País Vasco tiene muchos lugares capaces de impresionar al visitante en cuestión de minutos, pero pocos reúnen tanta historia, encanto marinero y belleza medieval como Hondarribia. Situada junto a la desembocadura del río Bidasoa y mirando directamente hacia la localidad francesa de Hendaya, esta pequeña villa guipuzcoana parece detenida en el tiempo entre murallas, calles empedradas y fachadas llenas de color.
Quien llega por primera vez entiende enseguida por qué Hondarribia se ha convertido en uno de los rincones más especiales del País Vasco. Aquí conviven los restos de siglos de historia con bares de pintxos abarrotados, balcones repletos de flores y uno de esos ambientes tranquilos que invitan a caminar sin rumbo fijo. Todo tiene un aire muy auténtico, como si la ciudad hubiera conseguido mantener intacta su personalidad pese al paso de los años.
2El barrio marinero de País Vasco que convirtió la pintura de barcos en su sello
Si hay una imagen que identifica rápidamente a Hondarribia, probablemente sea la del barrio de La Marina. Este antiguo barrio de pescadores, situado junto al Bidasoa, es uno de los lugares más fotografiados del País Vasco gracias a sus fachadas blancas decoradas con balcones y contraventanas de colores intensos.
Lo curioso es que este estilo tan llamativo no nació pensando en atraer turistas. Durante años, los vecinos utilizaban la pintura sobrante de los barcos para decorar sus viviendas y proteger la madera de la humedad del Cantábrico. Así aparecieron los tonos azules, verdes, rojos y marrones que hoy forman parte de la identidad visual de la ciudad. Caminar por calles como San Pedro o Santiago es casi obligatorio, no solo por el paisaje, sino también porque allí se concentran algunos de los bares de pintxos más famosos de Hondarribia.
