3De mueble auxiliar a despacho móvil: cómo usarlo como puesto de trabajo dentro y fuera de casa
Lo que convierte a este carrito de baño en un puesto de trabajo es su geometría: 54 cm de ancho, 18 cm de fondo y 71 cm de alto. Esas medidas le permiten colarse en el hueco que queda entre la mesa y la pared o entre dos muebles sin robar ni un centímetro de suelo, y sus tres bandejas de bordes elevados evitan que nada se caiga cuando se empuja. Con cuatro ruedas que giran 360º, un solo gesto basta para trasladar el material de una habitación a otra: en el nivel superior caben el portátil, la tablet o el teclado inalámbrico, y en los inferiores, cuadernos, cables y auriculares que normalmente acaban invadiendo la mesa del comedor. IKEA cifra la carga máxima en 6 kg, suficiente para ese equipo básico pero no para una impresora voluminosa, y el montaje se resuelve encajando las piezas a presión, sin herramientas ni taladro.
Su otro gran argumento es que se lleva consigo. Pesa menos de 2 kg, las piezas se unen (y se separan) a presión sin necesidad de utensilios y el paquete ocupa una caja estrecha, de modo que se puede desmontar y guardar en el maletero para reproducir el mismo rincón de trabajo en una segunda residencia, una oficina compartida o una habitación de alquiler. A eso se suma el precio: 9,99 euros, frente a los 29,99 del RÅSKOG o los 59,99 del RÅGRUND, sus alternativas más vendidas en la misma tienda. El polipropileno con al menos un 50% de material reciclado se limpia con agua y jabón, y las baldas tienen orificios de desagüe, así que un café derramado no supone un drama. Está pensado para interiores, pero su resistencia a la humedad lo hace apto para zonas como una terraza cubierta.

