Albert Dalmau, conseller de la Presidència, ha invitado este miércoles a Junts a sumarse al pacto de financiación singular para Cataluña, presentándolo como el gran antídoto contra el avance de la ultraderecha. La oferta, lanzada en una entrevista con Crónica Global, llega tras el último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) que refleja un desplome de los posconvergentes en favor de Aliança Catalana, formación que ya disputa el espacio independentista a Esquerra Republicana.
El sondeo, publicado apenas media hora antes de la conversación, mantiene al PSC como primera fuerza pese a perder entre cuatro y seis escaños. Pero el dato que realmente incendia el tablero es el sorpasso de Aliança Catalana a Junts en intención de voto directa, un cambio de ciclo que el Govern lee como un aviso para navegantes.
El CEO incendia el tablero: Junts pierde fuelle y Aliança Catalana acecha
Dalmau fue claro: “la receta del bloqueo no le está dando resultado a Junts”. La formación que lidera Carles Puigdemont sigue anclada en el no a los presupuestos y a la reforma del sistema de financiación, mientras ve cómo la fuerza de Sílvia Orriols le come terreno. A diez meses de las municipales, el riesgo de una desangría en feudos históricos de la antigua Convergència es real.
El conseller socialista, de 36 años, asume que el ascenso de la ultraderecha no es un fenómeno exclusivo catalán —menciona a Trump y a Netanyahu— pero sitúa la responsabilidad en la política útil. “Junts debe hacer una reflexión: ¿quiere contribuir a hacer política útil o quiere dejar que otros hagan política por ellos?”, planteó.
La estrategia de la Generalitat es clara: ofrecer una salida digna a los neoconvergentes bajo la bandera de las soluciones. Es ahí donde encaja la financiación singular, un acuerdo que inyectaría 4.700 millones de euros anuales adicionales al presupuesto catalán y que, según Dalmau, “es el mayor antídoto contra la extrema derecha”.
La financiación como punto de inflexión: 4.700 millones que Junts aún rechaza
El próximo 29 de julio, el Consejo de Política Fiscal y Financiera debatirá el nuevo reparto de recursos. De ahí saldrá una propuesta que deberá votarse en el Congreso, donde los siete diputados de Junts siguen enquistados en el no. Para Illa, contar con ellos no solo aseguraría un trámite parlamentario más cómodo: reforzaría el relato de que la legislatura avanza con consensos amplios.
Dalmau subraya que es el momento de que Junts demuestre si está “del lado de las soluciones o prefiere bloquear el país”. La cifra, equivalente a unos 590 euros por catalán al año, permitiría acelerar inversiones en sanidad, educación, vivienda y seguridad, todos ellos flancos que la extrema derecha explota con facilidad.

La lectura en el Palau de la Generalitat es de oportunidad táctica. Si Junts se suma, el Govern gana estabilidad y margen para negociar el resto de la legislatura. Si persiste en el bloqueo, el coste electoral ante Aliança Catalana puede ser demoledor, precisamente en los municipios donde la ultraderecha está arañando votos a los posconvergentes.
La financiación singular no es solo una cuestión de caja: es la pieza que puede reconfigurar las alianzas del independentismo frente a la amenaza de Orriols.
¿Movimiento táctico o salida de emergencia para la legislatura?
Conviene recordar que la aritmética parlamentaria actual depende de ERC y los Comuns, socios que han permitido aprobar los primeros presupuestos del mandato. Pero Illa necesita oxígeno a largo plazo. Con Junts dentro del acuerdo de financiación, el president blindaría una imagen de transversalidad y restaría argumentos a quienes le acusan de gobernar solo con la izquierda.
El antecedente inmediato no es halagüeño: en 2024, Junts ya tumbó la senda de estabilidad y el techo de gasto, y en 2025, el pulso por la cuestión de confianza dejó heridas abiertas. Sin embargo, el nuevo escenario abierto por el CEO cambia las reglas. El miedo a la fagocitación por parte de Aliança Catalana puede actuar como un poderoso aglutinante.
En la entrevista, Dalmau deslizó un mensaje que va más allá de la coyuntura: “hacer que el país funcione es el mayor antídoto”. La frase, que repitió al hablar de seguridad, dependencia o el desbloqueo del Hospital Trueta de Girona, resume el enfoque del Govern ante un año en que las urnas municipales medirán si el “país de las soluciones” pesa más que el “país de los problemas”.
El gesto de Dalmau, por tanto, tiene doble filo: ofrece a Junts un salvavidas, pero también le coloca ante una disyuntiva que no admite medias tintas. Si los posconvergentes persisten en el no, el PSC podrá atribuirles el bloqueo de recursos —4.700 millones al año— que Cataluña necesita. Si ceden, Illa suma un socio inesperado que le permite proyectar solidez hasta el final de la legislatura. La pelota está ahora en el tejado de Puigdemont.
