FCC mantiene la primera posición en el negocio de residuos de Cataluña, pero el mapa concesional ha cambiado de forma sensible en los últimos meses.
Dónde gana FCC: los contratos millonarios del área metropolitana
Por sí sola, sin contar alianzas empresariales, la corporación ha ganado licitaciones por valor de 1.872 millones de euros en las doce localidades más pobladas de Cataluña. La cifra confirma su dominio sobre los núcleos de mayor densidad y extensión territorial, según el análisis del mapa concesional que publica El Economista.
El mayor lote en juego está en Barcelona, con 931 millones; le sigue el supercontrato de 506 millones en Badalona, el mayor en la historia de la ciudad. En L’Hospitalet de Llobregat, segunda plaza más poblada, FCC gestiona el servicio con un montante de 435 millones.
Esos tres contratos sostienen la posición de FCC como el operador que atiende los núcleos más complejos. La empresa, controlada por Carlos Slim, concentra en el área metropolitana la mayor parte de su negocio catalán de recogida de basuras.
Las capitales que se le escapan: Lleida y Tarragona
El liderazgo no es total. En julio pasado FCC no logró hacerse con la licitación de la ciudad de Lleida, valorada en 262 millones de euros. El contrato cayó en manos de Ilnova, una ute entre la leridana Romero Polo y Valoriza Servicios Ambientales. FCC recurrió ante el Tribunal Catalán de Contratos del Sector Público, que desestimó la impugnación y ratificó la puntuación: 30,125 puntos para Ilnova frente a los 26,350 de FCC.
Algo parecido ocurrió en Tarragona. El contrato de 202 millones de euros está bajo gestión de Urbaser después de que el tribunal desestimara otro recurso de FCC. La firma gerundense GBI Paprec había sido la mejor valorada, pero el incumplimiento de ciertas condiciones de su oferta hizo que la recogida pasara a Urbaser, segunda clasificada.
FCC sigue siendo el líder de los residuos en Cataluña, pero ya no barre para sí dos capitales de provincia.
En Girona ciudad, FCC comparte la gestión del servicio junto con Arema, filial de Rubau, en una contrata de 168 millones. Antes de esa ute, el 25% del operador Girona+Neta estaba en manos de la corporación local; ahora el 100% pertenece a organizaciones privadas. Ese dato deja a Terrassa como el único ejemplo de municipalización entre las principales localidades catalanas.
Excepción municipal y la batalla de Mataró: lo que viene
La capital egarense no licita su gestión de residuos. Queda a cargo de Eco-Equip SAM, una empresa de titularidad pública que recibe cerca de 27 millones de euros anuales. Su presupuesto encaja con la media por año que destinan ciudades catalanas de población similar, si se divide el valor del contrato entre los años de vigencia.
Mataró puso sobre la mesa esa misma opción de municipalizar el servicio de limpieza el año pasado, tras unas navidades de 2024 con carencias en el servicio prestado por FCC. Sin embargo, el municipio ha mantenido la apuesta por externalizar y lanzó en julio una nueva licitación con un presupuesto de 161 millones de euros que aún busca ganador. El plan anterior, que desarrollaba FCC, era de 59 millones.
La nueva licitación incluye una ampliación de plantilla y de la flota de máquinas. En el reparto concesional de las doce ciudades más pobladas, exceptuando Terrassa, FCC sigue siendo el rey del servicio de recogida de desechos. Pero grupos locales como Romero Polo y grandes operadores como Valoriza se han hecho hueco. Acciona, en cambio, mantiene una presencia meramente testimonial en Sant Cugat del Vallès, en ute con Valoriza.
La lectura de fondo: concentración privada, competencia local y control público
Observamos una tensión estructural en el modelo catalán de residuos: la externalización sigue ganando terreno, pero lo hace con exigencias crecientes de dimensión, plantilla y flota. Los recursos de FCC en Lleida y Tarragona muestran que el capital político y litigioso importa casi tanto como la oferta técnica. La municipalización, defendida en Terrassa y sopesada en Mataró, queda como alternativa minoritaria y cara de revertir.
El precedente reciente de Mataró indica que las carencias puntuales no bastan para romper la inercia privatizadora. La licitación de 161 millones, con más medios y personal, busca corregir el servicio sin renunciar al operador privado. La adjudicación marcará si FCC conserva una de sus plazas históricas o si la fricción con los consistorios se traduce en una nueva pérdida.
El mapa concesional catalán está, en fin, más disputado que hace cinco años. La próxima reordenación llegará cuando se adjudique Mataró y se clarifique si el dominio de FCC se estabiliza o sigue erosionándose en las capitales medianas.

