La Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre (LOMLOE), reconfiguró las etapas de ESO y Bachillerato en España con un modelo de evaluación por competencias. Según el texto consolidado en el Boletín Oficial del Estado, la norma eliminó los exámenes externos de final de etapa y otorgó a los equipos docentes la decisión sobre la promoción y la titulación del alumnado.
Uno de los cambios más visibles fue la supresión de las conocidas «reválidas»: la evaluación final de ESO y la de Bachillerato que la LOMCE había introducido pero que nunca llegaron a aplicarse. La LOMLOE apostó por un sistema de evaluación continua, formativa e integradora, dejando atrás la rigidez de las pruebas únicas.
El nuevo modelo de evaluación por competencias
Con la LOMLOE, el currículo de la ESO y el Bachillerato se articula en torno a competencias clave, como la comunicación lingüística, la competencia matemática o la digital. La evaluación del alumnado, según el real decreto de desarrollo, debe ser continua y atender al grado de adquisición de esas competencias, y no solo a los contenidos. Esta metodología exige que los docentes diseñen situaciones de aprendizaje que integren varias materias, como recogen los nuevos decretos curriculares.
El artículo 28 de la ley establece que un alumno promociona cuando el equipo docente considere que ha alcanzado los objetivos o que la promoción le permitirá seguir con éxito el curso siguiente. Se elimina el límite automático de materias suspensas que existía antes: la decisión recae en la junta de evaluación, que debe valorar la evolución global del estudiante.
Este enfoque, señala el Ministerio de Educación, persigue reducir el abandono escolar y personalizar la enseñanza. No obstante, ha suscitado críticas desde algunas comunidades autónomas, que temen que la falta de criterios homogéneos genere desigualdades territoriales. La Conferencia Sectorial de Educación ha debatido en varias ocasiones la necesidad de armonizar los criterios de promoción.
La desaparición de las reválidas no eliminó las evaluaciones externas: la LOMLOE mantiene pruebas de diagnóstico en cuarto de ESO y segundo de Bachillerato, de carácter muestral y sin efectos académicos.
Cómo se obtiene ahora el título de ESO y Bachillerato
En la ESO, el título se otorga por decisión colegiada del equipo docente. No es necesario aprobar un examen externo; basta con que el profesorado considere que el alumno ha adquirido las competencias requeridas, incluso si queda alguna materia no superada, siempre que el equipo estime que puede proseguir estudios posteriores con aprovechamiento.
En Bachillerato, la reválida también desapareció. Para titular, es preciso aprobar todas las materias de los dos cursos. La nota media se calcula con las calificaciones de Bachillerato, y para acceder a la universidad los estudiantes realizan la EBAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad), una prueba que organizan las comunidades autónomas y que pondera un 40 % de la nota final, mientras que la media del Bachillerato cuenta un 60 %.
Las universidades reservan plazas en función de la nota de admisión, que se calcula con la media de Bachillerato (60 %) y la calificación de la fase general de la EBAU (40 %); los estudiantes pueden mejorar su nota con la fase específica de materias voluntarias.
El Marco Educativo
La LOMLOE, plenamente implantada en toda la ESO y el Bachillerato desde el curso 2024-2025, devolvió a las comunidades autónomas competencias curriculares que la LOMCE había centralizado. El artículo 6 bis de la ley fija que las administraciones educativas determinan hasta el 50 % de los contenidos en las comunidades con lengua cooficial y el 40 % en el resto. Esta descentralización ha permitido adaptar la enseñanza a las realidades territoriales, pero también ha generado diferencias en la aplicación de los criterios de evaluación y titulación, según ha advertido el Consejo Escolar del Estado.
Los protagonistas de este cambio son múltiples: el Ministerio de Educación fija las enseñanzas mínimas, las consejerías autonómicas despliegan sus currículos y los centros educativos concretan sus proyectos. Los sindicatos docentes han valorado la flexibilidad del nuevo sistema, aunque reclaman más formación en evaluación competencial. Por su parte, la Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) ha solicitado mayor transparencia en los criterios de promoción para garantizar la igualdad de oportunidades.
De cara al futuro, el Ministerio ha anunciado que las pruebas de diagnóstico nacional, realizadas con cierto retraso respecto al calendario previsto, servirán para orientar las políticas educativas. No se plantean nuevas reformas estructurales en la secundaria, aunque el debate sobre una posible prueba única de acceso a la universidad sigue vigente en el Consejo de Universidades.
Claves de la Noticia
- Qué importa: La LOMLOE eliminó las reválidas, implantó la evaluación continua y otorgó al equipo docente la decisión sobre la promoción y la titulación en la ESO y el Bachillerato.
- Por qué importa: El sistema pasó de la rigidez de los exámenes finales a un modelo flexible basado en competencias, lo que afecta a la forma en que los estudiantes obtienen sus títulos y acceden a la universidad.
- A quién le importa: A los más de 2 millones de alumnos de ESO y a los 600.000 de Bachillerato que cursan estudios en España cada año, así como a sus familias y a los docentes.

