Las encuestas de septiembre dejan al PSOE bajo el 26 % y llevan a PP y Vox a máximos anuales.
La media de los sondeos difundidos el mes pasado —nueve estudios de los diez conocidos— coloca a los socialistas en el 25,9 %, cuatro décimas menos que en julio y su suelo de toda la legislatura. Su proyección de escaños también toca mínimos: 103 diputados, frente a los 105,9 que se les atribuían en julio.
El PP sube siete décimas y llega al 33,2 %, su mejor registro de 2026. Vox gana ocho décimas y firma el 18,4 %, su cota más alta desde febrero. La suma de ambos supera el 51 % de intención de voto y roza los 207 escaños —142,8 para los de Feijóo y 64,1 para los de Abascal—, a un paso de los 210 que marcan los tres quintos de la Cámara.
La lectura que hace Vox de estos datos excede el porcentaje. Según fuentes de la dirección nacional consultadas por este medio, el desgaste socialista no responde a un mal mes, sino a una tendencia sostenida que la formación lleva meses señalando desde la oposición. El 18,4 % no es todavía su techo de 2026, pero sí el punto más alto desde febrero, y llega con el PP también en ascenso. Ahí está, a juicio de la dirección, el dato relevante: la derecha crece entera.
El argumentario del partido subraya un hecho que la propia media demoscópica refleja. No es solo que el PSOE caiga: el bloque de la izquierda se encoge completo. Sumar pierde siete décimas y se queda en el 5,8 %, mínimo del año, con 7,4 diputados frente a los 26 que tiene en la actualidad. Podemos suma una décima y se mantiene en un 3,3 %. Para Vox, ese dato desactiva el relato del voto útil hacia el centroizquierda y refuerza su oferta en inmigración, seguridad, fiscalidad y agua.
A eso se suma el desgaste legislativo del Ejecutivo. Los dos decretos que el Gobierno no logró sacar adelante han dejado la legislatura pendiente de un hilo, y la crisis de la vivienda ha desplazado a Ceuta como foco principal de las portadas. En ese terreno, Vox sostiene que su agenda —derogación de la ley estatal de vivienda, actuación firme contra la okupación— gana recorrido como eje de campaña.
El bloque de la izquierda no se reparte mejor: se encoge entero. Y en ese hueco es donde Vox sitúa su oportunidad.
Qué margen real tiene un adelanto electoral
Conviene, eso sí, poner los números en su sitio. Una media de encuestas no es un resultado electoral, y la distancia entre el 18,4 % de Vox y su suelo real depende de la provincia y del sistema de reparto. Con todo, la aritmética del bloque es la mejor del año: 142,8 diputados para el PP y 64,1 para Vox, una mayoría que se quedaría a tres escaños de los tres quintos, el umbral que en el Congreso de los Diputados permite determinadas reformas constitucionales.
La pregunta que sobrevuela estos días es otra: ¿habrá adelanto electoral? Pedro Sánchez no ha dado señal alguna de disolver las Cortes y ninguna encuesta obliga a convocar elecciones. Lo que sí está sobre la mesa es el calendario legislativo. Si el Gobierno encadena nuevas derrotas parlamentarias, la presión interna en el grupo socialista condicionará cualquier estrategia de Vox, un escenario para el que la dirección del partido asegura estar preparada.
El socio necesario sigue siendo el PP. Alberto Núñez Feijóo no ha aclarado si llevaría a Vox a un Gobierno de coalición en el plano estatal, y el recuerdo de las rupturas de los ejecutivos autonómicos compartidos pesa en ambas direcciones. Vox mantiene sus condiciones: inmigración, seguridad, fiscalidad y derogación de las leyes que considera ideológicas. El PP responde, por ahora, con silencio.
La estrategia de Vox ante el nuevo tablero
Con estos mimbres, la dirección de Vox trabaja con una hipótesis simple: el desgaste del PSOE y el mínimo del bloque de la izquierda permiten al partido competir por el segundo puesto del tablero sin renunciar a su perfil propio. La tentación de diluirse en el voto útil hacia el PP existe en cualquier escenario de suma. La línea que mantiene Santiago Abascal apunta en sentido contrario: subrayar diferencias y no entregar el discurso.
El precedente de julio de 2024 sirve de aviso. Entonces Vox rompió los gobiernos de coalición que compartía con el PP en varias comunidades autónomas a cuenta del reparto de menores migrantes no acompañados. La decisión le costó varios ejecutivos, pero consolidó un perfil que la dirección reivindica ahora. Con el ciclo electoral en el aire y las encuestas de septiembre en la mano, Vox espera su momento. No tiene prisa. Nuestra lectura es que el partido juega a medio plazo: sin mover ficha antes de tiempo y a la espera de que el tablero se mueva solo.

