El Consejo UE aprueba el Reglamento de Retorno y los centros de migrantes: España vota en contra

El Consejo de Ministros de Interior cierra el último trámite de la norma, que permite abrir centros en países ajenos a la UE y eleva la detención de migrantes hasta los 24 meses. Solo Bélgica ha acompañado a España, y lo ha hecho absteniéndose.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Consejo de Ministros de Interior de la UE ha dado este jueves en Luxemburgo la luz verde definitiva al Reglamento de Retorno, la norma que habilita la creación de centros para migrantes en terceros países. España ha sido el único Estado que ha votado en contra; Bélgica se ha abstenido.
  • ¿Quién está detrás? Los Veintiséis restantes, con Italia y Dinamarca como impulsores desde la carta de mediados de junio, y con la Comisión Europea y el Parlamento Europeo ya favorables. El comisario de Interior y Migración, Magnus Brunner, ha defendido el texto.
  • ¿Qué impacto tiene? España queda aislada en el Consejo, sin socio para formar minoría de bloqueo. Los primeros centros —probablemente en África— podrían abrir en la segunda mitad de 2027, impulsados por Grecia, Alemania, Austria, Dinamarca y Países Bajos.

El Consejo de la UE ha aprobado el Reglamento de Retorno, la norma que abre centros de migrantes en terceros países. España ha sido el único voto en contra; Bélgica se ha abstenido y el resto de socios ha respaldado el texto.

La luz verde ha llegado en Luxemburgo, en una reunión de ministros de Interior de los Veintisiete que cerraba el último trámite. El ministro español Fernando Grande-Marlaska ha votado en contra siguiendo la línea del Ejecutivo de Pedro Sánchez, que duda de la compatibilidad de estos centros con el Derecho europeo e internacional. El titular irlandés de Asuntos Internos, Jim O’Callaghan, ha defendido la norma antes de la votación: ‘Esta importante regulación acelerará los procedimientos de retorno de aquellos que no tienen derecho legal a permanecer en la UE’.

Qué dice el Reglamento de Retorno y cuándo empieza a aplicarse

Estos centros podrán funcionar como destino final para los migrantes que entren en territorio comunitario o como instalaciones de tránsito para su posterior regreso al país de origen o a un tercero. Los menores no acompañados no podrán ser transferidos a ellos. La medida complementa al Pacto sobre Migración y Asilo, en vigor desde junio, y según Bruselas permitirá aplicarlo de forma efectiva.

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En el capítulo de garantías, el reglamento endurece la política migratoria en varios frentes. Los demandantes de asilo quedan obligados a cooperar con las autoridades para agilizar su expulsión si se les deniega la protección. Los repatriados podrán ser detenidos hasta 24 meses —con una prórroga de seis más— si no cooperan o si existe riesgo de fuga. Hasta ahora el máximo eran seis meses, ampliables a doce. Como medida de último recurso, esos plazos podrán aplicarse también a menores no acompañados y a familias con niños pequeños.

El comisario europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner, ha justificado el texto con la frontera de Ceuta en la boca: ‘Europa necesita medios para responder cuando ocurran movimientos masivos como Ceuta.’ Brunner ha presumido de la caída del 55% en cruces fronterizos irregulares en los últimos dos años. El Consejo ha anunciado además un ‘marco de trabajo europeo en respuesta a la inmigración’ para movimientos masivos como los del pasado julio en la ciudad autónoma.

España ya había perdido esta votación en junio, cuando se quedó fuera de la carta que Dinamarca e Italia hicieron firmar a diecinueve socios.

La aplicación llegará en un plazo de doce meses desde la entrada en vigor, aunque algunas disposiciones —el aval para los centros en terceros países y el apoyo a la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex)— empezarán a operar en cuanto el texto se publique en el Diario Oficial de la UE. Hasta esa publicación, los Veintisiete seguirán rigiéndose por la norma anterior.

Por qué España se ha quedado sola en el Consejo

centros migrantes terceros países

Esta votación confirma un aislamiento que venía de lejos. España no firmó la carta que a mediados de junio enviaron diecinueve líderes europeos al Consejo, impulsada por Dinamarca e Italia, para pedir que se avanzara con rapidez en la creación de centros de repatriación en terceros países. El Gobierno de Sánchez lleva meses expresando reservas sobre la legalidad de externalizar la acogida; el resto de los Veintisiete las ha ignorado.

La abstención de Bélgica no basta para formar minoría de bloqueo, que en el sistema de voto por mayoría cualificada exige al menos cuatro Estados miembros que representen más del 35% de la población de la UE. En la práctica, España ha votado sola.

El precedente más citado es el de Italia. La primera ministra Giorgia Meloni abrió centros para migrantes en Albania, un modelo que la Justicia italiana ha cuestionado en varias ocasiones y que ahora Bruselas generaliza para todo el club. Grecia, Alemania, Austria, Dinamarca, y Países Bajos negocian ya el primer emplazamiento conjunto, probablemente en África, con la segunda mitad de 2027 como horizonte.

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Todo esto no es una medida aislada. El Reglamento de Retorno cierra el paquete del Pacto sobre Migración y Asilo y abre la puerta a la siguiente pieza: el mecanismo de emergencia que Grecia ha reclamado en Luxemburgo para suspender temporalmente las solicitudes de asilo en crisis graves. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ya apuntó esa vía en su discurso sobre el estado de la Unión, al hablar de ‘flexibilizar temporalmente’ los procedimientos en circunstancias de emergencia.

El Eje del Poder Europeo

Lo que ha ocurrido este jueves en Luxemburgo no es una votación de gestión más: es la foto de la nueva geometría europea en materia migratoria. El eje del norte —Dinamarca, Países Bajos, Austria y una Alemania que busca descargar presión interna— empuja junto a Italia, ahora en el centro del tablero. Grecia se suma pidiendo ir más rápido todavía. En el extremo opuesto, España se ha quedado sin aliados: solo Bélgica se ha movido, y lo ha hecho para abstenerse.

Para España el coste es doble. En el plano europeo, la Moncloa pierde capacidad de influencia en el expediente migratorio, terreno donde la relación con Bruselas y con los socios del norte ya venía desgastada desde los episodios de Ceuta del pasado julio. En el plano interno, el voto en contra da munición a la oposición, que podrá sostener que el Gobierno se ha quedado solo en Europa mientras la presión migratoria sobre Canarias y el Estrecho no baja.

La lectura a medio plazo no es la de un texto aislado, sino la de una política en marcha. Grecia aspira a abrir un centro en África durante su presidencia del Consejo, con Uganda y Ruanda como candidatos sobre la mesa según la prensa griega, dos países que no figuran en la lista común de países de origen seguros. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ya advirtió, cuando entró en vigor el Pacto, de un ‘enfoque restrictivo de derechos’ y de una agenda legislativa que no se detiene.

Nuestro análisis es que Europa ha cerrado una etapa y ha abierto otra sin resolver la pregunta de fondo: qué ocurre cuando un Estado miembro cuestiona la legalidad de una norma que se aplicará igualmente en todo el territorio. España ha perdido esta votación. El próximo hito es la publicación del Reglamento en el Diario Oficial de la UE, sin fecha cerrada aún, que activará los centros en terceros países; después llegará el mecanismo de emergencia que Grecia ya reclama. Ahí se volverá a medir quién manda en política migratoria europea.