Palantir gana 1.630 millones de dólares con IA defensa: resultados disparados un 85%

Palantir registra un crecimiento del 85% hasta 1.630 millones en el primer trimestre de 2026, impulsado por sus sistemas de inteligencia artificial para defensa. El negocio en EE. UU. crece un 104%. Alex Karp afirma que toda IA de valor en combate se construye sobre su tecnología

Palantir Technologies ha cerrado el primer trimestre de 2026 con 1.630 millones de dólares en ingresos, un 85% más que en el mismo periodo del año anterior, impulsados por sus sistemas de inteligencia artificial aplicados a operaciones militares y de inteligencia. El dato supera con creces las previsiones de analistas de Wall Street —que apuntaban a unos 1.450 millones— y confirma una aceleración sin precedentes en el negocio de defensa digital de la firma de Denver. El mercado ha reaccionado con un alza superior al 20% en las operaciones posteriores al cierre.

El consejero delegado de la compañía, Alex Karp, ha sido directo en su carta a los accionistas: «Toda inteligencia artificial que crea valor real en el campo de batalla se construye sobre Palantir». La frase, lejos de ser una hipérbole, resume la posición de dominio que la tecnológica ha alcanzado en el ecosistema de contratos con el Pentágono y otras agencias de seguridad estadounidense. El negocio comercial en Estados Unidos creció un 104% en el trimestre, mientras que los contratos gubernamentales siguen siendo el núcleo: Palantir ya gestiona programas como Maven, el sistema de identificación de blancos mediante IA del Departamento de Defensa, y ha sido seleccionado recientemente para modernizar la arquitectura de datos del US Army.

El salto del 85%: más que un dato financiero

Detrás de la cifra hay un cambio de paradigma. Palantir no solo vende software; ha tejido una red de contratos que abarca desde el Mando de Operaciones Especiales hasta la Oficina de Inteligencia Nacional. Sus dos plataformas principales, Gotham (inteligencia y operaciones militares) y Foundry (análisis de datos empresariales), se han convertido en la columna vertebral de la transformación digital bélica estadounidense. En este trimestre, la compañía ha facturado más de 900 millones solo en contratos de defensa efectiva y ha firmado un acuerdo de cinco años con la Fuerza Espacial para integrar IA en misiones de conciencia situacional orbital.

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No obstante, el dato más revelador es la diversificación. El 40% de los nuevos ingresos procede de aliados de la OTAN y países socios, que están replicando la arquitectura Palantir para sus propias fuerzas armadas. Polonia, Ucrania y Reino Unido han ampliado sus licencias en los últimos meses, mientras que el Ministerio de Defensa español mantiene conversaciones avanzadas para implementar Foundry en el Estado Mayor de la Defensa, según fuentes consultadas por Moncloa.com. El propio Karp mencionó ayer que «Europa va diez años por detrás en IA militar, pero quien adopte rápido acortará esa brecha».

Gotham y Foundry: la inteligencia artificial que reescribe el campo de batalla

Para entender el fenómeno hay que bajar al detalle técnico. Gotham, la plataforma original, permite correlacionar en tiempo real imágenes satelitales, señales de inteligencia (Sigint), redes sociales y datos de movimientos de tropas. En Ucrania, por ejemplo, se ha utilizado para optimizar los ataques con HIMARS, reduciendo el ciclo de decisión de horas a minutos. Foundry, por su parte, es la apuesta civil-militar: una herramienta de análisis que empresas y gobiernos usan para rastrear cadenas de suministro, planificar operaciones logísticas y detectar anomalías financieras vinculadas a elusión de sanciones. La combinación de ambas bajo un mismo techo —y con la capa de inteligencia artificial AIP (Artificial Intelligence Platform)— ha permitido a Palantir capturar a la vez el presupuesto de defensa y el de inteligencia económica.

El Pentágono ha confirmado hace apenas dos semanas la adjudicación de un contrato de 480 millones de dólares para desplegar una versión militar de AIP en todos los mandos combatientes. La tecnología permite a un oficial sin formación en programación interrogar un data lake (lago de datos) clasificado y recibir en lenguaje natural un análisis de amenazas, una simulación de escenarios o recomendaciones de ataque. En palabras de un analista del CSIS —recogidas en una nota interna—, «Palantir ha conseguido lo que el Pentágono llevaba quince años intentando: transformar el caos de información en decisiones accionables».

tecnología militar

Equilibrio de Poder

El ascenso fulgurante de Palantir tiene consecuencias que van mucho más allá de Wall Street. Estados Unidos está consolidando un monopolio de facto en la inteligencia artificial aplicada a la guerra, y eso reconfigura las alianzas tradicionales. En la práctica, cualquier ejército aliado que quiera interoperar con las fuerzas estadounidenses debe adoptar, al menos en parte, el entorno Palantir. Eso da a Washington una palanca de influencia sin precedentes: el código no es arma, pero su control condiciona tácticas, doctrina y sistemas de armas. Bruselas lo ha detectado y, en la reciente cumbre de defensa europea, ha impulsado un programa de «IA soberana» dotado con 2.000 millones de euros, pero los plazos de desarrollo lo sitúan operativo no antes de 2032. Moscú y Pekín observan. El Kremlin ha acelerado su proyecto Kibernet de IA militar, mientras que China ha invertido 12.000 millones en su agencia de inteligencia artificial castrense en 2025, según datos de SIPRI.

Para España, el impacto es triple. Primero, la dependencia tecnológica: el Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS), que diseña junto a Francia y Alemania, requerirá capacidades de IA que hoy solo Palantir o empresas chinas ofrecen a escala. Segundo, la balanza comercial de defensa: el contrato con Palantir que negocia Defensa podría sobrepasar los 300 millones de euros en cinco años, una cifra que presionaría el ya tenso presupuesto del ministerio. Y tercero, la posición geoestratégica: Marruecos ha mostrado interés en Gotham, según filtraciones del Royal Institute for Strategic Studies, lo que pondría a Rabat en igualdad técnica con los aliados OTAN sin ser miembro, un movimiento con implicaciones directas en el Sáhara Occidental y la frontera sur.

A diez años vista, observamos una fragmentación de los estándares militares. La OTAN podría dividirse entre quienes comparten el ecosistema Palantir (EE. UU., Reino Unido, Polonia, bálticos) y quienes apuestan por soluciones europeas aún embrionarias. La próxima Directiva de Autonomía Estratégica de la Comisión Europea, prevista para finales de 2026, será el primer test. Palantir, mientras tanto, se ha blindado: sus libros de pedidos —backlog— alcanzan 4.200 millones de dólares, un 70% más que hace un año. Nadie en Bruselas lo dice en voz alta, pero la ventana para crear una alternativa creíble se cierra rápido.

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Los comandantes que hoy aprietan un botón basándose en el análisis de Palantir están cediendo, quizá sin saberlo, parte de su soberanía de decisión a un algoritmo entrenado por una sola empresa privada.

Las cifras del primer trimestre son elocuentes, pero la lectura estratégica es otra. La guerra en Ucrania ha demostrado que la velocidad de procesamiento de inteligencia es tan decisiva como el alcance de un misil. Palantir ha pasado de ser un mero contratista a erigirse en el sistema nervioso de la defensa occidental. El debate ya no es si la IA decide batallas; es quién controla los datos con los que aprende. En ese terreno, Estados Unidos ha dado un paso de gigante que Europa difícilmente podrá emular con sus actuales estructuras de contratación pública y sus recelos regulatorios. Por ahora, la respuesta de Moncloa se limita a «evaluar las opciones tecnológicas», según fuentes de Defensa. El tiempo corre.