Trump cancela los Tomahawk a Alemania y deja a Merz sin disuasión

Berlín pierde el despliegue de misiles de crucero acordado con Biden y deberá esperar al sistema europeo ELSA, no operativo antes de 2030. Moscú celebra la decisión y la presión sobre el 5% del PIB en defensa se intensifica de cara al Consejo Europeo de junio.

La decisión de Trump cancela los Tomahawk a Alemania y deja a Merz sin la disuasión de largo alcance que Berlín daba por cerrada. El canciller Friedrich Merz lo ha confirmado esta semana: el plan acordado con la administración Biden para desplegar misiles de crucero Tomahawk en suelo alemán a partir de 2026 ha sido archivado por la Casa Blanca. Y con él, una pieza central del nuevo paraguas convencional europeo.

Analizamos el movimiento como lo que es: un viraje doctrinal con consecuencias directas para el flanco este de la OTAN, para la Bundeswehr y para el cálculo estratégico que España y el resto de aliados europeos hacen sobre Washington. La decisión llega en plena fase de rearme alemán, con Merz recién instalado en la Cancillería y comprometido con el mayor gasto militar de la historia reciente del país.

Qué se cancela exactamente y qué hueco deja

El acuerdo original, anunciado por Biden y Olaf Scholz en julio de 2024 al margen de la cumbre OTAN de Washington, contemplaba el despliegue rotatorio en Alemania de misiles Tomahawk Block V (alcance superior a 1.600 kilómetros), del SM-6 y de los hipersónicos Dark Eagle a partir de 2026. La idea era cubrir el vacío dejado por la ruptura del Tratado INF en 2019 y dotar a Europa de capacidad de ataque profundo desde territorio aliado.

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Merz ha admitido que el despliegue ha sido cancelado por decisión unilateral del Pentágono, y ha apuntado que Berlín deberá acelerar sus propios programas. La alternativa nacional alemana, el sistema de largo alcance European Long-Range Strike Approach (ELSA) que Berlín lidera con Francia, Italia, Polonia, Suecia y el Reino Unido, no estará operativo antes de 2030. El hueco temporal es de al menos cuatro años. Ese hueco lo notará primero el flanco este.

El otro frente abierto es el Taurus. La negativa de Scholz a entregarlo a Ucrania marcó la legislatura anterior; Merz llegó al poder prometiendo desbloquear el envío. Sin Tomahawk en suelo alemán y con el Taurus presionado por Kiev, la presión política sobre el canciller se duplica.

Por qué Trump necesita este movimiento ahora

La cancelación encaja en la lógica transaccional que la Casa Blanca lleva imprimiendo a la relación con Europa desde enero de 2025. Trump no regala disuasión: la cobra. Y la cobra en porcentajes del PIB, en pedidos de F-35, en concesiones comerciales y en alineamiento sobre Ucrania.

Hemos consultado con fuentes diplomáticas en Bruselas que sitúan la decisión en tres planos. Primero, prioridad Indo-Pacífico: el Pentágono necesita los Tomahawk para reforzar el dispositivo frente a China, especialmente tras los ejercicios chinos en torno a Taiwán del pasado otoño. Segundo, palanca negociadora con Berlín: Merz ha sido el europeo más duro contra Moscú dentro del G-7, y la cancelación reordena su margen. Tercero, mensaje al conjunto de la OTAN: la disuasión convencional avanzada de Estados Unidos ya no es un activo que se reparte por defecto.

Merz Bundeswehr

El argumento oficial estadounidense apela a la disponibilidad industrial. Raytheon entrega entre 55 y 70 Tomahawk al año y la demanda combinada de la Marina, los aliados Indo-Pacífico (Japón ha contratado 400 unidades) y los stocks gastados en el Mar Rojo durante la Operación Prosperity Guardian deja poco margen. Pero la lectura estratégica es otra. Lo que observamos es una recalibración de la doctrina de extended deterrence (paraguas extendido) en clave bilateral y condicionada.

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Equilibrio de Poder

El eje Washington-Moscú-Bruselas se reordena con esta cancelación. Para el Kremlin es una victoria gratuita: Putin llevaba desde 2024 advirtiendo que el despliegue de Tomahawk en Alemania activaría su propia respuesta nuclear táctica con Iskander-M en Kaliningrado y misiles Oreshnik en Bielorrusia. La declaración del portavoz Dmitri Peskov, recogida por la agencia oficial rusa, ha celebrado la decisión como ‘el reconocimiento de que la escalada no compensa’. Es propaganda, pero el dato verificable es que Moscú gana tiempo y reduce presión sobre su flanco occidental sin ceder nada a cambio.

Para Bruselas, el problema es de credibilidad. La Comisión y el SEAE llevan dos años vendiendo el rearme europeo como pilar complementario al estadounidense, no como sustituto. Si Washington retira capacidades comprometidas, la narrativa se rompe. La presidenta Von der Leyen ha pedido acelerar el ELSA y reforzar el programa European Sky Shield Initiative, pero Francia sigue fuera de este último por incompatibilidad doctrinal con su disuasión nuclear nacional.

Para España el impacto es indirecto pero real. La base de Rota concentra cuatro destructores AEGIS estadounidenses, el mayor despliegue antimisiles permanente de Estados Unidos en Europa, y constituye precisamente el tipo de activo que Washington puede reasignar al Indo-Pacífico si la lógica transaccional se generaliza. Moncloa ha evitado pronunciarse públicamente sobre la cancelación alemana, según fuentes de Defensa consultadas por esta redacción, pero el Ministerio sigue con preocupación el patrón. La presión sobre el 5% del PIB en defensa que Trump volverá a exigir en la próxima cumbre OTAN tiene aquí munición adicional: si los aliados quieren disuasión convencional avanzada, deberán pagarla, fabricarla o ambas cosas.

La decisión de cancelar los Tomahawk a Alemania no es un ajuste industrial: es la prueba pública de que el paraguas convencional estadounidense en Europa ha cambiado de precio y de condiciones.

El precedente histórico relevante es la doble decisión de la OTAN de 1979, cuando el despliegue de Pershing II y misiles de crucero en Alemania Occidental marcó la última gran crisis de los euromisiles. Aquella decisión fue colectiva y se sostuvo durante una década. La cancelación de 2026 es unilateral y se ejecuta en meses. La asimetría entre ambos momentos describe el cambio de era. La OTAN de 1979 negociaba; la de 2026 ejecuta lo que Washington decide.

La lectura a 5-10 años apunta a tres escenarios. Aceleración real del ELSA con financiación del fondo europeo de defensa y entrada en servicio en 2030, escenario optimista. Fragmentación, con Polonia y los bálticos pidiendo capacidades estadounidenses fuera del marco común y Berlín y París profundizando un eje propio, escenario intermedio. O reapertura del expediente nuclear: Merz ya planteó en campaña la conveniencia de discutir un paraguas nuclear europeo con Francia y el Reino Unido, idea que vuelve a tener tracción.

El próximo hito es el Consejo Europeo de junio de 2026 y la cumbre OTAN prevista para el otoño, donde el debate sobre capacidades de largo alcance europeas dejará de ser técnico para volverse político. Hasta entonces, Berlín gestiona el hueco. Y Moscú observa.