Narcotráfico en la costa andaluza: los ‘cachorros de la mafia’ disparan por kilos de hachís en Algeciras y Marbella

La Policía Nacional halló el arsenal en un coche robado en Portugal y aparcado en Puerto Banús con placas suecas falsas. Los tres detenidos ya están en prisión y en un centro de internamiento cerrado.

La Policía Nacional detiene en Marbella a tres cachorros del narcotráfico en la costa andaluza, dos de ellos menores de edad. Guardaban cinco pistolas semiautomáticas en un coche robado en Portugal.

Todo arrancó con un aviso llegado desde Portugal: un vehículo sustraído allí había reaparecido en Marbella. Los agentes tenían el modelo, el color, la matrícula y hasta el número de bastidor. Lo localizaron en el aparcamiento de Benabola, en Puerto Banús, con las placas cambiadas por otras falsas de Suecia. Llevaba tiempo estacionado y los investigadores están convencidos de que estaba allí por algo.

Cerraron el coche y empezaron a vigilarlo. Los tres sospechosos vivían en la zona, salían siempre juntos y frecuentaban clubes de cannabis y fumaderos. En la calle hacían de punto y pasaban droga al menudeo. Cada vez que se acercaban al vehículo se ponían guantes de látex para no dejar huellas, y en ocasiones iban encapuchados.

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Los tres eran británicos. Dos de ellos se habían criado en la Costa del Sol; el tercero no estaba del todo asentado. Uno de los padres acumulaba reseñas en Reino Unido por su relación con el crimen organizado y vivía retirado con su familia en la zona. En su casa había sucesión.

De un coche robado en Portugal al arsenal del parking de Benabola

Lo que más alarmó a los investigadores fue el contenido del vehículo, habilitado como almacén. Dentro aparecieron bolsas de supermercado y de equipaje con cinco pistolas semiautomáticas, machetes y caretas de payaso, además de máscaras de silicona y bates de béisbol. No estaban ocultas: se veían a simple vista. Según las fuentes consultadas de la Udyco Costa del Sol, tenían esas armas allí para estar cerca de algo.

En los dos registros practicados aparecieron 827 gramos de ketamina, 670 gramos de 2CB —el conocido como Tusi o cocaína rosa—, 52 gramos de MDMA y 425 pastillas de éxtasis. También dinero en efectivo en varias divisas: 21.975 euros, 410 libras y 100 dólares. El grupo arrastraba un historial de peleas y lesiones importante, pese a que dos de ellos no habían cumplido la mayoría de edad.

En la costa andaluza el arma ya no distingue edades: cinco pistolas semiautomáticas y caretas de payaso en manos de chavales de 17 años.

La hipótesis principal es que el grupo no protegía droga, sino que preparaba un ajuste de cuentas o un vuelco, el asalto a otro cargamento. Las fuentes apuntan a que las armas llegaron de la mano de los clanes suecos asentados en la costa, con los que estos jóvenes ya habían tenido contacto.

Menores armados y clanes suecos: el mapa que preocupa en el litoral

hachís Andalucía

El precedente más doloroso sigue siendo la muerte de Nacho en Málaga. Tres narcos de un clan somalí de Malmö dispararon a un joven de 20 años que solo se les había quedado mirando desde una escalinata. Lo mataron de dos disparos. La paranoia en la que viven estos grupos convierte cualquier gesto en una amenaza.

La Fiscalía de Menores envió a los dos chavales de 17 años a un centro de internamiento en régimen cerrado. El tercero, que acababa de cumplir los 18, ingresó en prisión provisional, una estancia que en estos entornos sirve tanto para hacer contactos como para ganar galones.

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El temor de los investigadores es que estas canteras reproduzcan en Algeciras y Cádiz las guerras de clanes que desangran Suecia. Los grupos escandinavos asentados en la costa son extremadamente violentos. Actúan con una desconfianza absoluta: si saben que alguien guarda 50.000 euros en casa, pueden entrar a matarlo para llevárselos.

La violencia ya no se mide en grandes cantidades. Disparan por unos kilos de hachís. En Suecia, recuerdan las fuentes, se mata por mil euros o se lanza una granada en un parque por encargo. Ese repertorio ha aterrizado en el litoral andaluz, y quien lo ejecuta cada vez tiene menos años.

La Lectura Andaluza

Andalucía lleva décadas siendo la puerta de entrada del hachís hacia Europa, y el Campo de Gibraltar es el punto donde esa realidad se nota con más crudeza. La coordinación entre la Policía Nacional, la Guardia Civil y la administración autonómica en materia de menores decide si este relevo generacional se queda en una anécdota policial o se convierte en un problema estructural.

El impacto es de proximidad pura. Quien vive del turismo en Marbella o Estepona sabe que la reputación de la costa es su principal activo económico, y un episodio de violencia con armas en manos de menores golpea la confianza de hoteleros, hosteleros y comerciantes que sostienen miles de empleos en la provincia.

Los centros de internamiento de menores infractores en Andalucía dependen de la Junta de Andalucía, que asume la educación, la atención sanitaria y la reinserción de chavales que llegan con historial de peleas. En paralelo, Algeciras y el resto del litoral siguen en el foco de las unidades antidroga, porque el fenómeno no se agota con tres detenciones.

La próxima vez que se abra un maletero en un aparcamiento del litoral, la pregunta será la misma: cuántos años tienen los que van a usar lo que hay dentro. En una tierra que exporta aceite, tecnología y turismo al mundo, la prueba de fuego es que ningún chaval de 17 años acabe con una pistola en la mano por cinco kilos de hachís.