Castilla y León está llena de pueblos que parecen detenidos en el tiempo, pero pocos sorprenden tanto como Támara de Campos. En mitad de la inmensa llanura palentina, donde el horizonte parece no terminar nunca, aparece de repente una silueta gigantesca que rompe por completo el paisaje. Uno espera encontrar una localidad grande, pero lo que hay es un pequeño pueblo de apenas 70 habitantes que conserva una iglesia monumental capaz de competir visualmente con muchas catedrales españolas.
La sensación al llegar a Támara de Campos es extraña y fascinante al mismo tiempo. Castilla y León guarda muchos rincones ligados a la historia medieval, aunque aquí todo parece multiplicarse; murallas, monasterios, puertas defensivas y el recuerdo de un encuentro entre reyes que cambió el mapa de la península. Lo más llamativo es que, pese a su enorme peso histórico, hoy forma parte de esa llamada España vaciada que lucha por sobrevivir mientras conserva un patrimonio absolutamente desproporcionado para el tamaño actual del pueblo.
3Un rincón de la España vaciada que se resiste a desaparecer
Pasear por Támara de Campos también obliga a mirar de frente la realidad de muchos pueblos de Castilla y León. Apenas viven unas 70 personas y, aun así, el lugar conserva un patrimonio monumental impresionante. Las antiguas murallas siguen apareciendo entre las casas, la Puerta del Caño continúa dando acceso al casco histórico y el antiguo hospital de peregrinos recuerda el paso del Camino de Santiago por esta zona.
A pesar del silencio y de la falta de población, el pueblo mantiene una personalidad muy fuerte. Quizá porque cada rincón parece contar algo distinto o porque todavía queda la sensación de estar ante uno de esos lugares donde el tiempo avanza más despacio. Castilla y León está llena de tesoros escondidos, pero Támara de Campos tiene la capacidad de hacer sentir al visitante que está descubriendo un pedazo olvidado de otro mundo.

