Lagarde viaja a Washington para reunirse con la Fed y el Tesoro de EE.UU. por la inflación global

La presidenta del BCE se reunirá el lunes con el nuevo titular de la Fed, Kevin Warsh, y el martes con el secretario del Tesoro, Scott Bessent. El encuentro no aparece en las agendas oficiales y abordará la inflación, la guerra en Oriente Medio y la regulación tecnológica.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La presidenta del BCE, Christine Lagarde, viaja a Washington para reunirse el lunes con el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, y el martes con el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Las reuniones abordan la inflación global, la guerra en Oriente Medio y la regulación tecnológica.
  • ¿Quién está detrás? El BCE busca coordinar posiciones con EE.UU. ante los repuntes de precios y las tensiones comerciales. Warsh fue designado tras las presiones de Trump sobre Jay Powell.
  • ¿Qué impacto tiene? El tono de las conversaciones condicionará la futura política de tipos del BCE. Un euro débil y un petróleo alto podrían retrasar los recortes que esperan los hogares y empresas españolas.

Christine Lagarde aterriza este lunes en Washington para una ronda de encuentros que no figura en las agendas oficiales de la Reserva Federal ni del Tesoro estadounidense, pero que marca la agenda monetaria del verano.

La presidenta del Banco Central Europeo se verá a partir de las 15:00 (hora local) con Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Fed, y al día siguiente mantendrá un almuerzo de trabajo con el secretario del Tesoro, Scott Bessent. Ninguno de los dos bancos centrales ha confirmado la cita, aunque fuentes consultadas por ANSA aseguran que el encuentro persigue coordinar respuestas ante la inflación global.

Una reunión que no figura en las agendas, con nuevos interlocutores en la Fed

Warsh llegó al cargo hace apenas dos meses, después de que la administración Trump forzara la salida de Jay Powell, partidario de mantener los tipos altos para domar la inflación. La Casa Blanca quería una Reserva Federal más laxa, pero el repunte de precios de abril y mayo ha frustrado esa estrategia. Ahora Warsh, que fue gobernador de la Fed durante la crisis financiera, se encuentra con un dilema: contentar a Washington o defender la ortodoxia monetaria.

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Las conversaciones con Lagarde permitirán calibrar si es posible un movimiento coordinado de tipos o si cada banco central irá por libre. La inflación subyacente en Estados Unidos se situó en el 3,8% en junio, mientras que en la eurozona el IPC repuntó dos décimas, hasta el 2,7%. La diferencia no es trivial: la Fed podría mantener los tipos en el 5,5% durante más tiempo, mientras que el BCE baraja un recorte de 25 puntos básicos en septiembre.

Inflación, guerra y comercio: los ejes de la conversación

Según la agenda filtrada, la cita se centrará en tres grandes bloques. El primero, la evolución económica mundial y el impacto de la reactivación del conflicto con Irán. Los ataques en el estrecho de Ormuz han encarecido el crudo un 15% en dos semanas, y el barril de Brent ronda los 92 dólares. Para la eurozona, que importa más del 90% del petróleo que consume, el encarecimiento se traduce en una factura energética que alimenta la inflación y ralentiza el crecimiento.

El segundo eje es la estabilidad financiera. El Comité Europeo de Riesgo Sistémico ya advirtió en junio sobre el riesgo de fuertes correcciones si la incertidumbre internacional sigue escalando. Los mercados han aguantado hasta ahora, pero la volatilidad en el precio de los bonos soberanos italianos y el aumento del del precio del crudo —una duplicación indeseada— podrían desencadenar una tormenta.

BCE tipos interés

El tercer eje lo marcan las tensiones comerciales. El superávit exportador de China sigue tensionando a Washington y Bruselas. La administración Trump mantiene los aranceles a los vehículos eléctricos chinos, mientras la Comisión Europea ultima una investigación por dumping a los paneles solares. Además, las diferencias sobre la regulación europea de las grandes tecnológicas —el AI Act y el DMA— dividen a ambos lados del Atlántico. Lagarde y Bessent abordarán cómo evitar que esa fragmentación normativa complique el comercio transatlántico.

El Eje del Poder Europeo

La visita de Lagarde importa sobre todo por lo que significa para la política monetaria del BCE y, en consecuencia, para la economía española. El euro, que a principios de año rozaba los 1,10 dólares, ha caído hasta los 1,14 —una debilidad que encarece las importaciones energéticas pero hace más competitivas las exportaciones—. Sin embargo, el encarecimiento del crudo anula esa ventaja y presiona los precios internos, sobre todo en países como España, donde la dependencia del diésel y el transporte marítimo es alta.

De fondo, persiste la preocupación por la inflación de servicios en la eurozona. Las tarifas turísticas, los alquileres y los seguros no ceden terreno, y el BCE teme que un recorte prematuro de tipos pueda reavivar las tensiones salariales. De los 4.200 millones de euros que los hogares españoles pagan en hipotecas variables cada mes, buena parte depende de la decisión de Fráncfort: un alivio de 25 puntos básicos apenas notarían los bolsillos, pero un giro más restrictivo por la presión estadounidense retrasaría ese alivio.

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La cita de Washington es más que un gesto diplomático: el BCE y la Fed comparten un mismo problema —el repunte inflacionario empujado por la guerra— y cada uno lo combatirá con herramientas distintas si no coordinan.

El precedente de 2018, cuando Lagarde (entonces al frente del FMI) y Powell ajustaron discursos para evitar una guerra comercial destructiva, muestra que estas reuniones pueden calibrar expectativas globales. Ahora, sin embargo, el tablero es más complejo: la guerra en Oriente Medio, la inteligencia artificial aplicada a los mercados financieros y las fricciones comerciales con China se superponen. El BCE deberá decidir en septiembre si baja tipos o espera a la Fed, y este viaje será clave para esa decisión.

Para España, el mensaje es claro: un BCE que retrasa recortes por la inflación importada y la división transatlántica penaliza a las familias y empresas endeudadas. El Gobierno confía en que el plan de recuperación y los fondos Next Generation mantengan la inercia económica, pero los hogares miran al euríbor, que cerró junio en el 3,42% y apenas ha cedido unas centésimas desde enero. La próxima cumbre del Consejo Europeo, en octubre, deberá abordar precisamente ese coste social de la inflación persistente.