EE.UU. estrena los primeros reactores nucleares modulares en 40 años bajo el impulso de Trump

Dos reactores modulares privados han alcanzado la criticidad este mes en Idaho y Utah. El presidente quiere al menos un tercer reactor antes del 4 de julio, con el objetivo de alcanzar los 400 GW nucleares en 2050.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Dos reactores nucleares modulares desarrollados por empresas privadas han alcanzado la criticidad este mes en Idaho y Utah. Es la primera vez en más de 40 años que reactores no estatales arrancan en el país.
  • ¿Quién está detrás? Donald Trump firmó cuatro órdenes ejecutivas y fijó el 4 de julio de 2026 como plazo para tener al menos tres reactores en línea. El Departamento de Energía aceleró los diseños y apartó a la Comisión Reguladora Nuclear (NRC).
  • ¿Qué impacto tiene? El objetivo de Washington es alcanzar los 400 GW nucleares en 2050. Para España, la reactivación del sector abre una ventana de negocio para las empresas españolas especializadas en servicios y componentes nucleares.

Estados Unidos no encendía un reactor nuclear privado desde los años ochenta. El 4 de junio, el Mark-0 de Antares Nuclear alcanzó la criticidad en el Laboratorio Nacional de Idaho. El 18 de junio le siguió el núcleo de Valar Atomics, que produjo calor en una estructura casi improvisada en el desierto de Utah. El Departamento de Energía lo llamó «el renacimiento de la industria nuclear americana» y no exagera: hacía cuatro décadas que un proyecto privado no llegaba tan lejos.

Las imágenes de aquellos reactores nada tienen que ver con las monumentales plantas de hormigón que promedian 44 años de antigüedad. El diseño de Radiant, por ejemplo, utiliza pequeñas bolas de combustible nuclear ‑comparadas con canicas por su ingeniero jefe‑ pensadas para ser fabricadas en serie. Se pueden desplegar desde bases militares hasta zonas de desastre. Trump lo resumió a su manera: los reactores grandes se vuelven «demasiado grandes, complejos y caros». Los modulares, en cambio, encajan en su apuesta por la desregulación y la velocidad industrial.

Dos reactores en 40 años: lo que ha pasado en Idaho y Utah

La última vez que un reactor privado entró en operación en EE. UU. fue en 1982. Ahora, en apenas dos semanas, dos empresas distintas han roto esa sequía. Antares Nuclear prometió criticidad en 2026, electricidad en 2027 y suministro al estamento militar en 2028. De momento ha cumplido el primer hito. El director del laboratorio de Idaho, John Wagner, dejó claro que «el objetivo nunca fue solo la criticidad: queremos 400 gigavatios de capacidad nuclear para 2050». Una cifra que multiplica por más de cuatro la potencia instalada actual en el país.

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El tercer reactor que exige el calendario de la Casa Blanca debe arrancar antes del 4 de julio, el 250 aniversario de la nación. Fuentes del sector creen que el plazo es factible, aunque reconocen que sin la vía rápida habilitada por el presidente habría sido imposible. El programa piloto del Departamento de Energía aceleró 11 diseños y sorteó el proceso tradicional de licencias de la NRC, que hasta ahora consumía más de 20.000 horas de trámites.

Trump, las órdenes ejecutivas y la carrera por el 4 de julio

En mayo de 2025, Trump rubricó cuatro órdenes ejecutivas (decretos presidenciales que no necesitan la aprobación del Congreso) y lanzó un mensaje directo: «Aprobar nuevos reactores y eliminar la burocracia». Nadie en Washington discute ya que la energía nuclear ha vuelto a la agenda. El Partido Republicano la vende como soberanía energética y respuesta al dominio chino en tierras raras; los demócratas, aunque recelosos con la desregulación, ven difícil oponerse a una tecnología que promete emisiones cero.

El giro no es solo ideológico. EE. UU. necesita electricidad barata y estable para alimentar centros de datos, inteligencia artificial y la electrificación del transporte. Los pequeños reactores modulares ofrecen exactamente eso: se fabrican en cadena, se instalan donde se necesitan y evitan las redes de transmisión mastodónticas. El Departamento de Energía ha situado la supervisión bajo su paraguas, quitándole competencias a la NRC. Los sindicatos y las empresas de construcción ya están tomando posiciones.

El tercer reactor debe arrancar antes del 4 de julio, el 250 aniversario de la nación, y sin la vía rápida de Trump habría sido imposible.

La lógica de Washington: por qué la Casa Blanca apuesta por lo nuclear

La apuesta nuclear de Trump responde a una lógica que atraviesa toda su agenda económica: recuperar la capacidad industrial doméstica, reducir la dependencia de insumos extranjeros y ofrecer energía abundante a precios competitivos. No es un capricho aislado. Ronald Reagan protegió el acero con aranceles en 1984 para salvar una industria estratégica; hoy el Partido Republicano aplica la misma receta al uranio y a la tecnología de reactores modulares. La diferencia es que esta vez la desregulación también alcanza al propio regulador, la NRC, cuyo proceso de licencias se consideraba un lastre incompatible con la urgencia declarada.

Para España, el movimiento tiene dos lecturas inmediatas. La primera es comercial: empresas como GD Energy Services, Empresarios Agrupados o Tecnatom llevan décadas prestando servicios de ingeniería, inspección y mantenimiento a centrales nucleares en todo el mundo. La reactivación americana abre un mercado de miles de millones. La segunda lectura es regulatoria: el Gobierno español mantiene un calendario de cierre nuclear que arranca en 2027. Ver a Washington acelerar mientras Madrid frena puede reabrir el debate energético en el seno del Consejo de Seguridad Nuclear y en el propio Congreso de los Diputados. De hecho, asociaciones como Foro Nuclear ya han recordado que España exporta tecnología nuclear y que el apagón compromete esa capacidad industrial.

Las críticas no han tardado en llegar. El científico Edwin Lyman, de la Union of Concerned Scientists, tachó la carrera de «ejercicio de relaciones públicas» y avisó de que eliminar los periodos de comentarios públicos y las evaluaciones ambientales «nos devuelve a los años cincuenta». Pero la Casa Blanca considera que esas salvaguardas eran precisamente lo que había frenado cualquier avance. Y los hechos cantan: dos reactores han alcanzado la criticidad en 2026. El tercero está a punto. El reloj corre hacia el 4 de julio.

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Ficha del Caso

  • El caso: Por primera vez en más de 40 años, reactores nucleares modulares de iniciativa privada alcanzan la criticidad en EE. UU.. El hito se produce tras la firma de cuatro órdenes ejecutivas de Trump y un programa acelerado del Departamento de Energía.
  • Datos clave: Reactores Mark-0 (Antares) y el núcleo de Valar Atomics operativos en junio de 2026; un tercero previsto antes del 4 de julio. Préstamos federales de 17.500 millones de dólares para 10 plantas convencionales con tecnología Westinghouse. Objetivo: 400 GW nucleares en 2050.
  • Para España: Las ingenierías y empresas de servicios nucleares españolas (Tecnatom, GD Energy Services, Empresarios Agrupados) pueden encontrar un nuevo mercado en la cadena de suministro americana. La apuesta de Washington por lo nuclear contrasta con el calendario de cierre español y puede reabrir el debate energético.