Los incumplimientos del pacto PSOE-Sumar: la reducción de jornada laboral, la ley mordaza y contra la trata

El acuerdo firmado en octubre de 2023 acumula medidas sin desplegar en el Congreso: la reducción a 37,5 horas, la reforma de la ley mordaza y la norma contra la trata. El nuevo curso reabre el debate sobre la capacidad del Ejecutivo para cerrar sus compromisos.

El pacto PSOE-Sumar se ha convertido en un espejo incómodo para la coalición. A tres cursos políticos de su firma, la distancia entre lo acordado y lo aprobado se ha hecho visible en tres asuntos centrales: la reducción de la jornada laboral, la reforma de la ley mordaza y la ley contra la trata. Ninguna de esas cuestiones reflejadas en el pacto se ha resuelto por parte del Gobierno.

El balance de los tres años: cumplimientos, retrasos y silencios

El acuerdo se rubricó el 23 de octubre de 2023. Pedro Sánchez y Yolanda Díaz lo presentaron como la hoja de ruta de una legislatura progresista. Hoy, ese documento es más una pieza histórica que un plan de trabajo. La debilidad parlamentaria del Ejecutivo y los roces entre los socios han ralentizado una parte sustancial del programa.

En el terreno de los derechos, la derogación de gran parte de la Ley de Seguridad Ciudadana -la llamada ley mordaza- sigue sin completarse. La norma que aprobó Mariano Rajoy lleva más tiempo vigente bajo un Gobierno progresista que bajo uno del PP. Solo la supresión de los llamados delitos de expresión se vislumbra como un acuerdo posible antes del final del mandato.

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La reforma del sistema de financiación autonómica tampoco avanza. El pacto con ERC no ha logrado sumar a las comunidades gobernadas por el PP, y el bloqueo territorial convierte aquel compromiso en una tarea casi imposible para los meses que restan.

En el ámbito social, el balance es todavía más desigual. La universalidad del Sistema Nacional de Salud duerme en el Congreso desde junio de 2024. Los tiempos máximos de espera sanitaria no tienen ni siquiera texto legal. Y la educación universal de 0 a 3 años registra avances parciales, pero no se ha completado.

Más tachones en el pacto con Sumar

Una ley contra la trata de personas, la ley del cine, u otras normas contra el racismo o sobre bebés robados: varias no han llegado a las Cortes, otras, siguen atascadas en el trámite. La parálisis legislativa ha convertido el programa en una lista con más tachones que certezas.

El pacto PSOE-Sumar no se rompe por una medida concreta: se erosiona por la acumulación de promesas que pierden tiempo parlamentario

La factura del desgaste se concentra en Sumar

acuerdo programático

Sumar, como socio minoritario, es quien más desgaste ha asumido. Algunas de las iniciativas que presentó desde los ministerios que controla han quedado en agua de borraja. La más simbólica es la reducción de la jornada laboral, impulsada por Yolanda Díaz desde el Ministerio de Trabajo.

El texto que pretendía fijar en 37,5 horas el máximo semanal fue rechazado en el Congreso hace menos de un año con los votos de PP, Vox y Junts. La negociación apenas contó con la implicación del PSOE. Ese episodio dejó una herida política dentro del espacio de Sumar y una evidencia: la mayoría de la investidura no garantiza apoyo automático a las leyes del socio minoritario.

Tampoco ha culminado el Estatuto del Becario, que llegó al Congreso en marzo de este año. La Ley de Familias, impulsada por Pablo Bustinduy, lleva en periodo de enmiendas desde marzo de 2024. Los permisos por nacimiento se ampliaron a 19 semanas por progenitor, una menos de las previstas. Y de la ley de derechos culturales, que correspondería a Ernest Urtasun, no se ha vuelto a hablar.

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La dinámica de la coalición

Dentro de Sumar, el balance del pacto reabre una conversación incómoda. Las confluentes observan los retrasos con una mezcla de frustración y realismo: sin mayoría parlamentaria propia, forzar al PSOE a acelerar cada compromiso resulta complicado. El equilibrio entre lealtad al Ejecutivo y presión pública se ha convertido en el eje del nuevo curso político.

En la relación con el PSOE, la dinámica no es la de una ruptura inminente, sino la de un desgaste lento. El pacto de coalición sigue siendo el marco de convivencia, pero cada medida pendiente suma tensión. La reducción de jornada es el caso más evidente: el PSOE no la convirtió en prioridad y Sumar no logró imponerla. Ese desequilibrio entre los dos socios aflora cada vez que una fecha del calendario legislativo se agota.

La proyección inmediata apunta al regreso de la actividad parlamentaria tras el verano. Sin una ventana temporal amplia, cada proposición pendiente empieza a medirse en semanas, no en meses. La pregunta no es si habrá nuevos choques entre PSOE y Sumar, sino cuáles serán los compromisos que ambos decidan salvar antes de que el reloj de la legislatura se pare.