Adiós a la ternera: McDonald’s dispara el pollo en sus menús por el precio

La compañía quiere sumar 1,5 puntos de cuota en el mercado mundial de pollo frito hasta 2030, donde aún controla el 20% frente al 40% de las hamburguesas. El precio de la carne picada de vacuno en EEUU acumula una subida superior al 50% desde 2021.

Hay un momento en el que el cliente habitual de McDonald’s mira el panel de pedido y ya no reconoce su propia rutina. Entre las hamburguesas han aparecido alitas, tiras, sándwiches crujientes y bocados de pollo que antes eran comparsa y ahora piden sitio en la primera fila. No es una impresión: la compañía ha decidido que su próximo crecimiento pasa por el pollo.

McDonald’s se ha marcado un objetivo concreto: sumar 1,5 puntos de cuota en el mercado mundial de comida rápida de pollo hasta 2030. Hoy controla en torno al 20% de ese negocio, una cifra que palidece frente al dominio que mantiene en las hamburguesas de vacuno, donde supera el 40%. El secundario del menú pasa a ser la apuesta de crecimiento.

Detrás del movimiento hay una razón que cualquier comprador reconoce al mirar el ticket. El precio de la carne picada de vacuno en Estados Unidos acumula una subida superior al 50% desde 2021, según recogía el Financial Times, mientras el pollo gana popularidad por precio, versatilidad y una percepción más ligera como proteína. Cuando el comensal aprieta el bolsillo, el filete pierde.

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Los números de la propia compañía refuerzan la tesis. Jill McDonald, directora global de experiencia en restaurantes, explicó ante los inversores que el pollo genera ya unos 130.000 millones de dólares anuales en la industria de la comida rápida y que las ventas crecen cerca de un 5% al año en sus diez principales mercados. El vacuno mueve unos 50.000 millones y avanza al 3%.

Solo los McNuggets aportan alrededor de 15.000 millones de dólares al año. El pollo ya no es comparsa.

La apuesta llega, eso sí, en un momento incómodo. Las acciones acumulan una caída cercana al 20% este año y las ventas comparables en Estados Unidos apenas crecieron un 0,8% en el segundo trimestre, por debajo del avance internacional. El problema de fondo son los consumidores de rentas bajas, motor histórico de la comida rápida, que han reducido su gasto y obligan a las cadenas a competir en precio y en producto.

El pollo dejó de ser el acompañante barato: hoy es la vía por la que McDonald’s quiere recuperar al cliente que mira cada céntimo.

El secreto del éxito

Tres claves explican el giro.

  • El precio manda: la carne de vacuno se ha encarecido más de un 50% en Estados Unidos desde 2021 y ese diferencial empuja al cliente hacia proteínas más baratas.
  • El pollo crece más rápido: su mercado avanza a un 5% anual, casi el doble que el del vacuno.
  • La cuota está en juego: el objetivo es rascar 1,5 puntos globales hasta 2030 partiendo del 20% actual.

Ingredientes: los números que mueven el menú

  • 20% de cuota en el mercado mundial de pollo de comida rápida.
  • Más del 40% de cuota en hamburguesas de vacuno.
  • Un 50% de subida en el precio de la carne picada de vacuno en EEUU desde 2021.
  • 130.000 millones de dólares anuales mueve el pollo en la industria de la comida rápida.
  • 15.000 millones factura al año solo la familia de los McNuggets.

Cómo se cocina el cambio, paso a paso

El primer movimiento ya está en marcha en Asia: McDonald’s vende pollo empanado a mano en unos 10.000 restaurantes y prueba el sistema en Estados Unidos e Irlanda. La diferencia con lanzar una hamburguesa nueva no es cosmética. Rebozar al momento exige más plantilla por turno, equipamiento específico, y protocolos de seguridad alimentaria más estrictos, según explicó al Financial Times Danilo Gargiulo, analista de Bernstein.

Hay un segundo frente, más silencioso. La compañía revisa productos que llevan décadas en cocina, empezando por los propios McNuggets, y ajusta tiempos de cocción y procesos. En paralelo, sus restaurantes estadounidenses libran la batalla del tráfico con promociones y menús ajustados: el cliente de renta baja no vuelve por una campaña de marca. Vuelve por precio.

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Aquí conviene una advertencia de cocina, aunque suene rara en un artículo de estrategia. He comido pollo empanado en cadenas que fríen al momento y en otras que recalentan lo que llegó congelado, y la diferencia se detecta en el primer mordisco. El rebozado hecho en el restaurante llega crujiente por fuera y jugoso por dentro; el recalentado, seco y blando a la vez.

Variaciones y maridaje

Si apetece llevar la idea a casa, la versión casera pide contramuslo deshuesado antes que pechuga: tiene más grasa y aguanta mejor la fritura. Se marina 30 minutos en suero de leche o en leche con unas gotas de limón, se pasa por harina con pimentón y ajo en polvo, y se fríe a 170 ºC entre 4 y 5 minutos por cara. Después, cinco minutos de reposo sobre una rejilla, nunca sobre papel absorbente.

Para beber, una limonada muy fría o un té helado con cítrico cortan la grasa del rebozado mejor que cualquier refresco dulce. Y el pollo empanado aguanta en la nevera entre 24 y 48 horas; se recupera en freidora de aire a 180 ºC durante 6-8 minutos. El microondas lo deja gomoso, así que mejor no intentarlo.

McDonald’s seguirá vendiendo hamburguesas, y probablemente más que nadie, como recuerda la propia historia de la cadena. Pero su próxima gran batalla no se librará entre dos panes: se librará entre dos piezas de pollo.