La vitamina D vuelve a ser mencionada y ahora no precisamente por los huesos o el calcio, sino por algo mucho más complejo: su posible papel en la respuesta del cuerpo frente al cáncer. Lo que durante años se ha considerado una vitamina “básica” ahora empieza a mostrar matices que la acercan a terrenos donde la medicina todavía busca respuestas, y eso ha hecho que muchos expertos vuelvan a mirarla con otros ojos.
La vitamina D, que obtenemos del sol o de ciertos alimentos, lleva tiempo vinculándose con el sistema inmunitario, pero lo que ahora se está investigando va un paso más allá. Un estudio reciente en ratones ha puesto sobre la mesa la idea de que sus niveles en el intestino podrían influir en cómo el cuerpo responde a tratamientos contra el cáncer, algo que abre nuevas preguntas y, también, bastante cautela.
2El papel clave del intestino y las bacterias
Ahí es donde entra en juego el microbioma, ese universo de bacterias que vive en el intestino y que cada vez se relaciona más con nuestra salud general. Los científicos descubrieron que la vitamina D, en ciertos niveles dentro del tejido intestinal, favorecía la presencia de bacterias concretas que ayudaban a activar las llamadas células T asesinas, encargadas de atacar el cáncer.
Entre esas bacterias destaca una en particular, bastante común también en humanos, que parece actuar como una especie de “aliada” del sistema inmunitario. Cuando aumentaba su presencia, también lo hacía la capacidad del organismo para frenar el crecimiento tumoral, lo que conecta directamente con por qué algunos pacientes responden mejor que otros a la inmunoterapia.

