2Valle del Tiétar y Candeleda: otoño en Gredos, en el límite de las dos horas y lejos de los precios de la sierra
Candeleda se queda justo en el límite: el Ayuntamiento de la localidad calcula 183 kilómetros y unas dos horas desde Madrid por la A-5, un margen que apenas deja sitio para más desvíos pero que la mantiene dentro del radio de la escapada de fin de semana. La recompensa es un otoño distinto al de la sierra madrileña, porque el pueblo se asienta en la cara sur de Gredos, en el fondo del Valle del Tiétar, a unos 400 metros de altitud, mientras su término municipal trepa hasta los más de 2.500 del Almanzor. Ese salto explica el microclima: las lluvias otoñales y la práctica ausencia de heladas alargan la temporada de setas hasta bien entrado diciembre, con níscalos, oronjas y seta coliflor entre pinos resineros y robles melojos. La ruta micológica de Las Atalayas, 3,1 kilómetros y 75 metros de desnivel cerca de El Raso, es la excusa perfecta para comprobarlo.
El argumento económico también sostiene la propuesta. Candeleda queda en la vertiente sur, fuera del circuito clásico de la sierra de Madrid, y eso se nota en una oferta de casas rurales familiares que arranca en torno a 22-25 euros por persona y noche. Buena parte del plan, además, es gratis: el castro vetón de El Raso, asentamiento del siglo III a.C. con viviendas reconstruidas sobre el gargantón del Chivato, se recorre sin entrada, igual que la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción o la Casa de las Flores, la vivienda de 1862 que esconde el Museo del Juguete de Hojalata, con más de 2.000 piezas. Y si la estancia se alarga, el 1 de noviembre llega La Moragá, la fiesta de la castaña de raíz celta que se celebra sin organización oficial ni entradas, a base de hogueras y calbotes asados en el campo.
