Illa marca distancias con Junts ante el 29-N: «Cataluña será decisiva, apartaos»

El líder del PSC exige al electorado de Puigdemont que se defina y sitúa Tarragona y Girona como claves del Senado. Junts rentabiliza la equidistancia desde el 23-J y el envite puede reactivar el agravio.

Illa ha convertido la equidistancia de Junts en el eje de su discurso para el 29-N. El president de la Generalitat y líder del PSC lo ha escenificado en el mitin de precampaña de Tarragona, junto a Pedro Sánchez, con una frase destinada a repetirse: ‘Será decisiva, los que estéis en medio, apartaos, por favor’.

No es una frase improvisada. El PSC compite desde hace meses por el votante que en 2023 eligió a Junts como palanca y que ahora duda entre mantener esa palanca o cambiarla por un socio de gobierno. A ese votante Illa no le pide fidelidad. Le pide que se defina.

El ‘miedo a decidir’ que Illa atribuye a Junts

El núcleo del discurso fue una definición: ‘Estar en medio no es ser neutral, es tener miedo a decidir’. Aplicada a la formación de Carles Puigdemont, la frase es algo más que una ironía de mitin. Es la acusación de que la equidistancia ha dejado de ser una táctica rentable y se ha convertido en un refugio.

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La pregunta que lanzó desde el escenario fue más lejos: cómo se puede estar en el medio entre ‘unos autoritarios’ que aspiran a gobernar y el Ejecutivo actual. Y añadió el aviso que el PSOE repite en cada parada: la derecha que quiere llegar a la Moncloa ‘se ha manifestado contra Cataluña’ y pretende retirar las lenguas cooficiales del Congreso. Esas lenguas se admitieron en el Congreso de los Diputados en septiembre de 2023, y ese es hoy el terreno de fricción que Illa explota con más comodidad.

Tarragona, el corredor y una sola papeleta en el Senado

El escenario no era neutro. Illa desgranó lo que, a su juicio, el Ejecutivo de Sánchez ha hecho por la provincia: el Corredor Mediterráneo, el patrimonio histórico de Tarragona, la gigafactoría el polígono petroquímico y ‘el turismo bien entendido’. Es su manera de traducir la campaña a kilómetros de vía y a puestos de trabajo, que es como se gana un mitin en el Camp de Tarragona.

A ese listado sumó un argumento institucional que en el PSC consideran rentable: en Tarragona y Girona hay ‘una única papeleta’ para el PP y Vox en la elección de la Cámara Alta, la de la formación verde. ‘Han instrumentalizado al Senado contra el Gobierno y ahora quieren ir más allá, por eso renuncia el PP’, lamentó.

En el PSC no piden neutralidad: piden que el electorado catalán elija entre seguir contando en Madrid o quedarse en el gesto.

Pedro Sánchez cerró el acto con el marco de siempre, aunque subido de tono: Feijóo y Abascal son ‘un viaje al pasado’ y, si el 29-N acuden a votar en masa, los suyos enviarán ‘a casa’ a los dos. ‘El pasado, pasado está. España necesita cuatro años más de avances y eso es lo que os pedimos’, recalcó. La letra pequeña es otra: no le basta con una mayoría simple.

El jefe del Ejecutivo defendió su gestión de las últimas crisis con una idea que funcionará en el tramo final: ‘Nosotros siempre hemos dado la cara frente a aquellos que dieron la espalda a España y dieron la espalda a las víctimas y a sus responsabilidades’. De ahí extrajo el argumento de que hace falta un Gobierno que refuerce los servicios públicos en lugar de recortarlos.

Sánchez se mostró convencido de que la ‘ola de la ultraderecha’ ya se está ‘desmoronando’ en Brasil y en Estados Unidos, y de que lo hará también el 29-N en España. ‘Lo siento por Feijóo y Abascal, que se querían subir a esa ola’, dijo. El PSOE acompañó el acto con mensajes en redes contra el líder del PP por esconder, según los socialistas, sus fotos con Milei y por negar haber estado con Trump.

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El envite incomoda también al PSC

La lectura política no se agota en el escenario. Junts hace de la equidistancia su principal activo desde el 23-J, cuando sus siete diputados se convirtieron en la llave de la investidura de Sánchez. Aquel cálculo le dio capacidad de negociación, visibilidad y un relato: no somos muleta de nadie. Ahora Illa responde que ese relato tiene un coste para Cataluña, y lo hace en el territorio donde el PSC necesita rascar cada escaño.

Hay un riesgo evidente en apretar demasiado. Si el votante independentista percibe que el PSC le exige abjurar antes de votar, la reacción puede ser la contraria: activar el agravio y devolver a Puigdemont el papel de único defensor de la diferencia. En esta redacción entendemos que el envite está calibrado sobre todo para el electorado de ERC, porque los republicanos son quienes compiten con el PSC en el mismo espacio de gestión y de izquierdas.

Queda la letra pequeña. Illa reivindica que Cataluña será decisiva y, al mismo tiempo, pide a los que están en medio que se aparten. Traducido: quiere peso catalán en Madrid, pero por un solo canal y sin precio que negociar cada trimestre. Es una tesis coherente y también una tesis que reduce el margen de maniobra de la Generalitat si, después del 29-N, vuelve a necesitar los votos de Junts en el Parlament para cualquier mayoría.

El precedente de las catalanas de 2024 avala su optimismo: el PSC ganó con holgura y gobernó sin necesidad de los posconvergentes. El 29-N es otro tablero, con la Cámara Alta en juego y con dos provincias, Tarragona y Girona, donde el Senado se decide por puñados de votos. Ahí el ‘apartaos’ deja de ser retórica y se convierte en aritmética.

La cita es el domingo 29 de noviembre. Hasta entonces, cada mitin medirá si el electorado catalán premia la claridad que exige Illa o si prefiere seguir en el medio, que es donde Junts lleva cómodo desde hace tres años.