Reservas mundiales de petróleo se agotan al ritmo más rápido registrado: 4,8 millones de barriles diarios

El bloqueo de facto del estrecho de Ormuz tras la campaña militar sobre Irán drena los inventarios a una velocidad sin precedentes. Si la situación persiste, los niveles pueden alcanzar el mínimo operativo en septiembre y disparar los precios del crudo. España, altamente dependie

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Las reservas mundiales de crudo se drenan a un ritmo récord de 4,8 millones de barriles diarios por las interrupciones en el estrecho de Ormuz.
  • ¿Quién está detrás? La campaña militar de EE.UU. e Israel sobre Irán y la posterior volatilidad en el tráfico de petroleros han bloqueado de facto uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.
  • ¿Qué impacto tiene? Los inventarios podrían alcanzar niveles de estrés operativo en junio y tocar suelo en septiembre, lo que dispararía los precios del crudo y tensionaría las economías europeas, incluida España.

Los inventarios globales de petróleo están cayendo a un ritmo nunca visto. Entre el 1 de marzo y el 25 de abril, el drenaje promedió 4,8 millones de barriles diarios, según datos de Morgan Stanley recogidos por Bloomberg. La cifra supera todos los registros históricos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y sitúa a los mercados ante un escenario de estrés operativo que podría materializarse en cuestión de semanas.

El detonante es claro: el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz. Desde que Washington y Tel Aviv lanzaron su campaña militar sobre Irán, el tránsito de petroleros por este paso —que canaliza una quinta parte del comercio mundial de crudo y gas natural licuado— se ha reducido drásticamente. Los incidentes persisten pese al alto el fuego frágil que ambas partes violan de forma recurrente, y la amenaza de una nueva operación naval planea sobre el suministro.

El presidente Donald Trump advirtió el viernes que EE.UU. podría reactivar y ampliar la Operación Libertad, el despliegue naval en el estrecho, si no se alcanza un acuerdo de paz con Irán. Su secretario de Estado, Marco Rubio, recordó que las opciones militares siguen sobre la mesa. La retórica escala mientras los tanques de almacenamiento se vacían.

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El drenaje más rápido desde que hay registros

Morgan Stanley cifra en 4,8 millones de barriles diarios la contracción de inventarios entre marzo y abril, un dato que deja pequeños los anteriores récords de reducción de existencias que monitoriza la AIE. Para ponerlo en perspectiva: es como si cada día desapareciera del mercado el equivalente al consumo combinado de Alemania y Francia. La última revisión de la AIE ya apuntaba a una presión creciente sobre los inventarios, pero el ritmo actual duplica las peores previsiones.

La mayoría de los analistas estima que, de mantenerse las interrupciones, los inventarios comerciales podrían caer a niveles de estrés operativo en junio —cuando las refinerías y oleoductos empiezan a funcionar por debajo de su capacidad óptima— y tocar suelo operativo en septiembre, es decir, el volumen mínimo necesario para mantener la infraestructura en marcha. Cruzar ese umbral implicaría paradas no programadas y una escalada de precios difícil de contener.

Estados Unidos tampoco es inmune. Aunque Trump insiste en que el país «no necesita» el estrecho de Ormuz, los datos de la Administración de Información Energética (EIA) muestran que sus reservas de combustibles han caído un 11% por debajo de la media estacional de los últimos cinco años. Washington ha aumentado sus exportaciones de crudo y derivados para compensar la disrupción global, pero al hacerlo ha adelgazado sus propias existencias.

Si los inventarios alcanzan el suelo operativo, el mercado entrará en terreno desconocido: no se trata solo de precios, sino de la capacidad física de mover el crudo.

Por qué el estrecho de Ormuz es el punto de estrangulamiento

El estrecho, situado frente a la costa iraní, es uno de los cuellos de botella energéticos más vigilados del planeta. Por sus 33 kilómetros de anchura transitan a diario superpetroleros con destino a Asia, Europa y América. Cualquier interrupción prolongada dispara inmediatamente las primas de riesgo en los futuros del Brent y del West Texas Intermediate, y obliga a los compradores a recurrir a reservas estratégicas.

Europa es especialmente vulnerable. La Unión Europea ha retrasado sus planes de prohibir permanentemente las importaciones de crudo ruso, consciente de que sacar más barriles del mercado tensionaría aún más los suministros y elevaría los precios en todo el bloque, según informaciones de prensa. En la práctica, la disrupción del Golfo Pérsico está reforzando la importancia de los flujos energéticos rusos, a pesar de las sanciones.

España, con una dependencia de las importaciones superior al 70% y una refinería como la de Gibraltar-San Roque que procesa crudos medios y pesados procedentes en parte de Oriente Medio, observa la evolución con preocupación. El coste de la energía ya ha subido más de un 15% en los mercados mayoristas europeos en las últimas semanas, y la factura del gasóleo y la gasolina amenaza con trasladarse al IPC.

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Equilibrio de Poder

Este episodio no es una simple crisis de suministro. Es la consecuencia directa de una campaña militar que el Pentágono y la Casa Blanca lanzaron sin un plan de estabilización energética, y cuyas ondas expansivas recorren ahora toda la cadena global. La administración Trump, que ha hecho de la independencia energética un mantra, se enfrenta a la paradoja de ver cómo sus propias reservas menguan mientras intenta apuntalar a sus aliados.

El dilema estratégico es profundo. Si la Casa Blanca opta por una nueva intervención en Ormuz —la Operación Libertad que mencionó Trump— podría aliviar temporalmente los flujos, pero a costa de una escalada militar con Irán que cerraría definitivamente el grifo. Si, por el contrario, mantiene el pulso diplomático sin garantías, los inventarios seguirán drenándose hacia el suelo operativo.

Para España, el impacto se siente en tres frentes: la factura energética (la gasolina ya roza los 2 euros por litro en algunas estaciones), la inflación persistente que erosiona el consumo y la presión presupuestaria para activar reservas estratégicas de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES). La dependencia del crudo de Oriente Medio, aunque parcial, deja al país expuesto a decisiones que se toman a miles de kilómetros.

La lectura a medio plazo es incómoda. Si el suelo operativo se alcanza en septiembre, los precios del crudo podrían superar los 150 dólares por barril y desencadenar una recesión inducida por la energía. La cumbre de la OPEP+ prevista para julio será crucial, pero la capacidad ociosa de los productores del Golfo también está comprometida por el propio conflicto. La historia nos recuerda que crisis similares —el embargo de 1973, la revolución iraní de 1979— cambiaron el tablero geopolítico durante una década. Lo que observamos es un déjà vu con armamento moderno y unos inventarios más justos que nunca.