EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? India ha aplicado la cuarta subida de los precios de la gasolina y el diésel en dos semanas, acumulando incrementos del 7,8% y el 8,6% respectivamente.
- ¿Quién está detrás? Las petroleras estatales indias (Indian Oil, Bharat Petroleum, Hindustan Petroleum) responden a las pérdidas acumuladas durante cuatro años de precios congelados y al encarecimiento del crudo por la guerra en el estrecho de Ormuz.
- ¿Qué impacto tiene? El Gobierno indio activa medidas de ahorro energético y teletrabajo, mientras el mercado global del petróleo suma presión inflacionaria. La estrategia de Nueva Delhi para asegurar el suministro energético se complica.
India, tercer importador mundial de crudo, ha aplicado este lunes la cuarta subida consecutiva de los precios de los combustibles en apenas dos semanas, según han confirmado fuentes del sector citadas por Reuters. El encarecimiento acumulado desde que comenzaron los combates entre Irán y Estados Unidos en el estrecho de Ormuz ya supera el 8% en ambos carburantes.
La cuarta subida y la presión sobre las refinadoras estatales
Las petroleras controladas por el Estado —Indian Oil, Bharat Petroleum y Hindustan Petroleum— llevaron a cabo el lunes el cuarto ajuste al alza en los surtidores. A pesar de que el crudo Brent cotiza por debajo de la barrera psicológica de los 100 dólares por barril, las empresas acumulan meses de pérdidas porque el Gobierno mantuvo congelados los precios minoristas durante los últimos cuatro años. El ministro de Petróleo, Hardeep Singh Puri, admitió a principios de mayo que las refinerías registraban pérdidas diarias y anticipó que, si las perturbaciones vinculadas a la guerra en el Golfo persistían, nuevas subidas serían inevitables.
Según datos difundidos por NDTV Profit, las cuatro subidas ejecutadas en mayo solo han permitido recuperar el 44% de las pérdidas acumuladas por las refinadoras durante el pico del crudo. La secretaria de Petróleo, Sujata Sharma, aseguró el lunes que “se han hecho todos los esfuerzos para garantizar el suministro” de productos petrolíferos, aunque evitó precisar cuándo podrían volver a ajustarse los precios.
El movimiento pone de relieve la extrema dependencia energética de India: importa alrededor del 85% del crudo que consume y toda su logística de refino se ve condicionada por el tránsito a través del estrecho de Ormuz, por donde circula un tercio del comercio mundial de petróleo.
La vulnerabilidad india: dependencia externa y medidas de choque
La crisis en Oriente Próximo ha golpeado a la economía india por partida doble: por el alza del precio del barril y porque la inseguridad en la ruta marítima obliga a buscar alternativas más costosas. El primer ministro, Narendra Modi, pidió a los ciudadanos que utilicen el transporte público y opten por el teletrabajo siempre que sea posible. En paralelo, el Ministerio de Finanzas ha activado medidas fiscales para proteger las reservas de divisas, que se erosionan con una factura energética cada vez más abultada.
Cuatro subidas en dos semanas solo han recuperado el 44% de las pérdidas acumuladas durante cuatro años de precios congelados.
Pese al llamamiento oficial al ahorro, los precios siguen escalando y los analistas advierten de que las refinerías estatales todavía están lejos del punto de equilibrio. El margen de maniobra del Gobierno es estrecho: si el conflicto se prolonga, las importaciones de crudo ruso —que India ha multiplicado desde 2022— no bastarán para compensar el encarecimiento del Brent ni los sobrecostes logísticos derivados del riesgo en el Golfo Pérsico.
Además, los mercados de futuros del crudo ya descuentan una prima de riesgo geopolítico que mantendrá los precios elevados al menos hasta que se disipe la amenaza de cierre total de Ormuz. Las últimas subidas, aunque moderadas en términos diarios, representan un giro contundente después de un largo periodo de estabilidad artificial.

Equilibrio de Poder
La guerra entre Irán y Estados Unidos ha fracturado el mapa energético mundial de una manera que recuerda a la crisis de 1973, pero con un actor asiático que debe importar el grueso de su energía sin tener un paraguas de seguridad comparable al de la OTAN. En el eje Washington-Moscú-Bruselas, cada actor lee la situación de forma distinta. Rusia, principal suministrador de crudo a India desde el inicio de la guerra en Ucrania, ve la crisis como una oportunidad para estrechar lazos con Nueva Delhi y promover corredores alternativos, como el International North-South Transport Corridor, que reduciría la dependencia del paso por el Golfo. Washington, mientras tanto, presiona a India para que limite sus compras de crudo ruso sancionado, pero no puede ofrecer una alternativa real mientras sus propias fuerzas se centran en la operación militar en Ormuz. Bruselas, por su parte, acelera la transición energética y refuerza las interconexiones, pero sigue expuesta a la volatilidad del Brent.
El impacto para España es indirecto pero tangible. El precio del crudo de referencia en Europa afecta a los carburantes en los surtidores españoles y eleva los costes de transporte y producción industrial. En un momento en que el Gobierno de Pedro Sánchez ya ha cedido ante la exigencia de la OTAN de alcanzar el 5% del PIB en defensa, una nueva escalada de la inflación energética complicaría la negociación de los Presupuestos de 2027 y pondría en riesgo la recuperación del consumo. La presencia de la fragata española en la Operación Atalanta —recién ampliada a tareas de escolta en el Índico— recuerda que la Armada también patrulla aguas próximas al teatro del conflicto.
A cinco o diez años vista, India acelerará la diversificación de su cesta energética: gas natural licuado, hidrógeno verde y renovables pasarán a ser prioridades estratégicas. Pero la pregunta de fondo es si el subcontinente logrará un colchón de reservas estratégicas suficiente para aguantar un cierre prolongado de Ormuz sin pedir ayuda al FMI. La historia enseña que Estados con alta dependencia energética que no construyeron almacenamiento en tiempos de bonanza acaban cediendo soberanía en las crisis. India lo sabe, y sus cuatro subidas de precio de la gasolina son solo el síntoma de una vulnerabilidad que no se resuelve con exhortaciones al teletrabajo.
