Vox y el PP escenifican su tregua ante el 29-N con una consigna compartida: no repetir el choque de 2023.
Qué defiende Vox y con qué argumentos
Las direcciones de ambos partidos han dado por superada la etapa de enfrentamientos que marcó la campaña de hace tres años, según la información publicada este martes por Libertad Digital. En Vox sostienen que el orden de las ideas en la derecha ya está resuelto. En el PP lo resumen con una frase: ‘No nos equivocaremos de enemigo’.
El argumentario que maneja el equipo de Santiago Abascal arranca con un dato que la formación repite desde hace meses: gobierna ya con el PP en cinco comunidades autónomas. Sobre ese precedente, fuentes de la dirección del partido aseguran que ‘el debate de las ideas y de qué piensa cada uno ya está ordenado’ y que el electorado conoce la oferta de cada sigla. La petición que trasladan ahora a los votantes es otra: que ‘elijan el equilibrio de fuerzas’.
Sobre esa base se levanta el segundo pilar del planteamiento: la ambición territorial. En la cúpula de Vox admiten que los acuerdos alcanzados en las comunidades son insuficientes y ven en la cita del 29-N ‘una oportunidad para crecer y tener más capacidad de influencia’. La fórmula mide el resultado por peso parlamentario, no por volumen de votos.
Y el temor sobrevuela al socio. En Vox quieren evitar que el PP ‘cometa los mismos errores que hace tres años y vuelva a repartirse ministerios’, en referencia a la negociación posterior al 23 de julio de 2023. Aquella aritmética dejó a la derecha a cuatro escaños de la mayoría necesaria.
La convocatoria añade presión a esa lectura. En Vox y en el PP sospechan de los motivos del adelanto recogido en el Boletín Oficial del Estado y sostienen que la cita llega justo antes de que se precipiten los frentes que acorralan a el Gobierno. El Ejecutivo de coalición, añaden, aparece como el adversario común de toda la derecha.
La tregua de Vox con el PP no se mide en el discurso, sino en el reparto de poder que salga del 29-N.
Qué mide el PP y qué puede romper la tregua
En la dirección nacional del PP asumen que el exceso de confianza de 2023 no se puede repetir. ‘Si no nos volvemos a confiar’, llegó a decir Alberto Núñez Feijóo en su declaración institucional, se ha convertido en consigna interna. Desde el partido aseguran que no se fían de las encuestas y que recorrerán el país ‘palmo a palmo’ durante los 54 días de campaña.
Los populares sostienen además que ‘el problema de España no es Vox sino Sánchez’ y que su objetivo ‘no es la competencia en el discurso con Vox’. La dirección recuerda que la ola de la ultraderecha ya se agitó en Extremadura, Aragón y Castilla y León y defiende que, cuanto más sanchista era el candidato, mayor fue el castigo en las urnas.
El diagnóstico compartido se extiende al calendario. Ninguno de los dos partidos descarta que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ‘tenga preparada alguna sorpresa’ antes del 29-N, ya sea a través de la ley de nietos o del voto por correo. En la dirección del PP anticipan que el PSOE intentará vender que ‘hay partido’ y que Moncloa colocará a Feijóo frente al espejo, sobretodo por haber defendido que gobierne la lista más votada.
La lectura estratégica: por qué la tregua llega ahora
Aquel episodio pesa todavía. El 23-J pilló a ambos partidos en pleno proceso de negociación para formar gobiernos autonómicos y sin haber resuelto la relación que querían mantener. El resultado fue un desgaste mutuo, una demonización de Vox que el PP no ha repetido en las campañas regionales posteriores y una propuesta de aplicar el artículo 155 en Cataluña a días de votar, un movimiento que la dirección popular califica hoy de histriónico.
De ahí salen las dos lecciones que explican la tregua actual. La primera, que la disputa por el relato resta y no suma cuando el adversario común conserva el Gobierno. La segunda, que el PP ya no aspira a gobernar en solitario: en su dirección admiten que ‘Sánchez demostró que esto va de bloques’.
Queda por ver la letra pequeña. El equilibrio de fuerzas que reclama Vox se decidirá en las urnas y se traducirá en escaños en el Congreso de los Diputados. La tregua es verbal y no está firmada, y su alcance dependerá del resultado del 29 de noviembre. Si el PP necesita a Vox para gobernar, la factura se negociará con el reparto de ministerios sobre la mesa, el punto sobre el que Vox quiere cerrar cualquier equívoco. Si no lo necesita, la convivencia se trasladará a las comunidades donde ya comparten Gobierno. La consigna de no equivocarse de enemigo tiene fecha de caducidad: la noche electoral.
