El pacto de gobierno entre el PP y Vox en Andalucía se ha convertido en el manual de la precampaña del 29-N. Lo que Juanma Moreno aceptó a regañadientes en mayo, cuando se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta, funciona hoy como referencia para el conjunto del partido.
Del ‘lío’ andaluz al laboratorio que mira Génova
La disolución de las Cortes Generales y la convocatoria de elecciones para el 29 de noviembre han reordenado la agenda de todo el PP. Andalucía afrontará entonces su segunda cita con las urnas en poco más de seis meses. La primera, la de mayo, torció el gesto a Moreno, que confió hasta el último momento en revalidar la mayoría absoluta y se quedó a dos escaños del umbral. Vox entró en el Consejo de Gobierno andaluz y lo hizo con rango de vicepresidente.
El PP andaluz tenía previstos sus congresos provinciales para noviembre. Al menos dos, los de Sevilla y Cádiz, estaban fijados para el 28 de noviembre, un día antes de las generales, y esas fechas se modificarán. Fuentes del PP andaluz lo expresan sin matices: ‘todas las acciones y agendas de congresos se sustituyen por las actuaciones de las elecciones generales; los congresos provinciales han salido del plano’.
El modelo, en todo caso, no se inventó en Andalucía. Extremadura, Aragón y Castilla y León lo habían ensayado antes. Lo que cambia ahora es la escala. Trasladado al Congreso, ese esquema obliga a una negociación de investidura en la que los encajes territoriales pesan tanto como los programas. Manuel Gavira, vicepresidente segundo de la Junta, ya ha estampado el primer sello normativo de Vox en el Gobierno de coalición con el decreto de desregulación: revisión de miles de normas, supresión de la cita previa y acortamiento de trámites administrativos.
El peso de Andalucía: 61 diputados y 6,8 millones de electores
Andalucía reparte 61 escaños en el Congreso de los Diputados, más que ninguna otra comunidad. Su censo, 6,8 millones de electores, supera en un millón al catalán. En las generales de 2023 el PP logró 25 diputados, quince más que en 2019; el PSOE se quedó en 21; Vox bajó de doce a nueve y Sumar igualó los seis que Podemos había obtenido cuatro años antes. Los sondeos más recientes, mantienen el liderazgo popular y apuntan a un crecimiento moderado de Vox.
Enfrente, el mapa de la izquierda andaluza llega descosido. El PSOE de María Jesús Montero firmó en mayo uno de los peores resultados de su historia autonómica, con 28 diputados, y sostiene su oposición sobre la sanidad pública y los cribados. Montero acumula un doble papel, como líder de la oposición en Andalucía y como integrante de la ejecutiva federal, y ha defendido públicamente el legado de José Luis Rodríguez Zapatero. Adelante Andalucía, con ocho escaños, ya ha anunciado que concurrirá al 29-N y deja abierta la incógnita de quién encabezará su candidatura. Por Andalucía, con cinco diputados, busca acomodo en el Frente Amplio.
Andalucía no decide por sí sola unas generales, pero marca el tono del pacto que el PP quiere llevar después a Madrid.
El Eje del Poder Popular
En Génova se mira el caso andaluz con prudencia y con cálculo. La dirección nacional no quiere que la campaña derive en un plebiscito sobre Vox, pero sabe que la suma de los dos partidos es la única aritmética que hoy permite imaginar un cambio de Gobierno. Los barones lo tienen claro. Moreno exhibe gestión sin estridencias; Alfonso Rueda y Jorge Azcón conviven con fórmulas parecidas en Galicia y Aragón; Isabel Díaz Ayuso mantiene su propio ritmo y su propia mayoría en Madrid. La lectura interna es que el pacto, cuando se explica con datos, no resta. Suma.
Ese es el aterrizaje real de la operación. En las once comunidades gobernadas por el PP, que reúnen cerca del 60% del PIB, la convivencia con Vox se ha traducido en medidas concretas: desregulación administrativa, rebajas fiscales y simplificación de trámites. El decreto andaluz es el ejemplo más reciente y también el más útil para la precampaña, porque desplaza el debate desde los bloques hacia la gestión. Frente a eso, el PSOE se queda con el argumento de la ‘ultraderecha’, el mismo marco que empleó en mayo sin frenar su caída autonómica.
Hay además un precedente que a nadie se le escapa. En 2011, tras el desgaste de dos legislaturas socialistas, el PP convirtió la ola autonómica en mayoría absoluta en el Congreso. La diferencia es que entonces el acuerdo se cocinó después de las urnas y ahora se ensaya antes, desde los gobiernos territoriales. Génova ha fijado una consigna simple: no anticipar el reparto de carteras y hablar de gestión. Nada nuevo bajo el sol.
El calendario, en cambio, aprieta. Quedan menos de dos meses para el 29-N, los congresos provinciales andaluces se reordenarán alrededor de la campaña y el PP necesitará que la movilización del centro-derecha no se divida. Ese es el reto de verdad. La aritmética manda, y Andalucía es su primer examen.
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: La gestión territorial como aval del pacto: el PP presenta la coalición andaluza como fórmula de gobierno probada, no como concesión.
- Protagonista: Juanma Moreno (presidente de la Junta de Andalucía) y Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del PP).
- Próximo hito: Reordenación de los congresos provinciales del PP andaluz y arranque formal de la campaña del 29-N.

