Despidos por inteligencia artificial: la nueva coartada de Xbox, Amazon, Meta y Google

La misma semana que la CEO de Xbox recorta 1.600 puestos, la Reserva Federal la ficha para asesorar sobre empleo y productividad en la era de la IA. Las tecnológicas invierten cifras récord en inteligencia artificial mientras usan la etiqueta para justificar despidos masivos.

Asha Sharma, CEO de Xbox, anunció esta semana el despido de 1.600 empleados. Tres días después, la Reserva Federal la fichaba para un grupo que asesorará sobre «empleo y productividad en la era de la IA». La ironía es tan cruda como el dato que exhibió la propia Sharma: Xbox pierde 64 centavos por cada dólar invertido en estudios pequeños. Pero en su comunicado la compañía dice que esos puestos no los elimina la IA, sino que reorienta personal e inversión hacia sus prioridades en inteligencia artificial. El mismo patrón se repite en Amazon, Meta, Google y Cloudflare: la IA como absolución universal para recortar plantilla mientras se invierten miles de millones en la misma tecnología.

Claves de la operaciĂłn

  • Más de 30.000 despidos entre Xbox, Amazon y Meta en 2026. La oleada de recortes se produce al mismo tiempo que las tecnolĂłgicas disparan su gasto en infraestructura de IA: Amazon prevĂ© invertir 200.000 millones de dĂłlares este año.
  • La IA no reemplaza puestos, decide quĂ© divisiĂłn sobrevive. Las empresas no cortan donde la IA ya hace el trabajo, sino allá donde el negocio tiene peor mĂşltiplo o un relato de futuro más dĂ©bil ante el inversor.
  • El mercado castiga la falta de ambiciĂłn en IA. Microsoft sufriĂł en junio su peor mes desde la burbuja puntocom por no parecer lo bastante comprometida con la inteligencia artificial, lo que demuestra que el despido se ha convertido en el peaje para seguir contando la historia.

La coartada de la IA: despedir para invertir en el mismo concepto

Amazon ha ejecutado dos rondas de despidos en 2026: 16.000 puestos en marzo después de otros 14.000 en octubre de 2025. Al mismo tiempo, el gigante ha anunciado una inversión récord de 200.000 millones de dólares en infraestructura de IA para este ejercicio. El mensaje al mercado es inequívoco: no sobra personal, sobra negocio no alineado con la nueva prioridad.

Meta recortó al 10% de su plantilla mientras dispara el gasto en centros de datos para modelos de lenguaje. Google ha vaciado discretamente unidades de su división Cloud —incluida la de ciberseguridad, que vendía como argumento para confiar en su nube— alegando que «hay que reinvertir en áreas de crecimiento, como la IA». Cloudflare, por su parte, ha puesto en la calle a 1.100 empleados para «prepararse para la era agéntica».

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En todos los casos, el verbo elegido es «reorientar», nunca «reemplazar». La sutileza importa: los despidos se comunican con un lenguaje que salva la responsabilidad del empleador y la traslada a la tecnología. Pero como observamos en esta redacción, la IA no está sustituyendo a esos trabajadores; está reasignando el capital hacia donde el relato bursátil pide músculo, no hacia donde sobra mano de obra. De hecho, el despido en sí ya no dice gran cosa: la clave está en de dónde se saca el dinero para seguir invirtiendo.

El patrón no es uniforme. SAP ha congelado contrataciones para financiar su «apuesta significativa por la IA», mientras su acción acumula una caída del 49% en un año y su CEO insinúa que en dos o tres años quizá nadie en la compañía siga programando. Intel, en cambio, admite que ya no figura entre los diez primeros del sector de chips y despide al 20% de la plantilla para replegarse a la IA en el dispositivo, lejos de los centros de datos. Uno se la juega a todo. El otro tira la toalla. Y ambos lo llaman «estrategia de IA».

La IA no ejecuta el despido. Pero decide qué división sobrevive a la tijera: no es productividad, es narrativa para el inversor.

STMicroelectronics anunció 2.800 salidas dentro de un plan que arrancó en 2024, mucho antes de que la IA se convirtiera en comodín universal, y aun así la nota de prensa encontró hueco para mencionarla. La reestructuración hubiera llegado igual. La etiqueta es nueva. Y hay quien compra con los despidos algo más valioso que la eficiencia: el permiso para seguir contando la historia de que la tecnología va a funcionar.

El mercado penaliza la tibieza: Microsoft y la lecciĂłn de Wall Street

El caso más revelador es el de Microsoft. En junio, el valor sufrió su peor mes desde el estallido de la burbuja puntocom, no por malos resultados, sino porque los inversores consideraron que la compañía no estaba lo bastante comprometida con la inteligencia artificial. Había echado una pelota al asunto, pero no las dos que esperaba el parqué. El desplome de Microsoft encapsula la dinámica: el despido masivo se ha convertido en el peaje de entrada para que la historia de la IA siga siendo verosímil.

Mientras tanto, la plantilla queda atrapada entre el discurso oficial y la realidad del organigrama. En Bethesda, filial de Xbox, recursos humanos ordenó retirar un pequeño memorial que los propios empleados habían montado con fotos de los compañeros despedidos. No encajaba con el ambiente que la empresa quería proyectar. Las cifras son frías; el gesto, menos.

IA y empleo

Reorientar o reemplazar: la pregunta que el mercado no quiere responder

Hemos analizado ciclos de reestructuración en el sector tecnológico desde la burbuja de 2001. Aquella oleada arrasó con departamentos enteros y se justificó con el exceso de inversión. Dos décadas después, la inteligencia artificial ocupa el lugar de aquella coartada con una diferencia crítica: hoy no sobra capital, sobra personal selectivamente. En España, Telefónica ejecutó en 2024 un plan de salidas voluntarias masivo bajo el paraguas de la transformación digital; el resultado fue un ahorro de costes que los mercados aplaudieron, pero ningún salto de productividad imputable a la IA. El espejo ibérico muestra que la etiqueta puede dar cobertura, pero no crea valor por sí sola.

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La cuestión de fondo es quién decide qué cuenta como negocio sano cuando el diagnóstico lo firma quien se beneficia de él. Asha Sharma acaba de recortar plantilla y, al mismo tiempo, asesorará a la Fed sobre empleo y productividad en la era de la IA. La coincidencia temporal es llamativa y plantea un riesgo evidente: si los despidos se convierten en la señal que el mercado exige para creer en la IA, el incentivo para recortar será permanente, con independencia de que la inteligencia artificial genere productividad real.

La verdadera prueba llegará cuando los grandes proveedores de IA —empezando por Microsoft, Google y AWS— publiquen métricas de adopción empresarial. Si la productividad prometida no aparece, los despidos de hoy se recordarán como un error de narrativa, no de estrategia. Cosas que pasan en 2026.