Ni la costa gaditana: este pueblo marinero de casas de colores tiene castillo en la playa

Muchos buscan casas de colores y castillos junto al mar en Cádiz, pero en Cantabria hay un pueblo marinero que lo tiene todo desde el siglo XIII. Te contamos por qué Castro Urdiales enamora en cualquier época del año.

Cuando pensamos en un pueblo de casas de colores con castillo y mar, la cabeza casi siempre vuela hacia el sur. Pero hay un rincón del norte que lleva siglos guardando ese mismo hechizo, y con más historia todavía. Castro Urdiales, en Cantabria, combina fachadas marineras, un puerto que sigue vivo y una fortaleza que se asoma directamente al Cantábrico.

No es un descubrimiento reciente ni una moda pasajera. Este municipio cántabro ya recibía el título de villa en el siglo XII, y desde entonces no ha dejado de mirar al mar. Lo curioso es que, a pesar de su peso histórico, sigue siendo un destino que muchos viajeros pasan por alto camino del País Vasco.

Un pueblo marinero que empieza en el puerto

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El primer contacto con Castro Urdiales suele ser el puerto pesquero, todavía en activo, con barcas que entran y salen cargadas de anchoa y bonito. Alrededor, las fachadas de la Puebla Vieja despliegan esa paleta de colores típica de los pueblos marineros del Cantábrico, pensada en origen para que cada familia reconociera su casa desde el agua.

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Pasear por sus calles estrechas es, en realidad, caminar por capas de historia superpuestas: restos romanos, trazado medieval y edificios burgueses del siglo XIX conviven sin estridencias. La sensación de pueblo vivo, y no de decorado para turistas, es una de las cosas que más sorprende a quien llega por primera vez.

El castillo que vigila el mar desde hace ocho siglos

El gran protagonista de Castro Urdiales es el pueblo construido alrededor de su fortaleza: el Castillo-Faro de Santa Ana, levantado sobre un promontorio rocoso que se adentra en el mar. Su origen se remonta al siglo XII, y desde 1853 funciona también como faro, guiando a los barcos que se acercan a puerto. Puedes conocer su historia completa en Castro Urdiales, la enciclopedia que recoge cómo su propio escudo lleva grabados «Castillo, Puente y Santa Ana».

Cruzando el Puente Medieval que une el castillo con el casco antiguo, la estampa se completa con la Iglesia de Santa María de la Asunción, un templo gótico que lleva siglos compartiendo protagonismo con la fortaleza. Es, sin exagerar, una de las postales más reconocibles del litoral cántabro.

Playas a los pies de la villa

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Lo que distingue a Castro Urdiales de otros pueblos con castillo es que no hace falta elegir entre patrimonio y playa: ambas cosas están a un paseo de distancia. La playa de Brazomar, en pleno casco urbano, y la de Ostende, algo más extensa, permiten combinar un baño con una visita cultural en la misma mañana.

Para quien prefiere algo más salvaje, la Playa de Sonabia, a quince minutos en coche, ofrece un entorno casi virgen con vistas espectaculares. La variedad de arenales cercanos es otro de los motivos por los que Castro Urdiales aguanta bien la comparación con destinos de costa mucho más masificados.

Historia con mayúsculas y gastronomía de puerto

Castro Urdiales no es solo bonito: tiene currículum. Fue de las primeras villas de la costa cantábrica en recibir su fuero, en 1163, por delante incluso de Santander o Bilbao, y sus naves participaron en episodios tan relevantes como la repoblación de Cádiz tras la Reconquista. Esa conexión histórica con el sur le da al pueblo una ironía extra: mientras muchos buscan hoy en la costa gaditana lo que Castro Urdiales lleva ofreciendo siglos.

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La gastronomía es otro de sus grandes argumentos. Aquí se come el pescado según llega de lonja, con la anchoa y el bonito como grandes protagonistas de una carta que cambia con las mareas. Sentarse en una terraza del puerto al atardecer, con el castillo iluminado de fondo, es de esas experiencias que quedan grabadas.

Entre los planes imprescindibles de la zona destacan:

  • Subir hasta el Castillo-Faro de Santa Ana y cruzar el Puente Medieval.
  • Perderse por las calles empedradas de la Puebla Vieja.
  • Bañarse en la playa de Brazomar, a los pies del casco antiguo.
  • Probar el marmita de bonito en alguno de los bares del puerto.

Un destino que crece sin perder su esencia

Castro Urdiales vive un momento de cambio: el Gobierno de Cantabria ha anunciado la construcción de 1.700 viviendas en el municipio, la mitad de protección oficial, dentro de un plan para aliviar la presión sobre el mercado inmobiliario de la zona. Es una señal de que el pueblo, lejos de estancarse, sigue atrayendo a quienes buscan vivir cerca del mar sin renunciar a los servicios de una ciudad mediana.

Para el visitante, esto se traduce en más oferta hotelera y mejor conectividad, sin que el encanto del casco histórico se resienta. La clave, y así lo confirman quienes repiten año tras año, está en que Castro Urdiales ha sabido crecer hacia fuera sin tocar el corazón marinero que lo hizo famoso. Con Bilbao a menos de una hora, todo apunta a que este pueblo seguirá ganando terreno como alternativa real a la costa del sur.