Imagen de la sede central del BBVA, en Madrid.

“Una palanca”; “si no, se lo decimos al juez”. La conversación parece del hampa, pero no, frente a un oficial destacado ni mas ni menos que de la Policía, estaban tres letrados, dos de la firma Simmons & Simmons y el director de un departamento del BBVA, el segundo banco de España, presente en buena parte del mundo. Esto no es una casualidad, ni una charla accidental. Esta es la demostración de un sistema siniestro.

Un sistema siniestro que nació bajo el patronazgo de Francisco González, FG, presidente. Llamémosle K, su nombre en clave en este grupo mafioso. Francisco González era presidente y sigue siéndolo, esta vez en una especie de reposo del guerrero llamado Fundación BBVA. Y sigue siendo el padrino del presidente recién nombrado, Carlos Torres. Hasta que éste demuestre lo contrario.

Este viernes es la Junta General de Accionistas del BBVA. En manos de sus verdaderos dueños está no solo tentarse las ropas ante las previsibles consecuencias penales y patrimoniales. En sus manos está dar carpetazo a este sistema de tintes mafiosos que impulsó FG y que fue calando hasta estratos que deberían garantizar la legalidad de lo que se hace, como se espera de un jefe de departamento jurídico. Un sistema que no buscaba ganar más para el banco, buscaba aniquilar en lo personal, con cacerías ‘ad hominem’, a los enemigos personales del presidente y su camarilla.

No, estas informaciones no van de Villarejo. El funesto comisario de policía era el sicario, un mercenario en busca de patrón: “Ya hemos hechos varios encargos para el banco”, se baladronaba. Y con razón, porque obtuvo por ello pingües beneficios.

Los detractores del sistema en el que vivimos suelen aludir al “capitalismo salvaje” como una de las grandes lacras. FG se esforzó en darles la razón.

Hay numerosas razones para que, quienes tenemos respeto a una institución bancaria como el BBVA, heredera de bancos nobles como el Vizcaya o el Bilbao, o el Central, pidamos el cese del padrino de esta organización para delinquir. Muchas de ellas son de índole económico. El descrédito para el banco; las responsabilidades patrimoniales por este tipo de actuaciones sobre el que ya ha avisado tanto en Banco de España como la CNMV –tan pasiva en tantas cosas– e incluso el BCE. Y el sentido común. La crisis de reputación es gravísima, por mucho que el banco y su equipo de comunicación se dediquen a esconder la cabeza y maniobrar en la sombra contra los medios que denunciamos la locura que se desencadenó desde la llegada de FG a la presidencia.

No es eso. Es una cuestión de decencia.

¿Qué límites había para enfrentarse a un enemigo? No parecía difícil convertirse en enemigo de FG.

La ‘Operación Trampa’ que desveló MONCLOA.COM en investigación conjunta con El Confidencial. Los detalles a los que ha llegado el diario El Economista. Todo valió, hasta el presunto intento de extorsión del supuesto amante de un político, para desactivar y destruir a los enemigos del presidente. Ojo, del presidente, no del banco. Y pagado por el banco. Por sus accionistas. Aunque muchos vieron peligroso que Sacyr-Vallehermoso se hiciera con el control de un banco, realmente la encarnizada y miserable operación encargada a un policía, Villarejo, era para destruir a la persona, a quien quiso ser presidente en lugar del presidente.

Estos días MONCLOA.COM está desvelando la operación Fish-Summer. Puede que haya muchos motivos para odiar a Fernando Martín, empresario inmobiliario: tiene un pelazo; es del Real Madrid; ha hecho grandes negocios; es de Valladolid; habla muy rápido… Al margen de la deuda que tuviera o no con el banco, de las desventuras de su compra de Fadesa, de lo que pasara, no es Villarejo quien propone cazar al hombre. Son los abogados del banco. Los que supuestamente han estudiado Derecho, lo ejercen, lo conocen. “Tenemos una buena palanca, está en concurso”. “Que no se entere el juez”. “No queremos estar en la cola de concurso”. Repugnante.

¿La razón para todo ello? “En el banco ha sentado mal”. No ha gustado algo que hiciera Fernando Martín, posiblemente doloso, perseguible de oficio, hasta puede que puñetero. Pero el sistema mafioso imperante, que emanaba desde la presidencia, dictaba que no había que confiar en la Justicia. Había un atajo, caro quizás, pero atractivo, que se llamaba Grupo Cenyt, se alojaba en Torre Picasso y lo dirigía un policía, el comisario José Manuel Villarejo Pérez.

Pero Villarejo era la manzana. La voluntad de comérsela era de los directivos encaramados por el banco. Un documento de este dossier explica que se encargó una investigación a la agencia Kroll, con prestigio mundial. Pero que no valió. No era suficientemente agresiva. La agresividad, “el hostigamiento”, era parte del catálogo de las maravillas que ofrecía Villarejo.

Una manzana tentadora. Un policía que trabaja en los dos lados, en el de la luz y en el de las tinieblas. Esa almibarada cortesía suya en la que se ofrecía a rascar en el submundo de los sobornos, las escuchas ilegales, los seguimientos ilegítimos, el mamporro al malo, mientras ofrece datos obtenidos por la Policía, daba acceso al maná de la información policial. Él y sus cómplices, que determinará una semana de estas el juez García Castellón.

El presidente fue quien propuso que se recurriera, otra vez, a Villarejo. Así se explica en los documentos, y así acredita KOL. Otro sobrenombre en clave para determinar a otro personaje clave en esto: Julio Corrochano, expolicía, jefe de Seguridad del BBVA. Pero él no podía trabajar solo. Hay una cadena de responsabilidades y liberadores de fondos, que estaban encardinados en la estructura paralela al negocio puro bancario que había organizado Francisco González.

El viejo presidente ha dejado sus despachos en las alturas. La torre que los empleados llamaban ‘Mordor’, a la vera de la extinta Torre Windsor; también, su ampulosa “Vela” en Las Tablas… Ahora habita un coqueto palacete, el del Marqués de Salamanca. Inmutable, incólume, de momento impune a todos estos hechos clamorosos y a los que hay que poner la odiosa etiqueta de “presuntos”.

El banco dice que ha abierto una investigación, de la que dos meses después nadie sabe nada. Informaciones publicadas estas semanas aseguran que el banco no cumplió el requerimiento del juez de la Audiencia Nacional, que ha abierto una pieza separada secreta para esclarecer los hechos. Ajenos a la ley, impunes.

En manos de los accionistas está el viernes el futuro de FG, si se va a perpetuar en su despacho de maderas nobles a costa del dinero de los accionistas, o si se le van a dar la salida que muchos creemos que merece: a la calle.

Villarejo era un golfo que actuaba en las sombras, en las tinieblas. Pero no les quepa la menor duda: a las tinieblas las iluminaba y calentaba el ‘príncipe del fuego’.

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