Claves de los conflictos entre España y Marruecos a lo largo de la historia

España y Marruecos comparten una frontera de pocos kilómetros y una rivalidad que se remonta a finales del siglo XV, cuando la Corona de Castilla comenzó a instalar posiciones estables en el norte de África. La lista que sigue recorre los episodios en los que esa pugna derivó en un enfrentamiento abierto: de la ocupación de Melilla en 1497 a la crisis del islote de Perejil en 2002, con los sitios de Ceuta, la guerra de Tetuán, la guerra de Ifni-Sáhara y la Marcha Verde como hitos intermedios.

El criterio es cronológico y restrictivo: se incluyen solo los choques con uso de la fuerza, despliegue militar o reclamación explícita de soberanía sobre un territorio —presidios, plazas, colonias y peñones—, y quedan fuera las crisis diplomáticas o migratorias. El conjunto muestra cómo el eje del conflicto se desplazó de la costa norteafricana al Sáhara y a los islotes, y cómo la independencia de Marruecos en 1956 cambió su naturaleza: de la pugna entre una potencia colonial y las cabilas a un contencioso entre dos Estados.

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La toma de Melilla (1497)

Fuente: IA

La toma de Melilla del 17 de septiembre de 1497 abre la lista de enfrentamientos hispano-marroquíes porque constituye el primer asentamiento estable de una potencia peninsular en el norte de África y el origen del contencioso que Marruecos mantiene hoy sobre esa plaza. La operación no fue exactamente una batalla: la expedición mandada por Pedro de Estopiñán y Virués, por encargo del duque de Medina Sidonia, Juan Alonso Pérez de Guzmán, y con el respaldo de los Reyes Católicos, partió de Sanlúcar de Barrameda y desembarcó de noche en una ciudad abandonada y semiderruida, arrasada por el sultán de Fez como castigo a la sublevación de sus habitantes. No hubo derramamiento de sangre. Las crónicas hablan de unos 5.000 infantes y 250 jinetes, una cifra que la historiografía actual considera desmesurada para una plaza vacía y por las limitaciones de transporte de la época.

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Su peso en esta lista se debe a la permanencia y a los combates que siguieron. Los castellanos levantaron un entablamento de maderas encajado sobre los muros caídos, repararon pozos, torres y adarves y dejaron una guarnición de defensa. Ya en 1498 las fuerzas del reino de Fez intentaron recuperar la ciudad y fueron rechazadas: Estopiñán regresó con refuerzos, persiguió a los fugitivos y capturó a más de 250 prisioneros, mientras el sultán Muhammad al-Shaykh enviaba después caballería que la artillería de los barcos españoles logró repeler. Ese mismo año se firmó el llamado Juro de Melilla, que reservaba la soberanía de la Corona sobre la plaza. Desde entonces la ciudad no ha dejado de ser española, mucho antes de que se configurara el actual Estado marroquí.

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