Hace un par de días la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria detenían a diez integrantes de una organización criminal dedicada al narcotráfico en las costas de Huelva. Están acusados de atacar con armas de fuego a una patrullera del Servicio Marítimo Provincial de Huelva en la madrugada del 18 de agosto. Seguridad Nacional ya advirtió en marzo de 2026 del incremento de la violencia contra las autoridades por parte de los narcos, incluso con el uso de armas de guerra.
Esta operación policial permitía además intervenir dos embarcaciones conocidas como «narcolanchas» y 5.926 kilogramos de hachís, lo que supone un importante golpe a una de las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico que operan en el sur de la Península, según informó la Guardia Civil en un comunicado.
En marzo de 2026 el informe anual de Seguridad Nacional advertía sobre el uso de armas de guerra por parte de los narcos: «se han mantenido las agresiones y hostigamientos a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Los narcotraficantes, en ocasiones, no dudan en embestir vehículos terrestres y embarcaciones cuando perciben riesgo de interceptación o pérdida de la droga, evidenciando una mayor agresividad hacia los agentes. Aunque el número de incidentes violentos registrados contra las FCSE en 2025 no ha sido especialmente elevado en comparación con años anteriores, se está detectando una mayor capacidad ofensiva (uso de armas de guerra). El fallecimiento de un agente de la Gendarmería de Portugal en el río Guadiana, al ser embestida su embarcación oficial por una narcolancha, evidencian esta circunstancia».
Los expertos de Seguridad Nacional explicaban que «la presión ejercida sobre el narcotráfico en el Golfo de Cádiz y la desembocadura del río Guadalquivir ha provocado que las organizaciones dedicadas a esta actividad ilícita hayan desplazado su zona de influencia a la provincia de Huelva, río Guadiana y zona del Algarve, en Portugal. Conscientes de la gravedad del problema, las autoridades y fuerzas de seguridad españolas y portuguesas mantienen un esfuerzo continuo y coordinado para combatir esta amenaza».
Respecto de las rutas, lo investigadores advertían que «la presión policial en combinación con lo establecido por el Real Decreto-Ley 16/2018, de 26 de octubre, a partir del cual las embarcaciones de alta velocidad pasan a considerarse como género prohibido, ha provocado que las organizaciones criminales modifiquen las rutas y los métodos de traslado e introducción de la mercancía, así como el establecimiento de redes logísticas para hacer posible la fabricación, el transporte, el abastecimiento y la reparación de dichas embarcaciones».
Miedo de los narcos a perder las barcas
Añadían los investigadores que «ante el temor de perder las embarcaciones, con el consiguiente menoscabo económico, también las organizaciones criminales operan desde Marruecos, evitando acercarse a las costas españolas para no ser intervenidas. Ante ello, junto al desembarco directo en costa, se recurre a otras embarcaciones (pequeñas semirrígidas, pesqueros, veleros, recreativas, yates, etc.), que son las que las introducen en nuestro territorio a través de puertos pesqueros, deportivos, o mediante los tradicionales alijos en playa con embarcaciones menores».
Es evidente que la desaparición de OCON Sur de la Guardia Civil para luchar contra los narcos ha empeorado las cosas. La situación actual de la Guardia Civil en el sur peninsular se ha convertido en uno de los temas más preocupantes y debatidos dentro de la crónica de seguridad nacional. El desmantelamiento de unidades de élite clave en el pasado y la creciente presión de las organizaciones criminales dibujan un escenario complejo donde las fuerzas del orden denuncian una falta palpable de recursos estructurales. El debate sobre el narcotráfico en España trasciende las cifras oficiales ofrecidas por el Ejecutivo y pone el foco en la vulnerabilidad de las fronteras del Estrecho de Gibraltar, considerado una de las principales puertas de entrada de droga hacia Europa.
En este contexto, la desaparición de OCON-Sur en 2022, la unidad de élite creada por la Guardia Civil en 2018 para combatir a las organizaciones criminales asentadas en el Campo de Gibraltar, sigue alimentando la controversia. Aunque el Ministerio del Interior defendió su disolución en septiembre de 2022 como una reorganización interna de los recursos del Instituto Armado, asociaciones profesionales y numerosos especialistas en crimen organizado sostienen que aquella decisión supuso la pérdida de una herramienta altamente especializada contra los narcos que había conseguido desmantelar importantes redes, intervenir toneladas de estupefacientes y golpear la estructura económica de algunos de los principales clanes del Estrecho.
Tampoco hay que olvidar que Marruecos continúa siendo uno de los principales productores mundiales de cannabis, especialmente en la región del Rif, lo que explica que gran parte del hachís que llega a Europa tenga como punto de partida el norte del país. No obstante, los especialistas advierten de que el fenómeno ha evolucionado considerablemente durante la última década. Las mismas infraestructuras logísticas utilizadas históricamente para el tráfico de hachís sirven ahora también para introducir cocaína procedente de América Latina, incrementando el volumen de droga que entra por la península.
La relevancia de Marruecos en la lucha contra el narcotráfico ha provocado que, en los últimos años, ambos países hayan reforzado la cooperación policial mediante operaciones conjuntas e intercambio de inteligencia. Sin embargo, los expertos recuerdan que esa colaboración internacional solo resulta plenamente eficaz si España mantiene una elevada capacidad investigadora propia.
No existe evidencia pública que relacione la desaparición de OCON-Sur con la política exterior española hacia Marruecos. La decisión fue presentada oficialmente como una reorganización interna de la Guardia Civil. Lo que sí consideran numerosos especialistas es que reducir la presión permanente sobre las organizaciones criminales favorece su capacidad de adaptación y crecimiento.
Los investigadores insisten en que el narcotráfico funciona como una gran empresa internacional. Cuando detecta una menor presión policial incrementa su actividad, diversifica rutas, invierte mayores beneficios en tecnología y fortalece sus redes de blanqueo de capitales. Esa evolución obliga, según numerosas asociaciones profesionales, a mantener equipos altamente especializados y con experiencia acumulada frente a unas mafias cada vez más sofisticadas.
