España pugna por la sucesión BCE, OIT y FAO en el último curso de legislatura

Yolanda Díaz encara la votación secreta del 16 de noviembre en la OIT y Luis Planas compite contra otros dos europeos por dirigir la FAO. En paralelo, Moncloa prepara el terreno para la sucesión del BCE sin desvelar su apuesta.

La sucesión del BCE se ha convertido en el tercer frente de una agenda internacional que Moncloa juega en silencio. Junto a la OIT y la FAO, el Gobierno tantea la cúpula del euro sin desvelar su apuesta.

Según ha adelantado elDiario.es, el último curso de la legislatura arranca con tres carreras que medirán la influencia de Pedro Sánchez fuera de España. La cuestión de fondo es si la marca española resiste tras los éxitos de Nadia Calviño en el BEI y Teresa Ribera en la Comisión Europea, y después de fracasos como el de la presidencia del Eurogrupo para Carlos Cuerpo.

El asalto a la OIT: el primer test de Yolanda Díaz

La primera batalla se libra en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la agencia tripartita de Naciones Unidas sobre derechos laborales. La vicepresidenta Yolanda Díaz aspira a ser la primera española y la primera mujer en dirigir un organismo fundado hace algo más de un siglo.

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El calendario está marcado. El plazo para presentar candidaturas alternativas expira el 31 de agosto. Después llegará un evento interactivo el 23 de septiembre y un encuentro privado con el Consejo de Administración el 9 de noviembre. La votación secreta se celebrará el 16 de noviembre, y el mandato comenzará el 1 de octubre de 2027.

Díaz se medirá, por ahora, contra Gilbert F. Houngbo, actual director general y candidato propuesto por Togo. El programa de la española se apoya en una lectura de crisis: la OIT arrastra impagos millonarios de Estados Unidos y, según su equipo, padece una ambición insuficiente frente a la inteligencia artificial y el cambio climático. Mientras Houngbo se ha acercado a la Administración Trump, Díaz propone ensanchar las vías de financiación.

España llega con argumentos. Es miembro fundador de la OIT, el Estado que más convenios internacionales del trabajo ha ratificado, y puede exhibir un mercado laboral con empleo récord y temporalidad en mínimos históricos durante la etapa de Díaz. No es una garantía de victoria, pero el equipo de la vicepresidenta confía en disputar votos más allá de los bloques regionales. Si es elegida, Díaz mantendrá el Ministerio hasta el final de la legislatura.

La OIT mide la capacidad de España para vender éxito laboral, pero la votación se juega en clave geopolítica.

Planas y la FAO: la batalla europea antes que la mundial

Luis Planas aspira a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) desde que el Gobierno presentó su candidatura en marzo. La elección no llegará hasta finales de junio de 2027, y la presentación oficial de candidaturas no se cierra hasta noviembre de este año.

El problema inmediato es europeo. La FAO no está dirigida por un europeo desde 1975, así que Bruselas trata de unificar candidatos. Planas compite contra el italiano Maurizio Martina, exministro de Agricultura y actual subdirector general de la FAO, y contra el irlandés Phil Hogan, excomisario europeo de Agricultura y Comercio, que lleva el respaldo del PPE y de Francia. Si la UE no cierra un candidato único, la división europea abrirá la puerta a otros pesos regionales.

España ya lo intentó en 2011 con Miguel Ángel Moratinos y fracasó. Ahora, además, la carrera de Planas puede verse condicionada por lo que ocurra con Díaz: si la vicepresidenta gana la OIT, la FAO puede quedar fuera del alcance realista de un Gobierno que necesita repartir capital político.

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El Eje del Poder Europeo

Las tres carreras españolas no son agendas paralelas. Son el termómetro de una Moncloa que en 2023 y 2024 colocó a Calviño en el Banco Europeo de Inversiones y a Ribera en la vicepresidencia ejecutiva de Competencia de la Comisión Europea. Ahora vuelve a medirse con el eje franco-alemán, que observa de cerca el BCE, y con la geometría variable de la UE, donde los Estados del norte suelen considerar los puestos económicos como territorio ortodoxo.

La sucesión del BCE es la partida de mayor riesgo. La salida de Luis de Guindos en mayo devolvió a España a la periferia del supervisor del euro, pero el Gobierno cree que la economía puede sostener una candidatura. España, con un 10% del PIB de la UE, actúa como motor frente al estancamiento de Alemania, Francia e Italia. El nombre mejor colocado es Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y ahora director general del Banco de Pagos Internacionales. En Moncloa le reconocen perfil técnico, pese a que en el Banco de España fue crítico con la política económica del Ejecutivo.

El nudo no es solo español. Christine Lagarde finaliza su mandato en octubre de 2027, pero según informaba Reuters ha mostrado disposición a ‘servir’ al Foro Económico Mundial, lo que aceleraría la renovación de la cúpula del BCE antes de las presidenciales francesas y de una posible victoria de Marine Le Pen. Si Lagarde se va pronto, el Eurogrupo tendrá que repartir la presidencia en una negociación que mezcla corrientes ideológicas, equilibrios regionales y de género. Ahí España necesita más que un buen currículum: necesita que Berlín, París y Roma acepten un candidato del sur.

Un sector del Gobierno no descarta a Nadia Calviño, aunque ella lo niega y Moncloa evita desvestir un santo para vestir otro. La lectura estratégica es otra: abrir dos frentes a la vez podría restar apoyos a Hernández de Cos sin garantizar el sí.

Para España el impacto es claro. Si la OIT recae en Díaz, la legislatura ganará relato exterior pero perderá a una vicepresidenta visible. Si la FAO se escapa, el agro español quedará sin altavoz en el organismo que marca la agenda alimentaria. En el BCE, la apuesta es más estructural: tener un español en la cúpula durante los próximos años influiría en la política monetaria del euro y compensaría el peso económico ganado desde la pandemia.

La primera respuesta llegará pronto: el plazo de candidaturas de la OIT cierra el 31 de agosto y el voto se celebra el 16 de noviembre. La FAO no despejará su tablero europeo hasta final de año. Y la partida del BCE puede activarse bastante antes de lo previsto si Lagarde formaliza su salida.