Ucrania ultima su misil balístico de producción propia: listo para combate en septiembre

El nuevo FP-7, análogo de bajo coste del ATACMS, alcanza 300 kilómetros y estará listo para su primer uso en combate a finales de septiembre. Zelenski vincula la producción propia de misiles a la escasez global de interceptores.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Fire Point, el mayor fabricante de defensa de Ucrania, anuncia que su misil balístico FP-7 estará listo para el combate a finales de septiembre.
  • ¿Quién está detrás? El Gobierno de Volodímir Zelenski, que acelera la producción nacional de armamento ante la escasez de interceptores.
  • ¿Qué impacto tiene? Kiev obtiene un análogo de bajo coste del ATACMS para golpear lanzadores rusos a 300 kilómetros y presionar en futuras negociaciones.

El nuevo misil balístico de producción ucraniana, el FP-7, estará listo para entrar en combate a finales de septiembre. Así lo ha anunciado Fire Point, el principal fabricante de defensa del país, durante la feria DALO Industry Days en Dinamarca, según recoge Defense News este lunes.

El presidente Volodímir Zelenski aprovechó su discurso con motivo del 35º aniversario de la independencia para reclamar de nuevo más interceptores a los aliados ante la la escasez global de munición antiaérea. ‘Hay que encontrar una solución al terror balístico y esta apuesta suya no debe resultar rentable’, afirmó, en referencia al presidente ruso.

El FP-7 es, en palabras de sus responsables, una alternativa de bajo coste al ATACMS estadounidense, el misil táctico de largo alcance que Washington suministra a Ucrania. Puede golpear objetivos a 300 kilómetros de distancia y cargar una ojiva de hasta 150 kilogramos.

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Hace pocos meses la compañía situaba la entrada en servicio del sistema en finales de 2026. Ahora el calendario se adelanta más de un año. ‘El FP-7 está en pruebas finales para obtener la certificación y pasar a ensayos de combate. Esperamos su primer uso en combate a finales de septiembre’, declaró la CEO, Iryna Terekh.

Producir misiles balísticos propios alivia tres frentes a la vez: permite atacar los lanzadores rusos en origen, coloca a las ciudades rusas ante el mismo riesgo que sufren las ucranianas y añade una palanca negociadora de cara a un futuro diálogo. El Atlantic Council resume la doctrina en una fórmula clásica: ‘dispara al arquero, no a la flecha’.

El fabricante prepara además el FP-9, un misil de nueva generación que debutará a finales de otoño. Viajará a 2.200 metros por segundo, cargará una ojiva de 800 kilogramos y alcanzará objetivos a 855 kilómetros, lo que sitúa a Moscú dentro de su radio de acción. Los datos proceden de United24.

Kiev deja de perseguir solo la flecha y apunta al arquero: cada lanzador destruido en suelo ruso reduce el número de misiles que interceptar.

El FP-7, la réplica ucraniana del ATACMS

El diseño del FP-7 no parte de cero. Replica capacidades del MGM-140 ATACMS, un sistema que Ucrania ya opera con restricciones impuestas por Washington sobre objetivos en territorio ruso. Terekh insiste en que el objetivo no depende de permisos externos: producción propia, criterio propio.

La aceleración responde a una necesidad concreta. Los interceptores Patriot, NASAMS y SAMP/T escasean en los arsenales occidentales y las cadenas de suministro no cubren el ritmo de lanzamientos rusos. Destruir el lanzador antes de que dispare resulta más barato y más eficaz que intentar derribar cada misil en vuelo.

Por qué Kiev acelera la producción propia de misiles

Detrás de la urgencia hay una lectura estratégica. Rusia ha convertido el arma balística en un instrumento de desgaste; Ucrania responde con la misma moneda pero a menor escala. El término ‘terror balístico’ no es retórico en Kiev: los ataques sobre infraestructuras civiles han marcado todo 2026.

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La campaña de ‘sanciones de largo alcance’ ucraniana contra refinerías y lanzadores rusos busca degradar la capacidad de ataque enemiga. El FP-7 encaja en esa doctrina ofensiva que, según oficiales ucranianos, también empuja a Moscú a negociar.

Equilibrio de Poder

El movimiento de Ucrania tiene lecturas incómodas para Washington, Moscú y Bruselas. Estados Unidos mantiene el control político sobre los ataques con armamento propio; un misil ucraniano exento de esas restricciones debilita el margen de influencia del Pentágono sobre Kiev. Moscú pierde el monopolio psicológico en la guerra de los misiles y ve cómo su territorio queda expuesto a un arma local más difícil de interceptar.

Para la Unión Europea, el precedente obliga a revisar la doctrina de disuasión. La producción ucraniana de misiles de 300 kilómetros se produce mientras la base de Rota sigue siendo el mejor escudo antimisiles de España, con cuatro destructores AEGIS permanentes. El gasto militar español, ya comprometido con la OTAN, se tensionará aún más si el conflicto escala hacia una guerra de desgaste balístico prolongada.

En España, la tensión balística se lee en clave de seguridad energética y presión sobre el gasto militar. La base de Rota sigue siendo el centro neurálgico del escudo antimisiles estadounidense en Europa, con cuatro destructores capaces de interceptar lanzamientos desde el Mediterráneo. Si la producción ucraniana obliga a Moscú a saturar las defensas, el coste de interceptar cada salva se multiplicará y la OTAN revisará sus arsenales.

El precedente histórico lo aporta el V-2 alemán: fue el primer misil balístico usado contra centros urbanos y cambió la lógica de la defensa aérea para siempre. Kiev no busca una réplica estratégica, sino táctica y asequible; suficiente para alterar el cálculo ruso sin esperar a Bruselas o a Washington.

La próxima ventana crítica es finales de septiembre. Si el FP-7 entra en combate con éxito, otros actores evaluarán la fiabilidad del arma. Si falla, Moscú tendrá argumentos propagandísticos. La OTAN seguirá el asunto en su próximo encuentro ministerial de otoño.