Los viaje de los Reyes a Ceuta: acto de Estado frente a Marruecos en plena precampaña del 29-N

Será el primer desplazamiento de Felipe VI y la Reina Letizia a las ciudades autónomas como jefes del Estado. Llega después del cruce masivo registrado en el Tarajal el 30 de julio y con el Gobierno a la espera de una respuesta de Rabat.

El viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla ya tiene fechas: el 13 y el 14 de octubre. Será la primera vez que Felipe VI y la Reina Letizia pisan las dos ciudades autónomas como jefes del Estado, un desplazamiento que la Casa del Rey inscribe en la normalidad institucional y que la política interior leerá, quiera o no, en clave de precampaña.

La cita llega con el calendario electoral en marcha. El presidente del Gobierno comunicó al Rey por teléfono su decisión de disolver las Cortes y convocar comicios el 29 de noviembre, una fórmula que rompió el uso protocolario —hasta ahora era el jefe del Ejecutivo quien se desplazaba a La Zarzuela para trasladarle la fecha en persona— y que sorprendió al Monarca en pleno viaje de Estado a Finlandia. Desde Helsinki rubricó, de forma telemática, el real decreto de disolución.

Con ese telón de fondo, la visita adquiere un peso que excede lo protocolario. El anuncio llega pocas semanas después del cruce masivo de personas a nado registrado el 30 de julio en la frontera del Tarajal, un episodio que el propio Pedro Sánchez calificó como violación de la soberanía territorial y que forzó al Ejecutivo a mover ficha. Las fechas las adelantó El Mundo, que sitúa la visita en el 13 y el 14 de octubre.

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De la petición de Vivas a la autorización del Gobierno

El compromiso del Rey con las ciudades autónomas venía de lejos. El presidente de Ceuta, Juan Vivas, lo hizo público en agosto: Felipe VI se había comprometido a visitar la ciudad autónoma. La respuesta de La Moncloa entonces fue quitar hierro al asunto. Su portavoz, Elma Saiz, sostuvo que el Rey no necesitaba permiso, para desplazarse a Ceuta y Melilla. La afirmación no se ajustaba a la práctica: los movimientos del jefe del Estado en territorio nacional se coordinan con el Gobierno.

Hay un dato que el PSOE repite con satisfacción. Sánchez es el único presidente del Gobierno que ha pisado las dos ciudades autónomas. A partir del 14 de octubre podrá sumar otro tanto a su relato y presentar la visita de los Reyes como un logro propio. El orden real de los acontecimientos apunta en otra dirección: la petición se desbloqueó cuando el Tarajal dejó de ser una línea teórica. La frontera pesó más que la diplomacia.

El mensaje a Rabat: sin llamada previa y con respuesta pendiente

El viaje tiene un destinatario que no estará ni en Ceuta ni en Melilla. Según las informaciones publicadas por El Mundo, el Rey no tiene previsto telefonear a Mohamed VI antes del desplazamiento, y en el Gobierno se espera una respuesta de Rabat que, de momento, no ha llegado. Es la letra pequeña de una visita que España quiere leer como gesto de normalidad y que Marruecos puede interpretar como un recordatorio de soberanía. Ahí está el riesgo.

En Ceuta y Melilla no se juega solo protocolo: se escenifica soberanía y se envía a Rabat un mensaje sin necesidad de discurso.

Conviene recordar el giro que el Ejecutivo imprimió a su política exterior: España abandonó la neutralidad tradicional sobre el Sáhara y abrazó las tesis de Rabat. En las ciudades autónomas se leyó como un pacto a cambio de seguridad. El cruce del Tarajal demostró que la llave de la migración sigue en manos marroquíes, y esa constatación explica buena parte de la celeridad con la que se ha cerrado la agenda del viaje.

Seis elecciones en doce años: la Corona que no sale del foco

La agenda del Rey se ha convertido en un termómetro de la tensión política. En doce años de reinado, Felipe VI ha asistido a seis procesos electorales y diez rondas de consultas, más que Juan Carlos I en 38 años al frente de la Jefatura del Estado. La cifra mide por sí sola el desgaste institucional que la Corona intenta amortiguar con una doctrina de neutralidad estricta. Sostener esa neutralidad con un calendario electoral encima es, probablemente, el mayor reto de la segunda mitad del reinado.

El riesgo tiene nombre: instrumentalización. Zarzuela no controla el relato de sus actos cuando el contexto es de campaña, y la visita a las ciudades autónomas se presta a ello más que ninguna otra cita del año. El protocolo puede blindar la puesta en escena —sin discursos, sin declaraciones y con la agenda oficial como único guion—, pero no impide que cada gesto se mida en escaños. El protocolo aguanta; el relato, no.

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Mi lectura es que la Casa del Rey ha decidido asumir ese coste antes que seguir aplazando una visita pendiente desde hace años. La normalización de la presencia institucional en Ceuta y Melilla tiene sentido de Estado, y el propio Monarca ha expresado en varias ocasiones su deseo de que el desplazamiento no sea excepcional. Está por ver si el viaje se consolida como cita recurrente o queda como una excepción forzada. El precedente importa.

Antes de poner un pie en las ciudades autónomas, los Reyes tienen otra cita ineludible: el 12 de octubre, con la recepción oficial de la Fiesta Nacional en el Palacio Real. El Rey no pronunciará discurso. Los corrillos de la recepción, en cambio, hablarán de urnas. El programa detallado del viaje se dará a conocer a través de la agenda oficial de la Casa del Rey.

Claves del Protocolo y Estado

  • Contexto del acto: primera visita de Felipe VI y la Reina Letizia a Ceuta y Melilla como jefes del Estado, fijada para el 13 y el 14 de octubre.
  • El detalle de protocolo: el desplazamiento del jefe del Estado se coordina con el Gobierno, extremo que La Moncloa había minimizado; según El Mundo, Sánchez no formará parte de la comitiva.
  • Próximos pasos: la recepción del 12 de octubre abre la semana institucional; el programa del viaje se conocerá a través de la agenda oficial de la Casa del Rey.