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Parador de Santillana del Mar: el pueblo medieval y las cuevas de Altamira

Edificios de piedra y calle de piedra en Santillana del Mar, Cantabria.

El Parador de Santillana del Mar ocupa la casona de los Barreda-Bracho, una mansión barroca del siglo XVII con fachada de sillería, escudo heráldico y balcones de hierro que se convirtió en Parador en 1946, cuando la red apenas echaba a andar. Está en la plaza de Ramón Pelayo, junto a la Torre del Merino y frente al Ayuntamiento, en pleno corazón de una villa declarada Conjunto Histórico-Artístico. De Santillana se dice que «ni es santa, ni es llana, ni tiene mar», y aun así es uno de los núcleos medievales mejor conservados de España: calles empedradas sin tráfico, casonas nobles de los siglos XIV al XVIII y la Colegiata de Santa Juliana, del XII, considerada la gran joya del románico cántabro. Dormir en el parador, con sus suelos de madera, chimeneas y restaurante de cocina regional, permite recorrer el casco antiguo cuando las excursiones de un día ya se han marchado, un lujo que en septiembre, con el grueso del verano remitiendo, se disfruta el doble.

El otro gran argumento está a apenas dos kilómetros. La cueva de Altamira, Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1985 y bautizada como la «Capilla Sixtina» del arte rupestre, permanece cerrada al público desde 2002 para proteger sus pinturas, salvo un acceso restringido de unos pocos visitantes a la semana. La experiencia se resuelve en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, cuya Neocueva reproduce a escala real el techo de los bisontes policromos, pintados hace unos 14.000 años, en el Magdaleniense. El hallazgo lo protagonizaron en 1879 Marcelino Sanz de Sautuola y su hija María, que alzó la vista y descubrió lo que nadie había visto antes. Con la entrada combinada, en torno a 15 euros, se visita también la Colegiata, y el tiempo sobrante da para perderse por el pueblo o acercarse a Comillas, a un cuarto de hora en coche. Historia durmiendo en una casona del XVII y prehistoria a la vuelta de la esquina: pocos destinos concentran tanto en tan pocos kilómetros.