La princesa Leonor recibió el pasado viernes de manos de su padre, el Rey Felipe VI, la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico en la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier. El acto, teñido de emoción y de luto por el trágico incendio de Los Gallardos, cierra una exigente formación militar de tres años que la heredera ha completado con la misma disciplina con que su padre lo hiciera décadas atrás. En septiembre, la Princesa de Asturias colgará el uniforme para iniciar sus estudios universitarios en la Carlos III de Madrid.
Un periplo de tres años diseñado a medida para la futura jefa de las Fuerzas Armadas
Fue en marzo de 2023 cuando el Gobierno aprobó un real decreto que regulaba la formación militar de la heredera. El texto, muy similar al que guio los pasos de Felipe VI en 1985, combinó un curso en cada academia de los tres ejércitos. Zaragoza le dio la instrucción básica terrestre y la jura de bandera; Marín la embarcó en el Juan Sebastián de Elcano para una travesía transoceánica de seis meses y 17.000 millas por siete países americanos; y San Javier la ha convertido en la primera integrante de la Familia Real que salta en paracaídas y pilota en solitario un Pilatus PC-21. «Les aseguro que no soy la misma persona que llegó a Zaragoza en 2023», confesó la propia princesa al recibir la Medalla de Oro de la Región de Murcia el pasado junio.
El director de la Academia General del Aire, Luis González-Asenjo, subrayó en la graduación «su esfuerzo, tenacidad, confianza en sí misma, responsabilidad y valor». La princesa abandona San Javier como teniente —sin ocupar plaza— en el Ejército del Aire y con idéntico rango en Tierra y en la Armada, donde es alférez de navío. Irá ascendiendo conforme lo hagan sus compañeros de promoción, un mecanismo que la mantiene vinculada a las Fuerzas Armadas sin consumir escalafón.
La Gran Cruz del Mérito Aeronáutico, un símbolo de continuidad institucional
El Rey, visiblemente emocionado, le impuso la máxima condecoración aeronáutica con distintivo blanco. La escena recuerda a la que él mismo protagonizó al finalizar su propia instrucción en 1988, aunque entonces fue su padre, el Rey Juan Carlos, quien le condecoró. La repetición del gesto no es casual: la Casa del Rey mide cada detalle para visualizar la transmisión del mando supremo que la Constitución atribuye al jefe del Estado. Leonor suma ya las tres grandes cruces al mérito militar, naval y aeronáutico, un tríptico que ningún otro miembro de su generación posee y que la sitúa simbólicamente a las puertas del mando.
La formación militar de la heredera no es un trámite: es el pilar que sostiene su futura jefatura de las Fuerzas Armadas.
La hoja de ruta de Zarzuela: del uniforme a la toga, y de ahí al servicio público
El próximo paso de la princesa será la universidad. Estudiará Ciencias Políticas en la Carlos III, un centro público y español que ya conoce bien la familia: su padre cursó Derecho en la Autónoma de Madrid. La elección de la carrera no es inocente; dota a la heredera de herramientas para leer la arena política, mientras que el carácter público de la institución refuerza el discurso de una Corona cercana y austera. La formación académica se solapará con apariciones institucionales crecientes, como ya ocurrió durante su etapa militar, en un equilibrio que Zarzuela procura manejar sin que la normalidad universitaria se vea resentida.
La hoja de ruta diseñada por la Casa del Rey combina tres patas —milicia, universidad y proyección institucional— que preparan a la heredera para un reinado que, cuando llegue, se desarrollará en un contexto social y mediático muy distinto al de sus predecesores. La apuesta por una formación pública y la exposición progresiva a la vida castrense responden a una estrategia de legitimidad que busca blindar la institución frente a las turbulencias del futuro. Por ahora, la princesa goza de unas vacaciones que, como para tantos jóvenes de su quinta, son la antesala de una nueva etapa.
Claves del Protocolo y Estado
- Contexto del acto: culminación de un programa de tres años que replica, con ajustes mínimos, la formación que recibió Felipe VI en los años ochenta, y que persigue familiarizar a la heredera con el mando de las Fuerzas Armadas.
- El detalle de protocolo: la imposición de la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico por el propio Rey emula un gesto de transmisión de poder que ya se vivió en 1988, con una carga simbólica que la Corona explota con discreción.
- Próximos pasos: la princesa iniciará en septiembre sus estudios de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III, mientras continúa asistiendo a actos oficiales como heredera.
