Meta ha desactivado la función más controvertida de su modelo de IA generativa Muse Image: la que permitía crear deepfakes a partir de cualquier cuenta pública de Instagram con solo etiquetarla en un comentario. La retirada, confirmada por la propia compañía, llega después de una oleada de críticas de usuarios, agencias de representación de Hollywood y sindicatos de actores que denunciaron la falta de consentimiento explícito. La polémica no se centra solo en la capacidad técnica, sino en el modelo de privacidad opt-out que obligaba al titular de la cuenta a navegar por menús de configuración si quería evitar que sus imágenes sirvieran de materia prima para la IA.
Claves de la operación
- La función permitía generar imágenes de cualquier perfil público sin pedir permiso. Bastaba con mencionar la cuenta en un comentario para que Muse Image creara nuevas imágenes a partir del contenido de sus publicaciones.
- El sistema exigía una desconexión manual en los ajustes de privacidad. Si el usuario no entraba en la configuración y desactivaba la opción ‘Permitir que otros creen y reutilicen tu contenido’, sus publicaciones públicas quedaban expuestas.
- Meta admite que la función ‘no dio en el blanco’ y la retira. La compañía ha actualizado su comunicado original para reconocer el error y confirmar que la herramienta ya no está disponible.
Un generador de imágenes sin freno: el debate del consentimiento en la era de la IA
La presentación de Muse Image había pretendido ofrecer una funcionalidad creativa: diseñar invitaciones, simular colaboraciones o crear gráficos personalizados a partir de la identidad visual de cualquier perfil público. Sin embargo, la configuración por defecto dejaba expuesta a millones de cuentas públicas a una herramienta que, en la práctica, funcionaba como una máquina de suplantación de identidad sin cortafuegos. El único camino que tenía el usuario para blindarse era iniciar un recorrido por los menús de Instagram y desactivar una opción que ni siquiera se anunciaba de forma visible.
La reacción en redes fue inmediata. ‘Es como si alguien pudiera tomar tu foto de perfil y crear una campaña publicitaria sin que te enteres’, resumió un creador de contenido en X. El descontento se amplificó cuando se supo que la opción de exclusión no estaba activada por defecto, lo que choca de lleno con la filosofía del Reglamento General de Protección de Datos europeo, que exige consentimiento explícito para este tipo de tratamientos. La Agencia Española de Protección de Datos ya había sancionado a Meta en 2023 con millones de euros por prácticas similares de consentimiento opaco, lo que convierte este episodio en un dolor de cabeza previsible en Europa.
La función era, en esencia, una fábrica de suplantación de identidad sin ningún tipo de cortafuegos.
De Hollywood a los sindicatos: la presión que tumbó a Muse Image
No fueron solo los usuarios anónimos los que alzaron la voz. Según Variety, la agencia de representación CAA, cuyos clientes incluyen a Tom Hanks y Meryl Streep, trasladó directamente a Meta su malestar. ‘Ningún nombre, imagen, voz o trabajo creativo debería ser utilizado por terceros —incluidos los modelos de IA— sin un consentimiento claro y documentado’, afirmó la agencia en un comunicado. El sindicato de actores SAG-AFTRA también recomendó a sus miembros que deshabilitaran la función de inmediato.
La intervención de la industria del entretenimiento tiene una lógica económica: la imagen de las celebridades es un activo comercial que se monetiza a través de contratos de patrocinio y derechos de imagen, y un generador automático de deepfakes que no pide permiso amenaza ese modelo de negocio. La presión ejercida desde Hollywood, sumada al ruido de los usuarios, forzó a Meta a rectificar en menos de una semana, un movimiento que contrasta con la lentitud que la misma compañía suele mostrar cuando solo se trata de quejas de consumidores individuales.
Análisis: lo que la polémica desvela sobre la estrategia de IA de Meta
El fiasco de Muse Image llega en un momento en que Meta intenta posicionar su asistente de IA como una herramienta ubicua en todas sus plataformas. La estrategia choca, sin embargo, con un marco regulatorio europeo cada vez más estricto. La mayoría de los usuarios considera que el consentimiento debe ser la puerta de entrada, no una opción escondida en los ajustes, y las autoridades europeas no van a pasar por alto un incidente de este calibre. La AEPD ya ha mostrado músculo con grandes tecnológicas: en España, cualquier funcionalidad que utilice datos personales sin consentimiento expreso está al borde de la ilegalidad.
Desde esta redacción entendemos que Meta ha pisado sobre un terreno minado que pudo haber anticipado. El precedente de las multas por el tratamiento de datos en WhatsApp o por la recopilación de datos de menores en Instagram demuestra que el regulador español no regatea sanciones. Retirar la función antes de que la Comisión Europea abra una investigación formal es un gesto de prudencia, pero no borra el daño reputacional. El episodio deja al descubierto una tensión de fondo: la necesidad de las plataformas de innovar rápido en IA y la obligación de respetar derechos fundamentales que no admiten la cláusula del ‘si no te gusta, desactívalo’. El próximo paso será ver si Meta incorpora esta sensibilidad en los futuros lanzamientos o si, por el contrario, volvemos a tropezar con la misma piedra.

