Trump ha recibido a Zelenski en Nueva York con una predicción que cambia el tablero de la guerra: Rusia y Ucrania alcanzarán un acuerdo. El encuentro se celebró este martes al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, y ambos dirigentes comparecieron ante los periodistas con un mensaje llamativamente alineado.
Qué dijo Trump en la ONU y por qué ‘antes del invierno’ importa tanto
‘El presidente y yo estamos intentando encontrar una solución, y creo que va a ocurrir. De verdad que lo creo’, dijo Trump, que subrayó la ‘muy buena relación’ que mantiene con Zelenski. La cita tenía un aire distinto al de otras comparecencias.
La pregunta clave —si Ucrania podrá recuperar el territorio perdido desde 2022— quedó sin respuesta cerrada. Pero el presidente estadounidense se mostró optimista: ‘Creo que van a hacer un acuerdo, y no quiero decir cuál es. Hablamos mucho de ello, también con el presidente Putin, y creo que va a pasar algo’. Eso lo cambia todo para las cancillerías europeas.
Zelenski puso el calendario sobre la mesa. ‘Espero que terminemos esta guerra y que el presidente Trump nos ayude a terminarla. Creo que tenemos que hacerlo lo antes posible, antes del invierno’, aseguró, tras más de cuatro años y medio de combates. Trump repitió la expresión: ‘Antes del invierno. Es lo importante, antes del invierno’.
El intercambio tuvo un capítulo de alto voltaje diplomático: la posibilidad de una cumbre a tres bandas entre Trump, Zelenski y Putin. El escenario que sobrevoló la sala fue la cumbre del G20 en Miami, aunque el presidente estadounidense no confirmó la sede. ‘Sé que se reunirá. Ya tuvimos un encuentro en Alaska. Creo que haría otro. No sé lo de Miami’, apuntó.
El final de la guerra ha dejado de ser una hipótesis lejana para convertirse en la pieza central de la agenda exterior de Washington.
La lectura que llega a Bruselas es ambivalente, y no solo por el fondo del posible acuerdo, sino por lo que significa para el esfuerzo militar europeo. Si Ucrania y Rusia cierran un entendimiento, Europa tendrá que redefinir en meses el papel que ha asumido como principal sostén financiero y militar de Kiev durante cuatro años. El reloj corre.
Washington no pide permiso. Esa es la razón por la que media Europa sigue cada palabra que sale de la Casa Blanca.
El gasto en defensa europeo, ante su hora de la verdad

El primer frente que se mueve es el presupuestario. El objetivo acordado en la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en 2025 —destinar el 5% del PIB a defensa en 2035, con un 3,5% de gasto militar puro y un 1,5% adicional en infraestructuras de doble uso— sigue siendo la referencia. Y ese listón no entiende de treguas.
En España, el debate lleva meses en la agenda pública. El Gobierno ha defendido que cualquier aumento del gasto vaya acompañado de retorno industrial, contratos para empresas nacionales y capacidad tecnológica propia, y subraya que su hoja de ruta es compatible con el marco aliado. La oposición reclama acelerar los plazos. El sector de defensa nacional —con Indra, Navantia o Airbus entre los actores principales— mira el calendario con atención.
La comparación con otros socios europeos tampoco es trivial. Alemania ha convertido el rearme en su gran proyecto de legislatura; Polonia lleva años por encima del 4% del PIB; Francia insiste en una autonomía estratégica europea. Cada capital juega su carta, y ninguna quiere quedarse atrás si el paraguas americano se repliega.
A eso se suma un factor de mercado. Un acuerdo que rebaje la tensión en el este de Europa puede aliviar los precios de la energía —gas y petróleo—, pero también tensiona a la baja las carteras de los fabricantes de armamento, que llevan dos años cotizando en máximos.
La Lógica de Washington
Entender por qué Trump empuja hacia un acuerdo requiere mirar hacia dentro de la política americana. El presidente hizo de la guerra de Ucrania una de sus promesas de campaña más repetidas: terminarla, y hacerlo rápido. Su electorado —una coalición que combina el ala aislacionista del Partido Republicano, la doctrina America First y una parte del mundo empresarial— no quiere seguir financiando un conflicto a miles de kilómetros.
El precedente más cercano está en su propio primer mandato. En febrero de 2020, su Administración firmó el acuerdo de Doha con los talibanes, que abrió la puerta a la salida de Afganistán. La lógica fue la misma que ahora: un presidente que quiere cerrar un frente abierto y reordenar prioridades. También Reagan buscó un entendimiento con Gorbachov en Reikjavik en 1986, con otra correlación de fuerzas y otro desenlace.
Dentro del Partido Republicano, el movimiento tiene apoyos y recelos. El ala de la contención, con figuras como JD Vance, ve en el acuerdo una oportunidad para reorientar recursos hacia el indo-Pacífico y la competencia con Pekín. Los halcones del Senado —los senadores más partidarios de la línea dura frente a Moscú—, en cambio, advierten de que un pacto precipitado puede consolidar las ganancias territoriales rusas. La incógnita está en en la letra pequeña: qué garantías de seguridad se ofrecen a Kiev y quién las paga.
La proyección tiene fechas. La cumbre del G20 en Miami, prevista para diciembre, aparece como la ventana natural para una cita a tres bandas, aunque Trump no la ha confirmado. Antes, el invierno marca el ritmo. Cosas que pasan en 2026.
Ficha del Caso
- El caso: Trump y Zelenski se reunieron este martes al margen de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, y el presidente estadounidense anticipó un acuerdo entre Rusia y Ucrania antes del invierno.
- Datos clave: Zelenski cifró la guerra en más de cuatro años y medio; Trump mencionó un posible encuentro a tres bandas en el G20 de Miami y recordó la cumbre previa en Alaska.
- Para España: Un final del conflicto aceleraría la discusión sobre el gasto en defensa comprometido con la OTAN, con impacto directo en el Presupuesto y en la industria nacional del sector.

