La flexibilidad ha sido durante mucho tiempo una palabra asociada casi solo a lo estético, a la idea de un cuerpo ágil o elástico, pero cada vez está más claro que va mucho más allá, que es una especie de superpoder silencioso del cuerpo femenino, una capacidad de adaptación constante que no siempre se ve pero que marca la diferencia en resistencia, salud y recuperación.
La flexibilidad, entendida como esa habilidad de ajustarse a lo que venga, está empezando a cambiar la forma en que entendemos la fuerza, porque no todo es levantar más peso o correr más rápido, a veces ser fuerte tiene más que ver con resistir, adaptarse y seguir adelante cuando el cuerpo está bajo presión.
1La flexibilidad metabólica que da ventaja en resistencia
La historia que llevó a muchos científicos a replantearse todo esto no empezó en un laboratorio, sino en una montaña, cuando una fisióloga empezó a notar que su cuerpo respondía mejor a la altitud y al esfuerzo prolongado que el de su compañero. No era una cuestión de entrenamiento ni de experiencia, había algo más profundo.
Ese “algo” resultó estar relacionado con el estrógeno y con la llamada flexibilidad metabólica, es decir, la capacidad del cuerpo para cambiar de fuente de energía según lo necesite, mientras muchos cuerpos dependen más de la glucosa para esfuerzos rápidos, el cuerpo femenino tiende a utilizar más la grasa como combustible, lo que permite mantener la energía durante más tiempo sin agotarse tan rápido, una ventaja que, además, está asociada a un menor riesgo de enfermedades metabólicas en muchas etapas de la vida.
