud de Washington conlleva riesgos inmediatos. Las bases de Rota y Morón son piezas clave del dispositivo estadounidense hacia África y el Mediterráneo, y cualquier reducción de la actividad podría afectar a su peso geopolítico. Además, el Gobierno de Sánchez se verá presionado para aumentar el gasto en defensa hasta el 5% que exige Trump, un salto que triplicaría el presupuesto actual y generaría tensiones con el ala izquierda del Ejecutivo. A medio plazo, si la Alianza se debilita, España podría tener que asumir mayor responsabilidad en el flanco sur —Sahel y Magreb— sin el paraguas aéreo y de inteligencia que hasta ahora proporcionaba Washington.
La lectura a cinco-diez años apunta a una OTAN de dos velocidades o, directamente, a una Europa que acelera su autonomía estratégica pagando un alto coste político y fiscal. La cumbre de Ankara no será una más: definirá si la Alianza sigue siendo un bloque cohesionado o si se transforma en un club de intereses selectivos. Mientras, la Casa Blanca ya ha movido ficha.

