Junts agota a la legislatura: los socios ven las elecciones, pero no todos las quieren

Junts ha tumbado los decretos de vivienda y ha instalado en el Congreso la sensación de final de ciclo. Ferraz insiste en agotar el mandato mientras la izquierda busca una candidatura única.

Los socios parlamentarios del Gobierno dan por agotada la legislatura tras el ‘no’ de Junts a los decretos de emergencia de vivienda, aunque una parte de la izquierda prefiere ganar tiempo antes de que la incertidumbre desemboque en un adelanto electoral.

La escena del Congreso del pasado viernes lo dijo todo. Diputados que preguntaban a los periodistas cómo veían el panorama, y pasillos de la Carrera de San Jerónimo recorridos por una pregunta sin respuesta: cuánto le queda a esta legislatura. Los decretos llevados al hemiciclo buscaban contener la escalada de precios de la vivienda, uno de los asuntos que más ha tensionado la relación entre el Ejecutivo y sus apoyos.

El Real Decreto-Ley es una norma con rango de ley que el Gobierno aprueba en Consejo de Ministros y que el Congreso debe convalidar o rechazar en un plazo de treinta días. Cuando la convalidación falla, el texto decae. Con Junts en contra, la aritmética se estrecha y obliga a Ferraz a rehacer mayorías pieza a pieza.

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Lo que observamos es un patrón que se repite desde el arranque de la legislatura: ninguna votación está garantizada hasta el último minuto. La mayoría de investidura de 2023, la más fragmentada de la democracia reciente, se sostiene sobre equilibrios frágiles. Cada socio mide el coste de sostener al Gobierno y el coste de tumbarle.

Y aquí está la paradoja. Quienes ven el final de la legislatura no coinciden en cómo administrarlo. Unos reclaman elecciones cuanto antes, convencidos de que el desgaste juega en contra del Ejecutivo. Otros piden resistir, alargar el calendario y rentabilizar cada avance social.

La mayoría que sostuvo la investidura no está rota, pero se ha vuelto tan elástica que cada votación se negocia desde cero.

El ‘no’ de Junts y el mapa de mayorías en el Congreso

La negativa de Junts no es un episodio aislado. La formación independentista ha convertido cada trámite en una reivindicación de su peso negociador, y el precio de su apoyo no ha dejado de subir. Para el Grupo Parlamentario Socialista, que gestiona una mayoría sin mayoría absoluta, el margen de maniobra se reduce a un puñado de votos que cambian de manos según el día.

Esa geometría variable explica por qué nadie quiere dar el primer paso hacia las urnas. Un adelanto electoral sería, al mismo tiempo, el reconocimiento de un bloqueo y una apuesta de alto riesgo para todos los actores implicados.

Una izquierda sin líder ni alianza definidos

El problema de fondo es que la alternativa no está dibujada. La izquierda del Gobierno, con el PSOE como fuerza central, no ha cerrado una candidatura única ni ha resuelto su relación con los socios que hoy condicionan cada votación. Ferraz insiste en que el proyecto sigue vivo y en que el foco está en gobernar.

En el PSOE hay una lectura que se repite en las conversaciones de pasillo: conviene no precipitar nada. Fuentes de la dirección federal subrayan que la prioridad es cerrar el año legislativo con los Presupuestos y con los compromisos sociales ya pactados. La consigna, traducida, es resistir.

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El Eje del Poder Socialista

En Ferraz conviven dos instintos. El de la cúpula, que defiende agotar el mandato y presentar la legislatura como la de los avances sociales pese al ruido parlamentario. Y el de algunos barones territoriales, que miran con inquietud un desgaste que también salpica a sus gobiernos autonómicos. Emiliano García-Page ha repetido que el partido debe hablar de gestión y no solo de resistir, mientras otros presidentes socialistas prefieren no mover la agenda federal en plena incertidumbre.

Cada bloqueo en el Congreso se traduce en en menos dinero para vivienda, para dependencia o para los ayuntamientos, y quienes lo notan primero son las comunidades y los consistorios gobernados por el PSOE. Ferraz lo utiliza como argumento: tumbar al Gobierno no debilita solo a Sánchez, también frena la maquinaria que reparte recursos, en el territorio.

No es la primera vez que un Gobierno socialista convive con mayorías resbaladizas. Felipe González gobernó en minoría entre 1993 y 1996 y tuvo que pactar cada Presupuesto con Convergència i Unió. Entonces, como ahora, la clave era mantener abierto el canal de negociación y no confundir la debilidad aritmética con la falta de proyecto.

La lectura a medio plazo es clara para los socialistas: cada socio que se descuelga encarece la gobernabilidad y refuerza el relato del bloqueo, mientras el PP y Vox esperan agazapados a que la aritmética haga su trabajo. El riesgo no es solo parlamentario. Si la mayoría se rompe antes de tiempo, el PSOE se juega la posibilidad de poner en valor los avances sociales de estos años.

La próxima convalidación de decretos y la negociación de los Presupuestos se perfilan como las dos citas que decidirán si la legislatura muere en el hemiciclo o llega hasta el final. Ferraz trabaja con la hipótesis de que todavía hay tiempo.

🌹 El Apunte de Ferraz

  • Mensaje fuerza: Defensa de la estabilidad como condición para el Estado del bienestar: gobernar hasta el final y no entregar la agenda social a la incertidumbre de un adelanto.
  • Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE) y Emiliano García-Page (presidente de Castilla-La Mancha).
  • Próximo hito: La próxima convalidación de decretos en el Congreso y el arranque de la negociación de los Presupuestos.