Pocas cosas han subido tanto en la cocina española como el aceite de oliva. Se ha convertido en ese ingrediente que se mira dos veces antes de echar un chorro generoso sobre la ensalada y que ha empujado a media España a dejar de freír con tanta alegría. Por eso, cuando el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación publica su aforo, el sector entero contiene la respiración.
El veredicto de este año ya está sobre la mesa: la próxima campaña de aceite de oliva será media-alta. El Ministerio habla de una producción que rondará los 1,6 millones de toneladas, un 23% más que en la campaña 2025/2026 y nada menos que un 35% por encima de la media de las últimas seis. Son cifras, sobre el papel, para respirar tranquilos.
Eso sí, conviene no cantar victoria demasiado pronto. El aforo es una foto fija de finales de septiembre y todavía quedan meses por delante. Noviembre, diciembre y enero son los que deciden: es cuando se cosecha la aceituna y cuando un golpe de calor tardío o una helada temprana pueden dar al traste con las previsiones. La película, como siempre en el campo, no está terminada.
Un aforo optimista: 1,6 millones de toneladas
Donde el Ministerio se muestra más eufórico es en Andalucía, la locomotora del sector. El aforo estima que la comunidad aportará hasta 1,26 millones de toneladas, lo que equivale al 79% de toda la producción nacional. Dicho de otro modo: de cada diez litros de aceite español, casi ocho saldrán del sur peninsular.
La subida respecto a la campaña anterior en Andalucía se calcula en torno a un 29%, y Jaén vuelve a ejercer de motor con el 36% del total del país. Ese peso explica por qué cualquier variación en la provincia jienense acaba moviendo los precios en los lineales de toda España.
El aforo invita al optimismo, pero quien lleva años en esto sabe que el olivar no firma promesas hasta que la aceituna está dentro de la almazara.
Las tres claves de una campaña media-alta
¿Qué sostiene ese optimismo? El informe del Ministerio se apoya en tres factores que conviene tener claros.
- Un año hidrológico generoso en el sur: las lluvias han acompañado en el sur peninsular, que es donde se juega la mayor parte de la producción nacional.
- Ni una ola de calor en primavera: el cuajado de la flor es un momento crítico y este año las temperaturas respetaron ese periodo.
- El secano, única incógnita: el calor del verano sí puede pasar factura a los olivares de secano, aunque un otoño lluvioso todavía puede resarcir parte del daño.
Aragón y Cataluña, las dos regiones en rojo
La alegría, como casi siempre, va por barrios. El aforo dibuja un desplome en dos comunidades del noreste: Aragón caerá hasta un 27% y Cataluña un 22% respecto al año anterior. El culpable vuelve a ser el mismo de siempre, el calor, que ha castigado con dureza las zonas productoras de ambas autonomías.
En Aragón la cosa es todavía más cruel, porque no solo ha sido el termómetro. El granizo y los vientos fuertes han hecho mella en algunos olivares hasta el punto de que varios productores han perdido la mitad de la cosecha en cuestión de días. En el cómputo nacional, eso sí, el golpe queda amortiguado: entre ambas comunidades apenas suman 43.000 toneladas (30.344 por el lado catalán y 12.490 por el aragonés).
Qué significa para el precio del aceite de oliva
Aquí llega la pregunta que de verdad importa al consumidor. Con una producción de 1,6 millones de toneladas y unas existencias que, según el Gobierno, rondan las 289.000 toneladas a 1 de octubre, hay margen suficiente para aguardar la nueva cosecha sin grandes sobresaltos en el precio final. Traducido: no deberíamos ver las subidas desorbitadas de hace un par de temporadas.
Aun así, yo no me lanzaría a llenar la despensa. El aforo es una estimación, no una promesa, y el olivar tiene la mala costumbre de recordárnoslo cada otoño. Si las lluvias de estas semanas se portan, la campaña se confirmará; si el tiempo se tuerce en noviembre, las cuentas cambiarán.
Para quien cocina a diario, la lectura práctica es sencilla: si la campaña se confirma, el aceite de oliva volverá a ser ese ingrediente que se usa sin calcular. Y eso, en una cocina donde la freidora de aire ha ganado terreno precisamente por el precio del aceite, no es poca cosa. El Ministerio actualizará sus previsiones en las próximas semanas y entonces sabremos si el 27% de Aragón se queda en anécdota o marca tendencia.

