El gasto militar de los países bálticos: 12.200 millones para tanques, drones y defensa aérea

Los tres países movilizarán 12.200 millones de euros en préstamos SAFE, con prioridad para la producción local y la transferencia tecnológica. Lituania se lleva la mayor parte con 6.380 millones, mientras Estonia redirige fondos hacia drones y misiles. El plan presiona a Moncloa

Estonia, Letonia y Lituania se preparan para firmar en las próximas semanas los primeros contratos multimillonarios con cargo a los préstamos blandos del programa SAFE (Security Action for Europe) de la Unión Europea. En total, los tres países movilizarán unos 12.200 millones de euros –equivalentes a 14.000 millones de dólares– en nuevos sistemas de armas, municiones y capacidades de mantenimiento que rediseñarán la defensa del flanco oriental de la OTAN.

El reparto de los fondos y la apuesta por la producción local

Lituania es la gran beneficiada con 6.380 millones de euros de los préstamos SAFE. El país ya ha conseguido atraer inversiones de gigantes como Rheinmetall para una planta regional de munición de 155 mm y de KNDS para el ensamblaje y mantenimiento del Leopard 2A8, el carro de combate que equipará a la brigada blindada lituana. Letonia y Estonia completan el reparto con 3.500 y 2.340 millones respectivamente.

Los tres gobiernos insisten en que una buena parte de la producción se quede en suelo báltico. No quieren limitarse a comprar material ya fabricado: exigen transferencias parciales o totales de tecnología. La lógica es doble: blindar las cadenas de suministro en caso de conflicto y anclar a los fabricantes europeos en la primera línea de defensa de la Alianza.

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Tanques, drones y misiles: la lista de la compra revela las lecciones de Ucrania

Lituania concentrará el grueso de su inversión en carros de combate, vehículos de combate de infantería y munición de artillería. Letonia, con la experiencia de la guerra de Ucrania fresca, prioriza los sistemas aéreos no tripulados, la lucha antidrón y los misiles. Artis Pabriks, presidente de la asociación letona de drones y exministro de Defensa, lo resume así: “Los sistemas no tripulados y la robótica nos dan, como país pequeño, un poder asimétrico”. La capa antiaérea es el otro pilar letón, inspirada también por los recientes ataques con misiles en Oriente Medio.

Estonia ha reorientado drásticamente su plan de adquisiciones. Decidió paralizar la compra de vehículos de combate de infantería y redirigir los fondos hacia UAVs, contramedidas antidrón y sistemas de defensa antimisil. Tallin avanza, además, en la selección de un nuevo escudo antimisiles en los próximos meses, con ofertas estadounidenses, europeas e israelíes sobre la mesa. La producción local también gana terreno: Lockheed Martin abrirá en Estonia un centro de mantenimiento de HIMARS con una inversión de 11 millones de dólares.

Los tres países coordinarán parte de las compras bajo proyectos conjuntos, como el Baltic Drone Wall, una barrera de drones de vigilancia y combate a lo largo de la frontera oriental de la OTAN.

La guerra de Ucrania ha borrado la línea entre la cadena de montaje y el campo de batalla; los bálticos quieren tener ambas cosas en casa.

Equilibrio de Poder

La decisión báltica de usar los préstamos SAFE para levantar músculo industrial propio cambia el tablero de la defensa europea. Washington lo observa con interés: una Europa oriental más capaz en producción de munición y mantenimiento de sistemas clave libera presión logística sobre el Pentágono, que sigue volcado en el Indo-Pacífico. El Kremlin, por su parte, leerá el movimiento como lo que es: una apuesta a largo plazo por la disuasión convencional a escasos 150 kilómetros de San Petersburgo.

Para España, la operación tiene una doble lectura. Primero, abre una ventana de oportunidad para empresas como Indra, con su filial de defensa electrónica, o para la industria auxiliar de munición. Los bálticos buscan socios dispuestos a transferir tecnología y producir en su territorio; las compañías españolas con capacidad de innovación en drones o sistemas C-UAS podrían encontrar un hueco en el Baltic Drone Wall. Segundo, el precedente de los préstamos SAFE presiona a Moncloa a la hora de articular su propio plan de inversiones defensivas con los mecanismos de deuda europea, un debate que el presidente Sánchez ha evitado hasta ahora pero que la cumbre de la OTAN de junio en La Haya pondrá de forma inevitable sobre la mesa.

La gran incógnita es si los 12.200 millones serán suficientes para transformar la capacidad disuasoria real o si se diluirán en decenas de contratos sin masa crítica. La experiencia de la guerra de Ucrania muestra que la munición se consume a un ritmo insaciable y que, sin un mantenimiento robusto, los sistemas más sofisticados se convierten en chatarra. Los bálticos parecen haber entendido la lección, pero el calendario político rara vez espera a que las fábricas estén listas.

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