Extremadura esconde uno de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo, rincones donde la historia no se explica, se respira. A pocos kilómetros de la frontera con Portugal, entre dehesas y caminos tranquilos, aparece un pueblo que sube por la ladera de un cerro y que guarda siglos de pasado y unas cuantas historias difíciles de olvidar.
Extremadura vuelve a sorprender en este enclave donde un castillo domina el paisaje y donde, al caer la noche, el cielo se convierte en espectáculo. Es un lugar pequeño, de apenas unos miles de habitantes, pero con esa capacidad de atrapar al visitante poco a poco. Y es entonces cuando el nombre empieza a sonar con fuerza: Alconchel, un destino que combina historia, misterio y una calma que cuesta encontrar en otros sitios.
1Un castillo con siglos de historia y vistas infinitas
Extremadura tiene en Alconchel uno de esos castillos que explican por sí solos la importancia del lugar, y se trata del Castillo de Miraflores, situado a unos 300 metros de altura, que domina el entorno con vistas que alcanzan tanto tierras de Badajoz como portuguesas. No es casualidad, porque durante siglos fue un punto clave en la defensa de la zona, pasando por distintas manos, incluidos los templarios.
Mucho antes de que se levantara la fortaleza, el cerro ya estaba habitado, como lo demuestran restos prerromanos, romanos y visigodos. Aun así, es el castillo el que marca el ritmo del lugar, con su torre del homenaje, sus antiguos aljibes y las estructuras que todavía se mantienen en pie, suficientes para imaginar cómo fue la vida en otro tiempo.
